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Tu sueño es nuestro sueño

Marcos Berterame hizo una gran carrera y fue campeón en las ligas Villamariense y Béccar Varela, pero no eligió bien en su paso profesional. "Sentí que como padre debía aconsejar, acompañar y transmitir mi experiencia a mis hijos"

Marcos Berterame tiene el ADN de los Berterame, una pulcra pegada que garantizaba salida clara, buen cabezazo, utilizaba ambos perfiles, se ponía el equipo sobre sus hombros con temperamento y personalidad de líder y, como si esto fuera, poco llegaba al gol.

Un volante central de enormes condiciones que debutó a los 15 años en la Primera de Asociación Española, luego de ganar varios torneo Provinciales en juveniles, y luego fue campeón en Rivadavia de Arroyo Cabral en la Liga Villamariense y en Talleres de Etruria en la Liga Béccar Varela.

Sin embargo, su sueño de ser futbolista profesional no tuvo buenas decisiones y, tras jugar 2 partidos en Brown de Adrogué a los 16 años, se le frustró inexplicablemente un pase que estaba cerrado a Colo Colo de Chile y por un motivo u otro tampoco triunfó en Newell’s y Banfield, donde superó pruebas. “Hubo malas decisiones, poca claridad en los manejos y un desconocimiento mío acerca de cómo eran las cosas en el fútbol profesional. Mis hermanos triunfaron (Gonzalo y Germán), pero a mí me faltó algo más, ni suerte ni condiciones. No creo que en Buenos Aires haya mejor fútbol que en Villa María o Córdoba, pero hay otra preparación mental y Dios atiende sólo en la Capital”.

Buena definición de un gran futbolista y mejor persona. Supo ser capitán y guiar a grupos a grandes victorias, como aquella de Rivadavia en la final de 2007 ante Colón.

También aprendió a perder y a aceptar que no todo es justo y claro en el fútbol. Fue líder de aquel Talleres de Etruria que en 2014 fue campeón, tras obtener otra corona en Rivadavia en 2013.

Pero se retiró tras jugar dos partidos con un equipazo de Rivadavia que ganaría otro título. “Sentí que debía acompañar a mis hijos, aconsejarlos y transmitirles mi experiencia. Tengo 3 hijas y a Thiago. Mi señora, Yamile, sabe que emprendimos este camino y demanda un esfuerzo grande de toda la familia, pero Thiago tras jugar un año en Cañuelas fichó hace 2 años en Argentinos Juniors y mi hija mayor, Maia, juega al hockey en San Lorenzo de Almagro, donde le dicen ‘Lucha’, por la Aymar”.

Luce feliz. Es que nadie lo obligó a dejar de jugar para acompañar a su hijo. “Me perdía los partidos de Thiago por mis partidos. Antes de empezar mi partido, llamaba a mi señora o a algún papá amigo con desesperación para preguntarle cómo iban los chicos. Thiago es clase 2006, pero ganó varios títulos con la 2005 de El Porvenir. Yo cruzaba la cancha corriendo al terminar el primer tiempo para llamar por el celular en pleno vestuario y saber cómo iba mi hijo. Ya era más fuerte verlo jugar a él que jugar yo. Le dije a Marcelo Santoni que tenía un equipazo en Rivadavia y que me sentía muy a gusto con él y con el grupo, pero yo deseaba estar con mi hijo. Podía jugar 2 o 3 años más con seguridad, pero elegí este camino”.

Genes de deportistas de elite

Remarcó: “Nos fuimos por Thiago a Buenos Aires, pero ahora también Maia justificó este anhelo mío y de mi señora por acompañarlos en el mundo del deporte. Nos sorprendió gratamente Maia en el hockey. No es fácil jugar como Thiago en Argentinos Juniors y en el caso de Maia, tampoco en San Lorenzo de Almagro”.

“Puli” resaltó: “Thiago tiene 14 años, Maia tiene 12, Martina tiene 10 y Francesca tiene 7. No me hablés, todos los días padecemos con Yamile (su señora) porque andamos de un lado para otro. Pero es lo que elegimos y siempre les decimos a Thiago y a las chicas que para llegar hay que sacrificarse, desde cambios de escuelas, hasta comer lo que indica el nutricionista, entrenar por la mañana y la tarde, dormir temprano, privarse de fiestas, de jugar o conectarse con los amigos por vías virtuales, fallar a eventos sociales y familiares, viajes, reuniones y miles de cosas. No es fácil ser futbolista y toda la familia vive lo mismo, porque su sueño es nuestro sueño”.

Reconoció: “La carrera de un futbolista es difícil y corta. Es un camino difícil porque hay miles de cosas de por medio para llegar en un club grande. Desde un buen representante, pasando por un grupo de compañeros y luego la decisión de los técnicos, los coordinadores y los dirigentes”.

Reseñó: “Es cierto que ayudó mucho el apellido. Yo vine por medio del mismo representante que me trajo a Buenos Aires cuando yo jugaba. Por suerte es una gran persona Miguel Placencia y con ‘Beto’ Ortiz y su hermano Franco nos conocíamos. Me abrieron las puertas de Cañuelas”.

Indicó: “Entrenan muy bien, me dieron trabajo en el cuerpo técnico del club y jugar en Buenos Aires te abre otras puertas”.

Agregó: “También fue clave que mis hermanos Germán y Gonzalo estuvieran en San Lorenzo, porque nos orientaron mucho en nuestra vida. Buenos Aires es muy inseguro y venir con la familia no es sencillo, pero ellos nos guiaron. El representante de mis hermanos es quien terminó cerrando el acuerdo con Argentinos Juniors”.

Precisó: “Agustín Jiménez es hijo del vicepresidente de Racing. Por eso nos consiguió para vivir el departamento de la mamá de Rodrigo De Paul. Allí vivíamos hasta que empezó la pandemia. Decidimos volver a Villa María”.

Estimó: “Fueron muchas cosas las que se dieron. Le hago saber a Thiago que no es fácil jugar en la Novena de Argentinos Juniors, porque él todavía es chico. El representante es el mismo de mis dos hermanos, de Salvio, De Paul, Zaracho, Moreno y Correa. Él abrió puertas para que Adidas le brinde ropa a través de contrato y eso no es nada fácil. Es un club ideal, porque se fija mucho en las inferiores. Ahora subieron 2 pibes de clase 2004 para esta pretemporada con la Primera. También el lugar en el que vivimos es óptimo porque es cerca de la cancha de Arsenal y en 20 minutos estamos en el predio donde entrena y juega Thiago”.

No es un cuento de “gallegos”

Insistió: “Nadie me contó lo que pasa con los chicos que van tras un sueño a Buenos Aires. Lo puedo contar en primera persona por lo que me pasó. Yo debuté a los 15 años en Española y a los 16 jugué en la B Metro para Brown de Adrogué 2 partidos. El presidente me dijo que firmaría contrato, pero yo había ido con mi representante y con dos jugadores de la Liga como Claudio Bulgra, que jugó varios partidos, y el arquero Lucas Barrionuevo. No hubo acuerdo”.

Subrayó: “Ahora con Thiago tampoco fue fácil. Superó pruebas en muchos clubes como Boca, River, Lanús, San Lorenzo, Vélez y ya estaba todo cerrado con Racing cuando surgió lo de Argentinos. Mientras estuvo en Cañuelas, salió la posibilidad de ir a España y estuvimos en el Atlético de Madrid. Es más, comimos en la casa de Ángel Correa, que le regaló la camiseta. Y hasta fuimos a ver Atlético 2 - Borussia Dortmund 0 por la Champions League. Correa nos hizo pasar al vestuario, y conocimos a ‘Cholo’ Simeone. Europa es otro mundo, pero igual de duro”.

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