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"Este tiempo nos tiene que encontrar a todos más solidarios que nunca"

El cura más joven de la Diócesis local, Agustín Vedelago, se mostró preocupado por el presente que transita el país. "La gente está pasando por muchas necesidades", aseguró. Contó que como Iglesia cristiana acompañan desde la espiritualidad y la caridad

El cura más joven de la Diócesis local, Agustín Vedelago (32), analizó el presente social y económico que atraviesa el país, por el que se mostró preocupado.

En declaraciones a Puntal Villa María, el religioso que fue ordenado a servir en la localidad de La Playosa aseguró que en estos tiempos que corren es fundamental acompañar desde lo espiritual.

En otra parte de la charla, se refirió al rol que asumen los adolescentes en la actualidad. En ese sentido, explicó que los jóvenes “están buscando ganarse su espacio”.

Crisis social

-¿Cómo analizás la realidad del país?

-Desde las comunidades parroquiales estamos en contacto con muchas personas. Acá, en el pueblo en el que me encuentro, se ve que la gente está pasando por muchas necesidades, se ven las dificultades que tienen las familias para llegar a fin de mes, las deudas que van quedando. Todo eso genera un cierto grado de tristeza y desesperación. Desde la fe, uno trata de brindarles un lugar para que puedan poner sus vidas delante del señor y salir fortalecidos. Nos ha tocado escuchar el dolor de padres y familiares teniendo que despedir a un ser querido que se va a vivir a otro lado, porque sienten que en este país no hay futuro, es algo que uno ve en lo cotidiano. Como Iglesia, tratamos de asistir espiritualmente en el dolor y las dificultades y, también, buscamos acompañar con la caridad, por ejemplo, con el trabajo que hace Cáritas desde hace muchos años.

-En tiempos de crisis, es fundamental la solidaridad.

-Así es. Este tiempo nos tiene que encontrar a todos más solidarios que nunca, tratando de estar cerca de los demás y de escuchar las voces de los que necesitan. En nuestro pueblo, en nuestra sociedad, creo que eso es lo que nos está pasando.

-¿La falta de empleo también genera preocupación?

Ese factor también se presenta. La impotencia de no poder trabajar, o no poder encontrar el espacio para poder realizarse como uno quisiera. Hay gente que tiene dos o más trabajos. Las personas buscan por medio de distintas actividades juntar unos pesos y llegar a cubrir sus gastos, que a sus hijos no les falte nada, darles lo mejor.

-Y en épocas de crisis social ¿cómo actúan la fe y la espiritualidad?

-Por un lado, pienso que los factores externos no terminan de definir lo que una persona experimenta o vive en cuanto a su existencia y la fe. Te doy un ejemplo que puede servir para explicar esto. En la pandemia decíamos que íbamos a salir mejores, que aprenderíamos a vivir y a generarnos el tiempo para estar con los nuestros, que íbamos a aprender a ser más solidarios y cercanos con los demás, que íbamos a reconocer el trabajo de cada uno. Cuando fue pasando la pandemia, nos dimos cuenta de que esa realidad externa no terminó de configurar nuestra experiencia interior. No sería la crisis lo que viene a sostener la vida de las personas, no sería la crisis lo que ayude a que la gente se acerque más a Dios. Dicho esto, sí nos damos cuenta de que, cuando uno está atravesando un momento difícil, naturalmente busca aferrarse a Dios o a alguna experiencia espiritual que lo sostenga. Nuestro pueblo (La Playosa) todavía sigue siendo muy devoto y muy creyente en la persona de Jesús. En muchos lados se sigue observando la devoción que existe hacia María. También hay otras experiencias espirituales que uno va viendo, de meditación, terapias vinculadas a la cultura oriental, al budismo, a la búsqueda de algún tipo de trascendencia que no tiene a Dios como fondo, eso también está y uno lo ve.

La juventud

-Agustín, te corro del eje social para consultarte por los jóvenes. Hay quienes piensan que los adolescentes están perdidos y sin esperanza. ¿Vos cómo describirías a la juventud de hoy?

-Puedo hablar por la realidad que voy descubriendo tanto en el pueblo como en las escuelas donde soy profesor. En Villa María doy clases en tres colegios: estoy en el San Antonio, en el San Alberto Magno y en el Manuel Belgrano. En ese sentido, lo que yo veo es una juventud que está buscando hacerse sus esperanzas y ganarse su espacio, una juventud que ha estado reconfigurándose el sentido de lo que buscan o quieren.

-¿La pandemia truncó un poco esa búsqueda?

-Sí, se podría decir que nuevamente tuvieron que aprender a tener amigos y a vincularse. También hay cosas que han aparecido y que son muy fuertes, como son la violencia y el bullying, temas que a lo mejor antes uno no veía tanto. Los adolescentes han estado mucho tiempo aislados y distanciados entre ellos, ya que tenían prohibido juntarse. La pandemia también los distanció. En ese marco, creo que la juventud está buscando su lugar, está tratando de hacerlo también desde las redes sociales, donde se ven nuevas presencias y nuevos modos de liderazgo. También existe el desencanto por lo que escuchan de sus padres y familia. No obstante, creo que la juventud tiene muchísimos valores para aportar, cosas nuevas que traen. A veces puede aparecer el desaliento, pero es porque el joven también fluctúa, uno también tiene que entender estos altibajos, estos idas y vueltas, porque es lo propio de la edad, nosotros cuando pasamos por esa etapa también vivimos esas fluctuaciones, esos cambios de criterios, esos momentos en los que pasamos de la euforia a la tristeza, eso es lo propio de la edad.

-Siendo joven, ¿te resulta más fácil llegarles a los adolescentes?

-Sí, es así, tal cual. En los pueblos y también en las ciudades, la gente grande tiene una imagen del párroco, del cura. Cuando ven que llevo el signo clerical les llama la atención, te saludan de otra manera. El caso de los chicos es distinto. Ellos no traen eso en su bagaje cultural, entonces me saludan y conversan conmigo y más tarde se dan cuenta de que soy el cura. La conversación surge desde los prejuicios que no tienen. Hay apertura, podemos conversar tranquilamente, me pasa en las aulas y también en la calle, uno trata de llegar desde la cercanía, desde el respeto, con eso salen diálogos y cosas hermosas.

-Mientras te escuchaba, recordaba las palabras que pronunció el papa Francisco cuando participó hace años de la Jornada Mundial de la Juventud, en Brasil. En ese evento, a los jóvenes les pidió que “hagan lío”. En lo personal, creo que esa frase no perdió vigencia.

-La frase, por un lado, me habla de que el Papa nos está proponiendo como Iglesia buscar estos caminos de encuentro, buscar la cercanía con las periferias, que la Iglesia sea cercana y esté presente, que participe de la sociedad y dialogue con otros. Eso, para nuestra sociedad de hoy, realmente es hacer lío. El Papa se lo pedía a los jóvenes de ese momento que formaban parte de la Iglesia, pero creo que se hace extensivo a otros jóvenes. Creo que lo que el Papa planteaba en ese momento era una Iglesia cercana y que salga al encuentro con los demás, tratando de contagiar la alegría y el entusiasmo, de traer cosas buenas y nuevas para este tiempo.

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