“Tiene mucho conocimiento de la vida y sabe como desenvolverse”
Los peritos forenses psicológicos y psiquiátricos acordaron que Mariano Cingolani -imputado por el femicidio de Luna Viera- es una persona que “puede distinguir lo bueno de lo malo, y lo que está bien de lo que no”
La audiencia por el femicidio de la pequeña Luna Viera, de 5 años, sigue su curso. Ayer los peritos forenses psiquiátricos y psicológicos fueron los protagonistas centrales de la continuidad del juicio en la Cámara del Crimen, en el quinto piso de Tribunales.
Los especialistas Ignacio Dalmases y Graciela Moreno comparecieron como testigos en el juicio y acordaron que, Mariano Ángel Gutiérrez Cingolani (32) tiene la capacidad de “distinguir lo bueno de lo malo, y lo que está bien de lo que no”. El tiopujiense está imputado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal y homicidio doblemente calificado por criminis causae (matar para ocultar otro delito, en este caso el abuso sexual) y violencia de género.
Las pericias dejaron como resultado que el acusado “tiene conocimiento de la vida” y “sabe como desenvolverse en ella”. El Tribunal, compuesto por Félix Martínez, Eve Flores e Inés Beatriz Mariel, y el jurado popular, continúan sumando testimonios. Resta definir si son lo suficientemente contundentes como para inculpar a Cingolani. El lunes se dictaría el veredicto.
La audiencia
El juicio a Mariano Cingolani continuó ayer desde las 10.41 de la mañana en la Cámara del Crimen. Fue el turno de escuchar a los peritos forenses del Poder Judicial de Córdoba. El fiscal Francisco Márquez y la asesora letrada del imputado, Silvina Muñoz, hicieron consultas a los especialistas.
Frente al Tribunal , los dos profesionales. La licenciada Moreno emitió su postura sobre el imputado. “Vivir la vida le ha permitido explicar algo que sabe que si lo hubiera dicho de otra manera lo perjudicaría, por eso la modificación del discurso”, dijo.
El fiscal, en plena audiencia, ratificó el total discernimiento del acusado. “Al policía le dijo que no sabía nada pero también le dijo que cuando la niña robaba mandarinas la quiso bajar”, ejemplificó Márquez.
Discapacidad intelectual “moderada”
El diágnostico clínico de Cingolani señala que padece de discapacidad intelectual “moderada”. En números de coeficiente intelectual, el sujeto posee una cifra que va de los 55 a los 65 (la media normal es 90). Sobre lo que se entiende como inteligencia, la licenciada Romero explicó que “es la capacidad de una persona para captar situaciones y resolverlas utilizando conocimientos del medio externo”.
El peritaje arrojó que la discapacidad intelectual de Cingolani “no ha sido una dificultad” para expresar sus acciones de la vida cotidiana. En las entrevistas que el cuerpo de especialistas tuvo con el imputado notaron que pudo describir “perfectamente” sus tareas laborales de albañilería.
El acusado también explicó cómo viajaba desde Tío Pujio a Villa María (ciudad donde trabajaba) y las veces que frecuentaba a un ciber.
Según los peritos, una persona con retraso mental moderado puede “aprender algún oficio” o “realizar actividades calificadas”. Agregaron que “muchas veces pueden actuar bajo la supervisión de otra persona”, pero que en otras tantas ocasiones “no es necesario”.
La asesora letrada de Cingolani se mostró interesada en saber si los diagnósticos podían cambiar dependiendo del cuerpo de especialistas actuante. Moreno y Dalmases acordaron en que sí es posible “dependiendo de los recursos y las técnicas empleadas”.
Hay algo en lo que se mostraron seguros. Entre una persona con retraso mental grave y una persona con diagnóstico moderado “hay una diferencia abismal y llamativa”. Con ello dejaron entrever que un diagnóstico puede variar pero no abruptamente.
Maximiliano Gilla. Redacción Puntal Villa María
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Los especialistas Ignacio Dalmases y Graciela Moreno comparecieron como testigos en el juicio y acordaron que, Mariano Ángel Gutiérrez Cingolani (32) tiene la capacidad de “distinguir lo bueno de lo malo, y lo que está bien de lo que no”. El tiopujiense está imputado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal y homicidio doblemente calificado por criminis causae (matar para ocultar otro delito, en este caso el abuso sexual) y violencia de género.
Las pericias dejaron como resultado que el acusado “tiene conocimiento de la vida” y “sabe como desenvolverse en ella”. El Tribunal, compuesto por Félix Martínez, Eve Flores e Inés Beatriz Mariel, y el jurado popular, continúan sumando testimonios. Resta definir si son lo suficientemente contundentes como para inculpar a Cingolani. El lunes se dictaría el veredicto.
La audiencia
El juicio a Mariano Cingolani continuó ayer desde las 10.41 de la mañana en la Cámara del Crimen. Fue el turno de escuchar a los peritos forenses del Poder Judicial de Córdoba. El fiscal Francisco Márquez y la asesora letrada del imputado, Silvina Muñoz, hicieron consultas a los especialistas.
Frente al Tribunal , los dos profesionales. La licenciada Moreno emitió su postura sobre el imputado. “Vivir la vida le ha permitido explicar algo que sabe que si lo hubiera dicho de otra manera lo perjudicaría, por eso la modificación del discurso”, dijo.
El fiscal, en plena audiencia, ratificó el total discernimiento del acusado. “Al policía le dijo que no sabía nada pero también le dijo que cuando la niña robaba mandarinas la quiso bajar”, ejemplificó Márquez.
Discapacidad intelectual “moderada”
El diágnostico clínico de Cingolani señala que padece de discapacidad intelectual “moderada”. En números de coeficiente intelectual, el sujeto posee una cifra que va de los 55 a los 65 (la media normal es 90). Sobre lo que se entiende como inteligencia, la licenciada Romero explicó que “es la capacidad de una persona para captar situaciones y resolverlas utilizando conocimientos del medio externo”.
El peritaje arrojó que la discapacidad intelectual de Cingolani “no ha sido una dificultad” para expresar sus acciones de la vida cotidiana. En las entrevistas que el cuerpo de especialistas tuvo con el imputado notaron que pudo describir “perfectamente” sus tareas laborales de albañilería.
El acusado también explicó cómo viajaba desde Tío Pujio a Villa María (ciudad donde trabajaba) y las veces que frecuentaba a un ciber.
Según los peritos, una persona con retraso mental moderado puede “aprender algún oficio” o “realizar actividades calificadas”. Agregaron que “muchas veces pueden actuar bajo la supervisión de otra persona”, pero que en otras tantas ocasiones “no es necesario”.
La asesora letrada de Cingolani se mostró interesada en saber si los diagnósticos podían cambiar dependiendo del cuerpo de especialistas actuante. Moreno y Dalmases acordaron en que sí es posible “dependiendo de los recursos y las técnicas empleadas”.
Hay algo en lo que se mostraron seguros. Entre una persona con retraso mental grave y una persona con diagnóstico moderado “hay una diferencia abismal y llamativa”. Con ello dejaron entrever que un diagnóstico puede variar pero no abruptamente.
Maximiliano Gilla. Redacción Puntal Villa María