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A diez años de la sanción de la ley que nos cambió la vida

Por Flavia Massenzio *- Abogada

Hace un par de años tal vez no me hubiera animado a decirlo, pero hoy entiendo que todo el proceso del que tuve el privilegio de participar como parte y protagonista, que se fue gestando años atrás, porque no está bueno pensar que todo empieza cuando una llega, realmente a muches nos cambió la vida.

Por el 2006, una compañera me invitó a una charla en la Facultad de Derecho. Iban a hablar sobre el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse. Antes ni lo había pensado, ni tenía conciencia de que en algún lugar del mundo era posible.

Una activista de la FELGBT, Beatriz Gimeno, y la -en aquel entonces- presidenta de la FALGBT, estuvieron en ese panel. Ahí la escuché por primera vez a María Rachid y, después de escucharlas, todo me pareció super claro. Para mí, eran válidas las interpretaciones que hacían del Código Civil, y la pasión con la que se transmitió la estrategia para avanzar con esa ley me contagió.

Había que ir a ganar esa batalla en la Justicia, en el Congreso, en la calle, en la sociedad, en todas partes. Como abogada, me sumé a ese equipo de la Federación. Transmitían confianza, esperanza, de a poco empecé a sentir que se podía cumplir un sueño.

Por otro lado, para mí fue un momento de estar entre pares, entre personas LGBT+. La Fede ya tenía el amparo por el matrimonio igualitario escrito, elaborado con aportes de muchas personas, una verdadera construcción colectiva. Y su presidenta, y seguramente su Comisión Directiva también, tuvieron la generosidad de permitirnos litigar ese amparo; uno que fue el puntapié inicial de la estrategia judicial iniciada el 14 de febrero de 2007.

Después fueron decenas, más de cien, y se pudieron celebrar nueve matrimonios igualitarios por autorización judicial antes de lograr la aprobación de la ley. En paralelo se desarrollaron distintas estrategias, parlamentarias, con la cultura, con la religión, con la academia, con los sindicatos, se estaba dando una verdadera batalla social y cultural.

Y se logró. Hace diez años nuestro país logró convertirse en el décimo en el mundo en alcanzar ese derecho, el derecho a que las parejas del mismo sexo, a que nuestras familias, pudieran ser consideradas iguales. Era el Estado diciendo que tenemos los mismos derechos, con los mismos nombres.

Porque también se nos insistió, hasta desde otras organizaciones de diversidad, que fuéramos solo por una unión civil nacional. Pero fuimos contundentes: debían ser los mismos derechos, con los mismos nombres. Lo más importante era la igualdad, esa igualdad que no nos garantizaba ninguna unión civil.

¿Por qué digo que nos cambió la vida? Seguramente cada une tenga su historia, la mía fue la de andar caminando mucho mirando para abajo, con vergüenza, dentro del armario. A partir de la militancia por esta ley y luego por muchas otras, sentí que volví a mirar a los ojos a la gente, siendo visible, con mi novia, siendo mamá, hoy activista y presidenta de la FALGBT.

Fueron diez años en los que la ley y esta federación cambiaron mi vida y la de tantas otras personas que fuimos reconocidas en igualdad de derechos: nuestras familias, nuestres hijes, con una premisa rectora en nuestra organización: nunca menos que la igualdad.

* Presidenta de la Federación

Argentina LGBT y coordinadora de la Defensoría LGBT de la

Defensoría del Pueblo de la

Ciudad de Buenos Aires.

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