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Descartan a otros 84 testigos y antes de la feria se avizora el veredicto

Entre los que Brito propuso no convocar al juicio, figuran Sosa y Osorio, los policías que llegaron de Córdoba en busca de un "perejil". El fiscal responderá hoy si está de acuerdo o los cita a declarar. El testigo Rosales expuso frente a los jueces el descreimiento a la Justicia

Con voz de tenor y tonada cantarina, el testigo Miguel Ángel Rosales expuso en forma contundente el descreimiento de la sociedad riocuartense en la marcha del juicio por el crimen de Nora Dalmasso.

Lo hizo frente a los jueces Vaudagna, García y Echenique Esteve en una declaración desprovista de especulaciones y formalidades.

El exintegrante del grupo folclórico “De antiguos pueblos”, conoció a Nora Dalmasso a fines de los noventa cuando ambos trabajaron en la misma sucursal del Banco de la Provincia de Córdoba, y siguieron en contacto porque Rosales le vendía productos regionales.

No fue por ninguna de las dos razones que “El riojano” Rosales apareció envuelto en la causa Dalmasso. Ayer, declaró que el comisario Rafael Sosa, uno de los policías que llegaron desde Córdoba en busca de un perejil, lo tuvo en la mira y lo “apretó” para tratar de relacionarlo sentimentalmente con la víctima.

“El propio Macarrón anduvo diciendo en un taller de chapa y pintura que yo era el amante. Eso es de hijo de puta”, dijo ya en las escalinatas de Tribunales.

El nombre de Rafael Sosa no sólo estuvo en boca del elocuente testigo. Ayer, el defensor Marcelo Brito lo incluyó -como si fuese uno más- en una lista de 84 personas a las que ya no le interesa citar a declarar.

No es el único.

Además de Sosa, Brito incluyó a Osorio, el otro policía que montó su base de operaciones en el Hotel Ópera y que, en conjunto, se dedicaba a visitar a cuanto “sospechoso” salía de la usina de rumores.

El fiscal Rivero anotó uno por uno los nombres sugeridos por la defensa de Macarrón y pidió 24 horas para responder.

Como si actuasen en espejo, la semana pasada el que había sugerido prescindir de más de 80 testigos en la causa Dalmasso fue Rivero, y quien se tomó un plazo antes de dar el okey fue Brito.

Con una diferencia, en el combo de nombres que le propone ahora el veterano letrado, Sosa y Osorio emergen como dos testigos ineludibles si se quiere indagar la maniobra de encubrimiento.

Cada vez que en este juicio algún testigo habló de “barro” y “jugadas turbias”, apareció la huella de los uniformados cordobeses. ¿Prescindirán con tanta liviandad de sus testimonios?

Sí así fuera, la lista de citaciones se extingue inexorablemente.

Alicia Cid, otra de las testigos incómodas, tampoco sería convocada. A casi 3 meses de iniciado el juicio, el tribunal pidió que forenses cordobeses le hagan pericias psicológicas y psiquiátricas y, en 10 días, determinen si la mujer que admitió ser la amante del viudo está apta o no para declarar.

Para el tramo final del juicio, quedará la lectura de la prueba documental y, antes de la feria judicial, se avizora el veredicto.

Alejandro Fara. Especial para Puntal