A la sumatoria de recaudos como contar con 30 o 40% de los participantes habituales, distanciamiento de la gente, límites horarios para ingresar y desalojar la cancha a los parciales, dilatar los horarios de comienzo entre partido y partido, la prohibición de uso de vestuario y bidones de agua, existen otros objetivos primarios para los organizadores de la Copa Villa María.
Pablo Aloi y Jorge Pautasso coinciden: “Hay chicos sin jugar hace un año. La deserción será mayor al 30% a este ritmo, y los cuidados de salud no se negocian”.
Destacaron: “No tenemos ningún apuro para que la Municipalidad nos autorice a jugar. Sentimos que vamos juntos en esta intención de brindar deportes a los chicos. Nos sentimos acompañados”.
Aclaró: “Seguimos trabajando en lo que podemos avanzar, pero no podemos controlar los casos de Covid-19. No habrá 2.500 chicos, habrá 800, igual que en el torneo de vóley. Sabemos lo que hacemos. No vamos a comprometer la salud de la gente, ni el respaldo que siempre hemos recibido de la Municipalidad. Si se complica la situación, se levanta el torneo”.
Enfatizó: “En estos 20 años sabemos la gente que concurre. Si este histórico torneo no se puede jugar, tenemos previsto realizar en abril un torneo para veteranos (mayores de 35 años y mayores de 45) y de fútbol femenino (libre). No vamos a arriesgar nuestro prestigio, ni haremos nada raro. Apostamos al deporte para disfrutar, no para sufrir ni enfermar a la gente”.

