Diego Perelló: de las calles de “El Polvorín” a los rings de Córdoba
Con apenas 21 años, el peso mosca nacido en Ballesteros acaba de consagrarse campeón cordobés en el gimnasio “Nocaut a las drogas”. Su entrenador, Sergio Merani, destacó “el hambre de gloria” de su pupilo
Entre algarrobos antiguos y esquinas de ladrillo hechas de más olvido que memoria, se levanta “El Polvorín”, el barrio más popular de Ballesteros. Allí, rodeando la vieja “Cañoñera” de legendarios estibadores (el “Chanchero” y el “Pata de oso” a la cabeza) y muy cerca del boliche “El sonajero sin bolita” y el baldío del viejo club 9 de Julio, nacieron verdaderos “cracks”. Como Javier “el Perro” Arbarello, campeón con San Lorenzo en el ´95 o el “Cebolla” Rodríguez, que brillara en el Newells del´50. Muchos años después, el fútbol le dejó lugar al box. Y en viejas peleas callejeras nació Diego Perelló, en el “Bronx” del pueblo.
Al cuadrilátero como el tío “Loy”
Y quizás la comparación no sea excesiva ya que para algunos “El Polvorín” es, como el “Bronx” neoyorquino, un “barrio de los negros”. No por el color de piel sino por la precaria situación de quienes viven postergados. Pero también por la humildad y el trabajo de su gente; esa que todo el tiempo está queriendo salir adelante y lo hace de todas formas y maneras. Criando caballos, cosiendo pelotas de fútbol, revocando paredes o limpiando casas. Encarando la vida sin hacerle asco a nada. Como debe ser.
Y por cierto, los sábados y domingos en “El Polvorín” se juega al fútbol. Pero también se pelea en sus calles. Acaso por amistad, para cargarse después y decir quién sacó más rápido la izquierda.
Allí, un chico rubiecito ya demostraba una velocidad inusual y una pegada casi inconcebible para sus escasos 50 kilos. Ese día nacía la leyenda. Fue cuando el “tío Loy” (Claudio Perelló) que alguna vez combatiera de manera amateur contra robustos pesos pesados y entrenara con Alcides Rivera, le diera las primeras lecciones al sobrino. Hasta que le dijo: “¿Por qué no te vas a un gimnasio?”.
-¿Y qué hiciste, Diego?
-Vi por televisión que en el Club Central de Bell Ville daban boxeo -dice mientras se cambia para el entrenamiento- Fui un tiempo pero no hice ninguna pelea. Hasta que me vine a Villa Nueva con Jorge Allasia. Él me enseñó un montón y pude hacer mis primeras peleas. Gané dos y empaté una. Después de dos años me vine para acá, donde combatí diez veces más y sigo invicto.
-¿Eras muy peleador cuando eras chico?
-Sí; era medio malo... (risas) Me gustaba pelear pero también miraba peleas por televisión. Hasta que un día se me metió en la cabeza que quería ser profesional; dejar la calle, la joda y las malas compañías. Quise ser alguien en la vida... Y con el box, si Dios y la Virgen quieren, quizás lo consiga...
-¿Qué cosas te pulió Sergio?
-Me enfocó de lleno en el boxeo y eso fue muy importante. Ya no salgo ni hago lío. El boxeo me reguló la vida. Ahora me acuesto temprano y sé que me tengo que cuidar en las comidas y que no me tengo que mamar....
-¿Qué te dice tu entrenador?
-Me dice que marque de “jump” con la izquierda; que puntee y puntee y cuando pueda saque la derecha...
-¿Y cómo te definirías vos?
-Soy rápido y voy al frente. En mi categoría soy un poco más alto que mis rivales y eso me favorece .
Entonces en un alto del entrenamiento, le pregunto al entrenador por su pupilo. Y esto dice Merani.
“Cuando Diego llegó al gimnasio, no sabía caminar el ring. Era lento pero, algo inusual para su peso, pegaba muy fuerte. Tiene muchísimas ganas y condiciones y aprendió en poco tiempo. Si hay algo que lo distingue de muchos boxeadores es su hambre, sus ganas de triunfar”.
Mientras se pone los guantes, le pregunto a Diego por su familia.
“Somos seis hermanos, tres varones y tres mujeres. Y yo soy el más chico. Ellos me alientan todo el tiempo y me dicen que si esto me gusta, que le meta para adelante. Mi vieja, en cambio, no quiere saber nada conque yo pelee...
-¿Y tu papá?
- Mi papá me ve mejor y me dice que siga. Me alienta como Sergio, como Carlos y el profe “Pichón”. Ellos son mi aliento para seguir...
-¿Hoy vivís en Ballesteros?
-No, desde que han empezado a salirme más peleas me vine a Villa María. Pero me vuelvo al pueblo todos los fines de semana. Allá me buscan mis amigos para salir pero les digo que no puedo, que me tengo que cuidar, que ya no me puedo mamar más...
Y Diego se ríe y me da la mano con su guante negro. Y mientras arranca con la bolsa grande, le digo “Te llamo el sábado (por ayer) para que me digas cómo te fue en Córdoba”. Y mientras le da duro a la bolsa, me dice un “¡Dale, pa!”, a modo de saludo.
Y se queda peleando contra ese duro contrincante de arena como alguna vez lo hizo contra la adversidad del Polvorín.
Cuando ayer le mando un mensaje preguntando “cómo saliste”, me contesta con estas palabras “¡Gané, pa! Soy campeón cordobés gracias a Dios. Ahora sí puedo decir que soy alguien... que de a poco lo estoy consiguiendo...”.
Y su voz se quiebra justo cuando se corta el audio. “Felicitaciones, campeón...” le escribo. Y yo también me quiebro.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.
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Al cuadrilátero como el tío “Loy”
Y quizás la comparación no sea excesiva ya que para algunos “El Polvorín” es, como el “Bronx” neoyorquino, un “barrio de los negros”. No por el color de piel sino por la precaria situación de quienes viven postergados. Pero también por la humildad y el trabajo de su gente; esa que todo el tiempo está queriendo salir adelante y lo hace de todas formas y maneras. Criando caballos, cosiendo pelotas de fútbol, revocando paredes o limpiando casas. Encarando la vida sin hacerle asco a nada. Como debe ser.
Y por cierto, los sábados y domingos en “El Polvorín” se juega al fútbol. Pero también se pelea en sus calles. Acaso por amistad, para cargarse después y decir quién sacó más rápido la izquierda.
Allí, un chico rubiecito ya demostraba una velocidad inusual y una pegada casi inconcebible para sus escasos 50 kilos. Ese día nacía la leyenda. Fue cuando el “tío Loy” (Claudio Perelló) que alguna vez combatiera de manera amateur contra robustos pesos pesados y entrenara con Alcides Rivera, le diera las primeras lecciones al sobrino. Hasta que le dijo: “¿Por qué no te vas a un gimnasio?”.
-¿Y qué hiciste, Diego?
-Vi por televisión que en el Club Central de Bell Ville daban boxeo -dice mientras se cambia para el entrenamiento- Fui un tiempo pero no hice ninguna pelea. Hasta que me vine a Villa Nueva con Jorge Allasia. Él me enseñó un montón y pude hacer mis primeras peleas. Gané dos y empaté una. Después de dos años me vine para acá, donde combatí diez veces más y sigo invicto.
-¿Eras muy peleador cuando eras chico?
-Sí; era medio malo... (risas) Me gustaba pelear pero también miraba peleas por televisión. Hasta que un día se me metió en la cabeza que quería ser profesional; dejar la calle, la joda y las malas compañías. Quise ser alguien en la vida... Y con el box, si Dios y la Virgen quieren, quizás lo consiga...
-¿Qué cosas te pulió Sergio?
-Me enfocó de lleno en el boxeo y eso fue muy importante. Ya no salgo ni hago lío. El boxeo me reguló la vida. Ahora me acuesto temprano y sé que me tengo que cuidar en las comidas y que no me tengo que mamar....
-¿Qué te dice tu entrenador?
-Me dice que marque de “jump” con la izquierda; que puntee y puntee y cuando pueda saque la derecha...
-¿Y cómo te definirías vos?
-Soy rápido y voy al frente. En mi categoría soy un poco más alto que mis rivales y eso me favorece .
Entonces en un alto del entrenamiento, le pregunto al entrenador por su pupilo. Y esto dice Merani.
“Cuando Diego llegó al gimnasio, no sabía caminar el ring. Era lento pero, algo inusual para su peso, pegaba muy fuerte. Tiene muchísimas ganas y condiciones y aprendió en poco tiempo. Si hay algo que lo distingue de muchos boxeadores es su hambre, sus ganas de triunfar”.
Mientras se pone los guantes, le pregunto a Diego por su familia.
“Somos seis hermanos, tres varones y tres mujeres. Y yo soy el más chico. Ellos me alientan todo el tiempo y me dicen que si esto me gusta, que le meta para adelante. Mi vieja, en cambio, no quiere saber nada conque yo pelee...
-¿Y tu papá?
- Mi papá me ve mejor y me dice que siga. Me alienta como Sergio, como Carlos y el profe “Pichón”. Ellos son mi aliento para seguir...
-¿Hoy vivís en Ballesteros?
-No, desde que han empezado a salirme más peleas me vine a Villa María. Pero me vuelvo al pueblo todos los fines de semana. Allá me buscan mis amigos para salir pero les digo que no puedo, que me tengo que cuidar, que ya no me puedo mamar más...
Y Diego se ríe y me da la mano con su guante negro. Y mientras arranca con la bolsa grande, le digo “Te llamo el sábado (por ayer) para que me digas cómo te fue en Córdoba”. Y mientras le da duro a la bolsa, me dice un “¡Dale, pa!”, a modo de saludo.
Y se queda peleando contra ese duro contrincante de arena como alguna vez lo hizo contra la adversidad del Polvorín.
Cuando ayer le mando un mensaje preguntando “cómo saliste”, me contesta con estas palabras “¡Gané, pa! Soy campeón cordobés gracias a Dios. Ahora sí puedo decir que soy alguien... que de a poco lo estoy consiguiendo...”.
Y su voz se quiebra justo cuando se corta el audio. “Felicitaciones, campeón...” le escribo. Y yo también me quiebro.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.