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Mañana comienza el juicio por el femicidio de la pequeña Luna Viera

Mariano Ángel Gutiérrez Cingolani (32) será juzgado por ser el supuesto autor del delito de abuso sexual con acceso carnal y homicidio doblemente calificado y violencia de género. El hecho conmocionó a Tío Pujio
 
Tío Pujio está situada a poco menos de 20 kilómetros de Villa María, por la ruta nacional 9. Es el miércoles 19 de julio de 2017. Su padrastro es Gabriel Tello y su mamá, Gabriela. Luna Viera tiene cinco años y vive, junto a su familia, en José Luis Cabezas al 400. Son aproximadamente las tres de la tarde. Va al quiosco —que está a mitad de camino entre su casa y la del hombre que la asesinará— a comprar caramelos.

—Hay una persona de 30 años demorada, domiciliada en la casa colindante a donde se encontró el cuerpo y está interviniendo la fiscal de Feria, la doctora Silvia Maldonado—, dice el comisario y segundo jefe de la Departamental General San Martín, Mauricio Rantica.

Son las nueve de la noche. La pequeña, sin vida, todavía yace en Intendente Alcántara al 385, en un descampado, a metros de su hogar. Funcionarios policiales esperan la llegada de los oficiales de medicina forense de Córdoba para que examinen la escena.

—Aparentemente, los vecinos dicen que tiene antecedentes por robo. Yo no sé si es un loco, si se hace el loco, pero lo que hizo no tiene perdón de Dios. La mamá está mal, se siente con algo de culpa porque ella la mandó a comprar y como no venía, la fue a buscar y se encontró con que la nena estaba muerta—, cuenta el abuelo, Omar Viera.

Mariano Ángel Gutiérrez Cingolani es trasladado a la sede policial local. Circulan versiones acerca de que el acusado padece un retraso cognitivo. Maldonado lo imputa por homicidio simple y aclara: “Con la realización de la pericia mental se determinará si es así o no”.

Detienen al abuelo y al padrastro de la víctima. Al parecer, y según testigos, golpearon junto a otros vecinos a un amigo del hermano del presunto femicida. Es jueves y, tras algunas horas, son liberados.

Rueda de prensa. Es el viernes 21 de julio.

—La madre se da cuenta de la ausencia de su hija y al no regresar, sale en su búsqueda, va al quiosco y la almacenera le confirma que había estado ahí pero que ya se había retirado. La madre se queda en la zona para ver si la encontraba y allí, una vecina da con el hallazgo. Se convoca a bomberos, quienes se comunican con las autoridades policiales que llegan al lugar y constatan el deceso de la menor—, relata la fiscal.

Y cuenta que, en el interrogatorio, Cingolani confesó que “le pegó porque la vio arriba de la tapia queriendo robar naranjas y que la niña se cayó”.

El fiscal de Instrucción del Tercer Turno, René Bosio, tras la feria judicial, se hace cargo de la investigación. Viaja a Tío Pujio y concreta una inspección ocular —acompañado por el secretario, el prosecretario, la Policía de esa localidad y el gabinete de Criminalística de la Departamental de Villa María—. Ordena una serie de medidas y fotografías para reconstruir el trayecto que hizo la niña.

Durante más de tres horas responde preguntas y brinda detalles sobre lo que hizo, vio y escuchó la tarde del crimen. Gabriela Viera es indagada por Bosio.

Cingolani es trasladado al Hospital Neuropsiquiátrico “Aurelio Crespo” de Cruz del Eje, que se encuentra ubicado en la misma penitenciaría de la localidad. Lo derivan por dos razones. La primera es por seguridad: en un neuropsiquiátrico podría tener facilidades para escapar y, por otra parte, todavía no se conocen detalles sobre su discapacidad. El segundo motivo, la salud: en principio, requiere de una atención especializada.

Avanza la investigación y Bosio solicita la intervención de la Dirección de Investigaciones Operativas (DIO) de la Policía Judicial de la capital cordobesa.

La última persona que vio a Luna es la quiosquera. Es el 26 de julio. El fiscal le toma declaración. Su testimonio, del que no trascienden muchos aspectos, permite despejar algunas incógnitas.

Seis días después llega el resultado de las pericias, dato que, brevemente, se conoce a través del portal del Ministerio Público Fiscal de Córdoba. Cingolani es inimputable: no pudo comprender la criminalidad de sus actos ni dirigir sus acciones. Sin embargo, Bosio exige, “en base a nuevos elementos y registros de la historia clínica”, una segunda pericia psiquiátrica y pide un examen genético. La autopsia, por su lado, revela que el deceso de Luna se debe a un fallo multiorgánico. Luna no estaba robando naranjas. No.

Es septiembre y se agrava la situación procesal del acusado. Los estudios realizados por miembros del Instituto Médico Forense en Córdoba son determinantes: Luna fue abusada sexualmente por vía indirecta. La causa eficiente de su muerte es, según lo precisado en el sitio del Ministerio Público Fiscal, “sofocación y obstrucción de vía y resquicio respiratorio”. Así, Bosio modifica la imputación. El hombre debe responder por ser el presunto autor del abuso sexual con acceso carnal y homicidio doblemente calificado por criminis causae —matar para ocultar un ilícito previo (en este caso el que se comete contra la integridad sexual de la niña)— y por violencia de género.

Es el 14 de marzo del 2018. El escenario cambia rotundamente: las nuevas pericias establecen que es imputable. Comprendió sus actos. Y a ello, cabe recordar, se suman los resultados del examen genético, del que hubo información unos meses antes, en octubre: hay compatibilidad entre las muestras de ADN de Luna y Cingolani.

Cinco días después lo indagan. El imputado se presenta con Silvina Muñoz, la asesora letrada (asimismo fue acompañado por una tía). Le lee el hecho. Por recomendación de su defensora, se abstiene de declarar y solamente responde preguntas relacionadas con sus datos personales. Finaliza el interrogatorio. Lo trasladan al Establecimiento Penitenciario N°5, de barrio Belgrano. Y, minutos después del mediodía, regresa a Cruz del Eje.

Bosio eleva la causa a juicio. Es abril de 2018. Muñoz se opone. Interviene el Juzgado de Control, a cargo de Edith Lezama de Pereyra. Se confirma lo dispuesto por el fiscal. La letrada apela. La causa va hacia la Cámara de Río Tercero para que se dirima. Finalmente, queda firme lo decidido por el representante del Ministerio Público Fiscal.

Llega el juicio

Pasa un año. Y, así, mañana comenzará el juicio contra Cingolani en la Cámara del Crimen local, en el quinto piso de Tribunales. Será con jurados populares, quienes decidirán sobre la inocencia o culpabilidad del tiopujiense de 32 años que, en caso de ser hallado responsable, le corresponderá la única pena posible para su acusación, la prisión perpetua.

Es el tercer juicio por femicidio en el año

Cabe recordar que el 23 de abril pasado, Osvaldo Alfredo Varela (55) fue condenado a prisión perpetua, con declaración de reincidencia, por el femicidio de Olga Inés Moyano (46), ocurrido el 15 de junio de 2017.

En tanto, el 14 de marzo, Alan Abraham Barrios (23) recibió prisión perpetua por otro femicidio: el de Tamara Alejandra Córdoba (20). El crimen se registró el 22 de abril, también de 2017.



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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