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No me arrepiento de este amor

Lucas Barengo regresó intacto tras la suspensión de 1 año y sus goles son amores para Argentino. “Volví a ser feliz. No me puedo arrepentir de algo que no hice. Jamás golpearía a un árbitro. Me comí un garrón. Fue duro”

Lucas Barengo regresó al fútbol local con el mismo poder de gol que en toda su carrera.

Una dura sanción de 1 año por una supuesta agresión a un árbitro, lo privó de gritar sus goles, que son amores para un Argentino que lo rescató y le devolvió la felicidad.

Luego de convertir su segundo gol en dos encuentros (ante Unión Central y River), en los que además fue reemplazado, afirmó: “Soy feliz en una cancha. Volví a sentirme pleno. Agradezco a todos mis compañeros, cuerpo técnico y dirigentes de Argentino. Fue muy duro no poder jugar 1 año, pensé en largar, pero no sé qué decir de lo que pasó. Me comí un garrón. Fue injusto y durísimo”.

Explicó: “Fue un error. Me condenaron a un año sin jugar, pero yo jamás le pegaría a un árbitro. El Tribunal de Penas no me creyó, y el árbitro se equivocó. Yo participé de la protesta del gol que nos hizo Ricardo Gutiérrez, pero no le pegué al árbitro. Todos lo saben, pero me informó a mi”.

No pudieron comprobar que un jugador con una conducta intachable en toda su carrera, no había agredido al asistente. A sus 35 años, superó el examen más difícil para un futbolista, esperar 1 año para volver a una cancha, a su inseparable amor desde niño. “No quería irme así del fútbol. Sentí que puedo seguir, pero fue una decisión difícil. Hoy me siento feliz”.

Con humildad y profesionalismo

En los primeros 6 meses, apeló al fútbol comercial para “despuntar el vicio”, y decidir si continuar o dejar. Argentino le abrió sus puertas y comenzó a entrenar en enero, sin dejar una práctica de lado, acompañando a sus compañeros a cada partido amistoso y oficial, sabiendo que debería esperar hasta mayo para poder jugar.

Mauricio Morales, Eduardo Bassi, Diego Marín y el plantel lo bancaron. Barengo, que sólo grita goles, pero al que es muy difícil escuchar en un vestuario o en la cancha, se descargó tras vencer a River: “Fue una victoria importante, porque sabíamos que debemos ganar el domingo ante Universitario, para terminar entre los 4 primeros y tener ventaja en los cruces”.

“Todos saben que yo no le pegué al árbitro, pero me informó a mi. Me comí un garrón. Fue un año durísimo. Pensé mil veces en dejar. Ya pasó. Ahora volví a ser feliz en la cancha con Argentino”.

Estimó: “Mil veces pasó por mi cabeza colgar los botines. No lo podía entender, y aún no lo entiendo. Por suerte, me llamó Argentino. Me llevará algunos partidos entrar en ritmo, pero físicamente me siento bien, y tengo grandes compañeros que me están ayudando un montón. Estoy feliz”.

Volver al fútbol, según Lucas: “Es recuperar lo que más quiero en la vida. Asumí desde que arranqué la pretemporada, que si volvía era para estar a la par de mis compañeros, haciendo el mismo esfuerzo”.

Goles son amores

El delantero aseguró: “Convertir ayuda, pero sólo me voy feliz cuando gano. Contra Unión fue como una derrota cuando nos remontaron el 3-0, pero volver a convertir y ganarle a River nos sirvió para ir por nuestro objetivo”.

Grito sagrado y de desahogo. Justo ante su primer amor, River, el mismo amor que su papá le transmitió, fue su segunda “víctima” en este regreso a los 35 años. “Y el próximo partido es con Universitario, mi anterior club... En todos lados entrené siempre de la misma forma. Doy todo. El grupo debía saber que yo me siento parte, desde el lugar que me tocara estar. Por suerte, ya estoy adentro de la cancha, pero estos 3 meses fueron muy duros también, no es fácil entrenar y no poder ayudar”.

Estimó: “El fútbol es más anímico que futbolístico. Cuando un partido que parece ganado, se complica y no se gana como ante Unión, es difícil levantarse. Habíamos hecho méritos para ganar, pero era clave levantar la cabeza en el siguiente partido y seguir creciendo. Ahora viene la ‘U’ y después los cruces, que es donde realmente se sabe para qué están los equipos. Vamos a pelear”.

Apunta: “Fuimos de menor a mayor durante el torneo. Espero dar lo mejor en Argentino y el primer paso será poder ganar el domingo. A eso apuntamos, aunque voy a enfrentar a un equipo de gente a la que quiero mucho y un gran club en el que fui campeón”.

Los 130 goles de su carrera merecían su regreso a la actividad. “Sentía que era injusto irme así. En Universitario hay un proyecto con muchos pibes del club y tenía que darles lugar y cambiar de aire. En Argentino me hicieron sentir bien, y no quiero volver atrás. Me comí un garrón, no me puedo arrepentir por algo que no hice. Pasó el año. Después de 6 meses de jugar en Afuco, me llamaron y acepté”.

Cierra con el corazón en la mano y sin rencores. “Mis antecedentes indicaban que nunca tuve una conducta agresiva. Protestar es normal en el fútbol, pero ni tuve contacto con el árbitro en esa protesta. Fue durísimo. Ya pasó. Levanté la cabeza, di vuelta la página y sigo adelante. No tengo nada para arrepentirme, porque jamás le pegaría a un árbitro. Amo jugar al fútbol y volví a ser feliz”.