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Megacausa La Perla El día que Villa María fue sede del juicio

Quizás pocos se acuerden de la histórica audiencia llevada a cabo en esta ciudad un miércoles 20 de mayo de 2015, jornada en la que declaró Marta Zandrino, torturada durante la dictadura militar. A 10 años de la trascendental sentencia, el recuerdo de sus palabras

Hace 10 años, un 25 de agosto de 2016, el Tribunal Oral Federal N°1 daba lectura a la sentencia de la Megacausa La Perla, proceso que pudo reconstruir cómo funcionaba la maquinaria represiva en Córdoba durante la última dictadura militar. Lo más importante de esa jornada fue la condena que recayó sobre 38 genocidas, quienes fueron hallados responsables de delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención La Perla, La Ribera y el Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba.

Quizás pocos se acuerden que ese histórico juicio, llevado adelante durante casi cuatro años, tuvo una audiencia en Villa María. Fue un miércoles 20 de mayo de 2015. Esa jornada, todo el tribunal desembarcó en esta ciudad, más precisamente en el Salón Blanco Municipal, espacio que fue fiel testigo del conmovedor relato de Marta Zandrino, detenida y torturada por la dictadura y hasta baleada el día de su captura.

Una audiencia histórica

La mañana del 20 de mayo de 2015 quedó marcada en la historia judicial de Villa María. Ese día, el tribunal presidido por Jaime Díaz Gavier e integrado además por los jueces Julián Falcucci, José Quiroga Uriburu y Carlos Ochoa escucharon atentamente lo que Zandrino tenía para contar. Lo propio hicieron los fiscales, entre ellos el villamariense Facundo Trotta, junto con Virginia Miguel y Rafael Ruiz Vehils, además de los abogados querellantes Claudio Orosz y Lilian Luque.

Cuenta la crónica del día siguiente de Puntal Villa María que la audiencia comenzó pasadas las 10.20. En el recinto estuvieron presentes el entonces intendente Eduardo Accastello, el jefe de Gabinete José Carignano y otros funcionarios municipales. Sin embargo, la atención de todos estaba puesta en el testimonio que se esperaba desde hacía horas: el de Marta Zandrino.

Un testimonio conmovedor

Ante el llamado del juez Díaz Gavier, la puerta del Salón Blanco se abrió y Marta Zandrino ingresó en silla de ruedas. Un secretario del tribunal la ayudó a acomodarse y a sostener el micrófono. Frente a ella estaban los jueces; a un lado, los fiscales y querellantes; al otro, los abogados defensores.

El fiscal Facundo Trotta le pidió que relatara las circunstancias de su detención y las condiciones en las que había permanecido privada de su libertad. Zandrino respondió que estuvo casi un año y medio detenida sin intervención de una autoridad judicial y que fue liberada sin una acusación formal.

Su declaración se extendió durante aproximadamente una hora y media. A través de sus palabras, reconstruyó una historia de violencia, tortura y abandono que había comenzado la noche del 26 de agosto de 1976, cuando se encontraba en una casa quinta que había prestado a un amigo vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Zandrino no participaba de aquella reunión, pero se acercó al lugar para saber si quienes estaban allí necesitaban algo. Entonces comenzaron los disparos. Una bala ingresó por su hombro, atravesó el cuello y quedó alojada en su columna, provocándole lesiones que marcarían para siempre su vida.

Tras los disparos, contó que fue arrastrada y que posteriormente perdió el conocimiento. Cuando despertó, le dijeron que estaba en el Hospital Militar. No pudo precisar cuánto tiempo permaneció allí. Luego fue trasladada nuevamente, hasta llegar a un lugar que recién después identificaría como La Perla, uno de los principales centros clandestinos de detención de Córdoba.

Su relato también permitió reconstruir las condiciones en las que permaneció cautiva. Dijo haber visto personas vendadas y ensangrentadas, tiradas en el piso y contra las paredes, mientras escuchaba permanentemente una radio, una máquina de escribir y disparos. También recordó a otras prisioneras que la asistieron durante los momentos más difíciles.

Durante su declaración, Zandrino identificó además a personas que habían intervenido en su cautiverio. En esa línea, describió comportamientos, aportó nombres y explicó ante los fiscales y abogados querellantes cómo funcionaban las relaciones de poder dentro del centro clandestino de detención y quiénes tomaban decisiones sobre su situación.

Zandrino y su lucha por sobrevivir

El estado de salud de Zandrino era crítico. Según relató, había perdido una importante cantidad de sangre y líquidos y fue trasladada nuevamente al Hospital Militar. Posteriormente llegó al Hospital San Roque, donde un grupo de estudiantes intentó ayudarla al advertir su situación, aunque finalmente fue recapturada y permaneció esposada a una cama bajo custodia policial.

El 20 de febrero de 1978 fue trasladada a la Unidad Penitenciaria N° 1. La asistencia médica continuó siendo precaria, aunque Zandrino destacó especialmente la solidaridad de Sara Waitman, a quien atribuyó un papel fundamental para preservar sus articulaciones y ayudarla a sobrevivir a las consecuencias de las lesiones sufridas.

Su madre, mientras tanto, desconocía dónde se encontraba. Durante meses, las autoridades negaron información sobre su paradero. Recién hacia diciembre de 1978 pudo contactarse con ella y conseguirle una silla de ruedas y medicamentos. Zandrino también describió la violencia psicológica y el aislamiento como otra forma de tortura.

Hacia el final de su declaración, Zandrino sacó una serie de documentos que había llevado consigo y los mostró ante los integrantes del tribunal. Entre ellos había fotografías, una constancia médica, documentación vinculada a las acusaciones formuladas en su contra y una carta enviada por Luciano Benjamín Menéndez a su madre. La audiencia continuó luego con preguntas de las distintas partes, destinadas a precisar detalles y contrastar el relato de Zandrino con otras declaraciones incorporadas al proceso.

Durante la misma audiencia, también fue llamado a declarar el expolicía Juan Pedro Figueroa, en el marco de la causa por el secuestro y la desaparición de Esther Felipe y Luis Mónaco en 1978. Poco pudo sacarse en limpio de su testimonio, ya que dijo no recordar nada.