En la Cámara del Crimen, en el quinto piso de Tribunales, Jonathan Emanuel Acevedo (no tiene parentesco con el Acevedo de página 31) recibió la pena de 5 años y 4 meses de prisión de cumplimiento efectivo por ser encontrado responsable de homicidio simple en grado de tentativa.
El suceso por el que el hombre llegó al banquillo se registró aproximadamente a las tres y media de la tarde del 27 de abril de este año. En un domicilio situado en Ecuador 3170, en el barrio Las Playas, la pareja de la madre del imputado discutió con ella. El motivo: el hecho de que Acevedo no colaboraba económicamente con la vivienda. Después, el acusado se dirigió al hombre. Un breve intercambio de palabras. Y cuando la pareja de la mujer se dio vuelta, Acevedo le asestó dos puñaladas en la espalda con un cuchillo de unos 20 centímetros. El damnificado cayó boca abajo. Acevedo lo apuñaló nuevamente.
Intervino la mujer. Empujó a su hijo hacia afuera. Sin embargo, el joven intentó ingresar nuevamente a la casa. Apareció un vecino. Acevedo se retiró. Entretanto, su madre auxilió a la víctima. El agresor reapareció y la mujer lo enfrentó con un caño. Le pidió que se vaya. Y así fue: abandonó el arma blanca en un descampado y escapó por calle Ecuador, en dirección hacia Panamá. Finalmente, muy cerca del lugar del episodio, en Avenida Savio y Puelches, funcionarios policiales lo detuvieron. La persona lesionada, de acuerdo con el certificado médico, requirió de 45 días de curación e inhabilitación.
Cuando se terminó con la lectura del requerimiento, la jueza Edith Lezama de Pereyra le tomó los datos personales al imputado. En esta instancia, contó que es oriundo de Las Varillas, que es soltero y que cursó sus estudios hasta cuarto grado. Por otra parte, señaló que desde temprana edad (alrededor de 8 o 9 años) comenzó a trabajar en un cortadero de ladrillos. Actualmente, precisó que se desempeñaba como albañil. En otra dirección, confesó que consume marihuana y cocaína, también desde que era prácticamente un niño y que nunca se sometió a un tratamiento. A la vez, aclaró que desde su detención no lo hace más. Seguidamente, indicó que no tiene antecedentes penales.
Al momento de declarar, se mostró arrepentido, dijo que no era su intención y añadió: “Era él o yo”. De este modo, se hizo cargo de la acusación.
Así, las partes alegaron. El fiscal Francisco Márquez sostuvo la acusación y destacó que se trata de una persona vulnerable. “La droga no perdona”, manifestó. Y solicitó la pena que finalmente fue la dictada. Por su lado, la asesora letrada, Silvina Muñoz, habló de un “arrepentimiento sincero” de su defendido y presentó sus fundamentos. Por último, adhirió al planteo de Márquez. Al respecto cabe decir que se trató de un juicio abreviado ya que, previamente, las partes habían acordado la pena si el imputado confesaba —lo que así ocurrió—.
Antes del dictado de la sentencia, ingresó a la sala la víctima. “No sé por qué lo hizo”, expresó. Acevedo, cuando tuvo la palabra, añadió que siempre veía llorar a su madre. “Me arrepiento”, concluyó. Tras un cuarto intermedio, se dictó el veredicto.
Comentá esta nota
Intervino la mujer. Empujó a su hijo hacia afuera. Sin embargo, el joven intentó ingresar nuevamente a la casa. Apareció un vecino. Acevedo se retiró. Entretanto, su madre auxilió a la víctima. El agresor reapareció y la mujer lo enfrentó con un caño. Le pidió que se vaya. Y así fue: abandonó el arma blanca en un descampado y escapó por calle Ecuador, en dirección hacia Panamá. Finalmente, muy cerca del lugar del episodio, en Avenida Savio y Puelches, funcionarios policiales lo detuvieron. La persona lesionada, de acuerdo con el certificado médico, requirió de 45 días de curación e inhabilitación.
Cuando se terminó con la lectura del requerimiento, la jueza Edith Lezama de Pereyra le tomó los datos personales al imputado. En esta instancia, contó que es oriundo de Las Varillas, que es soltero y que cursó sus estudios hasta cuarto grado. Por otra parte, señaló que desde temprana edad (alrededor de 8 o 9 años) comenzó a trabajar en un cortadero de ladrillos. Actualmente, precisó que se desempeñaba como albañil. En otra dirección, confesó que consume marihuana y cocaína, también desde que era prácticamente un niño y que nunca se sometió a un tratamiento. A la vez, aclaró que desde su detención no lo hace más. Seguidamente, indicó que no tiene antecedentes penales.
Al momento de declarar, se mostró arrepentido, dijo que no era su intención y añadió: “Era él o yo”. De este modo, se hizo cargo de la acusación.
Así, las partes alegaron. El fiscal Francisco Márquez sostuvo la acusación y destacó que se trata de una persona vulnerable. “La droga no perdona”, manifestó. Y solicitó la pena que finalmente fue la dictada. Por su lado, la asesora letrada, Silvina Muñoz, habló de un “arrepentimiento sincero” de su defendido y presentó sus fundamentos. Por último, adhirió al planteo de Márquez. Al respecto cabe decir que se trató de un juicio abreviado ya que, previamente, las partes habían acordado la pena si el imputado confesaba —lo que así ocurrió—.
Antes del dictado de la sentencia, ingresó a la sala la víctima. “No sé por qué lo hizo”, expresó. Acevedo, cuando tuvo la palabra, añadió que siempre veía llorar a su madre. “Me arrepiento”, concluyó. Tras un cuarto intermedio, se dictó el veredicto.

