Ayer a la tarde familias que motorizaron una toma de terrenos en barrio La Calera decidieron desactivar la protesta, luego de haber sido recibidas por trabajadoras sociales del Municipio.
El reclamo había comenzado el lunes 20 de febrero con un grupo reducido de personas. El martes 21 más mujeres con niños se plegaron. En total, llegaron a contabilizarse catorce grupos familiares: algunos más numerosos y otros con menos integrantes.
El predio que tomaron, propiedad del Municipio, está ubicado en la intersección de calles Deán Funes y Rucci, en uno de los laterales del cementerio La Piedad, en pleno corazón de barrio La Calera, espacio que es utilizado para la recreación de los más chicos y también como basurero.
Ayer a la mañana, minutos antes del mediodía, cuando un periodista de este medio visitó el lugar, las familias que allí se congregaban seguían firmes y decididas a continuar la protesta.
Con el correr de las horas, la postura fue otra. En el medio, hubo diálogo con el secretario de Gobierno, Seguridad Ciudadana y Asuntos Legales del Municipio, Eduardo Rodríguez, e incluso, entrevistas con trabajadoras sociales del gobierno local, quienes atendieron y escucharon la situación particular de cada persona.
La palabra de las familias
Sonia, Karen y Deysi fueron las vecinas que se reunieron con Rodríguez en el Palacio Municipal. Al regresar a la toma, dialogaron con este medio.
La primera de las citadas, Sonia, aseguró que tiene propiedad y que su rol en la toma era simplemente de apoyo a las restantes mujeres. En su rol de vocera, manifestó:“Las familias que aquí se encuentran son del barrio y necesitan una vivienda digna. No pedimos materiales, sino un pedazo de tierra, o que se lo cedan para poder pagar en cuotas”.
Karen, otra de las vecinas, se sumó a la charla para agregar: “Somos catorce familias, todas mujeres, todas tenemos hijos, cada una está en una situación diferente, en mi caso, yo tengo un almacén acá en el barrio y, como todas, vivimos el día a día”.
“Queremos que nos den este pedazo de tierra para hacer lo nuestro, comprarnos los materiales, y pagar, como se ha hecho con algunas casitas de acá. Fuimos al Municipio a pedir facilidades para pagar la tierra, no queremos que nos regalen nada, nos ganamos nuestras cosas trabajando”, sostuvo la almacenera.
También tomó la palabra Deysi, integrante de una familia conformada por 12 personas. “Yo estoy viviendo en el Nicolás Avellaneda, en un comedor, cuando llega la hora de dar la comida y la leche, tengo que retirar mis cosas para que ingresen todos los niños del barrio, después vuelvo para acomodar todo”, reconoció.
La reunión que mantuvieron las mujeres con el funcionario municipal no las conformó. No obstante, ambas campanas coincidieron en que fue “en buenos términos”.
Levantaron la toma
En horas de la tarde de ayer, una de las vecinas se comunicó con esta redacción para dar a conocer que habían decidido abandonar la toma. Sin embargo, dejó en claro que están a la espera de respuestas del Municipio.
En palabras de la mujer, el desalojo se dio de la siguiente manera: “Vino la Policía mandada por la fiscalía y nos comunicó que teníamos que dejar la toma, a lo que nosotras dijimos que no”, expuso.
Y añadió:“Nos respondieron que si no nos retirábamos nos llevaban a la Unidad Judicial para notificarnos de la usurpación y pintarnos los dedos”.
Y siguió:“En un momento, por los niños que teníamos, decidimos ir a hablar con la asistente social para que nos ofrezca una solución. Al llegar a la muni nos recibieron las chicas y nos trataron muy bien. Le brindamos toda la información y nuestra inquietudes. Ahora esperamos respuestas”.
Las familias no descartaron llevar a cabo una nueva toma en el lugar.

