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Números oficiales confirman que siguen cerrando tambos

El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina señaló que en sólo un año desapareció cerca del 4 por ciento de los establecimientos

La crisis de la lechería argentina parece no haber encontrado el piso todavía, y ahora se van conociendo datos específicos que ponen en contexto el momento de la producción primaria, en donde los constantes aumentos de los costos de producción, la suba del dólar y el estancamiento en el precio que reciben por el litro de leche, va haciendo inviable la producción de baja y mediana escala, más aún trabajando en campos alquilados.

Todo esto sumado a la poca posibilidad que tienen los productores para acceder a líneas de crédito para capital de trabajo.

Según un informe difundido por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) en un año se perdieron más de 450 tambos en todo el país, alrededor del 4 por ciento del número total de emprendimientos productivos que se encontraban registrados en Argentina. Situación que habla del complejo momento que atraviesa la producción lechera desde hace varios años.

Diferencias entre productores

El OCLA presentó un informe técnico sobre la estratificación de los tambos en nuestro país, a partir de los datos recolectados de la Dirección Nacional Láctea del Ministerio de Agroindustria, así como también del Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina (SIGLeA).

“Como dato relevante puede observarse que los tambos de menos de 2 mil litros de leche diaria, representan el 59,2% de las unidades productivas totales, pero producen el 23,2% de la producción total de leche”, detalla el informe técnico publicado en el propio sitio web del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina. 

“En el otro extremo los tambos de más de 10 mil litros de leche diarios, son sólo el 2,6% de las unidades productivas pero representan el 17% de la producción total de Argentina (teniendo 16.038 litros promedio por tambo)”, expresa el informe, que marca la profundización de la distancia entre los grandes productores, que son la menor cantidad de establecimientos, y los productores pequeños y medianos, que si bien son muchos, tienen menos representatividad a la hora de calcular los litros producidos en el país.

450 tambos menos

Quizás el dato más valioso que aportó el informe difundido por el OCLA tiene que ver con la merma en la cantidad de tambos en todo el país, en donde -aseguran- se perdieron 453 establecimientos en sólo un año.

“Según datos del SENASA para 2017 existían 11.326 unidades productivas, estimamos, según ceses de actividad relevados en algunas industrias, y que en 2018 habría en base a esos datos SENASA unos 10.873 tambos (-4% respecto a 2017)”, reconoce el informe de manera cruda.

“Con ello elaboramos la última columna del cuadro y pudimos inferir que 5.337 unidades productivas de menos de 2 mil  litros de leche diarios, producen lo mismo que los 283 tambos ubicados en el estrato de más de 10 mil litros diarios”, se menciona.

“Lo mencionado marca una importante dispersión entre los extremos productivos, que no difiere mucho de países lecheros desarrollados, pero que muestra problemas de escala, sobre todo en la baja generación de ingreso neto mensual, aunque el margen precio-costo sea positivo, incluso en porcentajes importantes”, grafica el mismo informe productivo, del observatorio, reconociendo que la producción atraviesa un momento complicado.

“El tambo promedio de Argentina, estimado para el mes de mayo de 2018, produjo por lo tanto 2.368 litros diarios de leche, lo que representa un crecimiento anual en los últimos 10 años, del 1,24% en la producción promedio diaria”, remarca la nota.

Un dato no menor que reconocen los expertos es que, pese al notable cierre de establecimientos productivos, no todas las vacas van al matadero como en otras épocas, sino que en muchos casos pasan a integrar rodeos más grandes.

Precisamente por esto es que la producción lechera del país se mantiene en registros similares o con algún crecimiento, más allá de un contexto cada vez más complejo y que amenaza con profundizarse. 



Juan Drovandi.  Redacción Puntal Villa María

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