El presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, aseguró que los funcionarios de Cambiemos “aislaron de la realidad” al Presidente, se mostró dispuesto a “colaborar” con Alberto Fernández y definió a Cristina Kirchner como “la figura más trascendente de los últimos 10 años”.
La siguiente es una parte de una entrevista que concedió a Clarín:
-¿Qué país le deja Macri a Alberto Fernández?
-Primero, las cosas buenas: es un país insertado al mundo. Tuvo una política internacional ejemplar. Eso no debería tener vuelta atrás. Le deja un país con reglas de juego más claras, hay mucha más luz. Esto no tiene retorno y es bueno para nuestro país. Por otra parte, dejamos cuentas pendientes muy importantes que vienen de hace muchísimos años: la pobreza y la economía, en términos generales. Se necesita un acuerdo hacia los acreedores, pero también dentro del país para resolverlas. Me duele que dejamos el país con la misma confrontación que la que recibimos en 2015. Primero hay que curar esa herida y, como consecuencia de esa sutura, podremos superar las otras crisis.
-¿El peor error de Macri se llama Marcos Peña o Jaime Durán Barba?
-Minimizar en un nombre y un apellido es un error, una ligereza y estigmatiza a una persona para salvar errores conceptuales. El principal error fue con el diseño de gobierno. Marcos Peña ha sido una persona muy importante en el país y ha sido muy importante para Mauricio Macri. Marcos Peña ha mejorado mucho a la figura de Mauricio y ha aportado mucho. El poder es transferido por quien conduce el Gobierno y Mauricio lo cargó en exceso, al definirlo como "sus ojos y su inteligencia". El objetivo de Marcos es cuidar a Mauricio y ese objetivo, ese error de origen, marca los errores siguientes. Hace que los gobiernos tengan un perfil más de cortesanos que de gente que legitima políticamente. Ese error te lleva a aislarte de la sociedad y a aislar al Presidente o al jefe de la realidad, porque la perdurabilidad de todos sus funcionarios depende más del humor de quien manda que del humor de la gente. Termina siendo un gobierno de obsecuentes. El Presidente no se rodeó de gente que tuviera legitimación política propia, que trajera un prestigio anterior frente a la sociedad, que discutiera las órdenes. Los funcionarios de este Gobierno casi en un cien por ciento dependen del poder de turno, siempre tendieron a mirar más al jefe que a la gente. Esto lo llevó a aislarse y a creer que una semana antes de las Paso podíamos ganar la elección.
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-¿Qué país le deja Macri a Alberto Fernández?
-Primero, las cosas buenas: es un país insertado al mundo. Tuvo una política internacional ejemplar. Eso no debería tener vuelta atrás. Le deja un país con reglas de juego más claras, hay mucha más luz. Esto no tiene retorno y es bueno para nuestro país. Por otra parte, dejamos cuentas pendientes muy importantes que vienen de hace muchísimos años: la pobreza y la economía, en términos generales. Se necesita un acuerdo hacia los acreedores, pero también dentro del país para resolverlas. Me duele que dejamos el país con la misma confrontación que la que recibimos en 2015. Primero hay que curar esa herida y, como consecuencia de esa sutura, podremos superar las otras crisis.
-¿El peor error de Macri se llama Marcos Peña o Jaime Durán Barba?
-Minimizar en un nombre y un apellido es un error, una ligereza y estigmatiza a una persona para salvar errores conceptuales. El principal error fue con el diseño de gobierno. Marcos Peña ha sido una persona muy importante en el país y ha sido muy importante para Mauricio Macri. Marcos Peña ha mejorado mucho a la figura de Mauricio y ha aportado mucho. El poder es transferido por quien conduce el Gobierno y Mauricio lo cargó en exceso, al definirlo como "sus ojos y su inteligencia". El objetivo de Marcos es cuidar a Mauricio y ese objetivo, ese error de origen, marca los errores siguientes. Hace que los gobiernos tengan un perfil más de cortesanos que de gente que legitima políticamente. Ese error te lleva a aislarte de la sociedad y a aislar al Presidente o al jefe de la realidad, porque la perdurabilidad de todos sus funcionarios depende más del humor de quien manda que del humor de la gente. Termina siendo un gobierno de obsecuentes. El Presidente no se rodeó de gente que tuviera legitimación política propia, que trajera un prestigio anterior frente a la sociedad, que discutiera las órdenes. Los funcionarios de este Gobierno casi en un cien por ciento dependen del poder de turno, siempre tendieron a mirar más al jefe que a la gente. Esto lo llevó a aislarse y a creer que una semana antes de las Paso podíamos ganar la elección.

