Villa María | Literatura

La Medioteca compra los últimos libros de la editorial cordobesa Llanto de Mudo

Por iniciativa de su directora, Anabella Gill, la institución adquirió 36 títulos del sello que fuera pionero en la publicación de historietas de la Docta y que desapareciera en 2015 tras la muerte de su creador, Diego Cortés
 
Como pájaros en un palomar tras la muerte de su dueño, los libros de Llanto de Mudo empezaron a volar hacia un nuevo cielo. Algunos lo hicieron sin rumbo definido, en ventas de ferias o en mesas de saldo. Otros fueron a parar a un horizonte nebuloso, donados o regalados a diversas instituciones y coleccionistas particulares. Sin embargo, y amén del derrotero que corrieron algunos títulos, la Biblioteca Mariano Moreno de Villa María fue la primera institución del país en interesarse de manera exclusiva por esos volúmenes. Al punto de que su directora y bibliotecaria mayor, Anabella Gill, mandó a comprar “un ejemplar de cada uno” de los que aún sobrevivían en la casa de Alejandra Cortés, hermana de Diego. Como si quisiera conservar en el “Arca de Noé” de sus estanterías una vida única e irrepetible para que se reproduzca en el corazón de sus lectores. 

“Marvels” de la Docta

Los libros comprados son 36 y abarcan los géneros de Historieta (el sello fue pionero absoluto del género en la provincia de Córdoba), Narrativa (novela y cuento) y Poesía.

Fundada en 1995 por el poeta y guionista Diego Cortés, Llanto de Mudo acababa de cumplir 20 años cuando su creador falleció de manera súbita en el 2015, a los 38 años. Además de editar a historietistas de todo el país, publicó libros de varios autores villamarienses y villanovenses como Fabián Clementi, Jorge Rossi, Gustavo Borga, Alejandro Schmidt, Marcelo Dughetti, Javier Páez, Virginia Ventura y Carina Sedevich. 

Por eso es que, una mañana en la Medioteca y con todos los libros esparcidos en el escritorio de su directora, le pregunto por la importancia que tiene esta compra para la Medioteca.

“Tiene una importancia inmensa, crucial. Todos estos libros tienen un valor patrimonial como cordobeses pero también como argentinos. Y se debe a que, como biblioteca popular y pública que somos, tenemos la obligación de resaltar los espacios destinados a las producciones locales, regionales y provinciales; ya que eso es lo que nos va a distinguir del resto de las bibliotecas del mundo. 

-¿Y esta adquisición contribuye a acrecentar ese patrimonio?

-¡Claro! Porque independientemente de las novedades internacionales que podamos adquirir, nosotros nos definimos por nuestra colección local. Y en estos momentos en que estamos rearmando la “Historieteca”, este material incorporado ha sido fundamental; ya que no se puede conseguir en ningún otro lado salvo por medio de los familiares directos de Diego. Y en este punto, agradezco muchísimo a Alejandra Cortés, que se contactó con nosotros y nos facilitó la compra.

-Históricamente, la biblioteca fue pionera en apostar al género historieta...

-Sí, y paradójicamente a la “Historieteca” la empezamos a armar hace diez años con la ayuda de Diego. Él fue quién nos hizo una lista de los primeros cien libros con los que arrancamos. Y desde ese entonces, el sector es uno de los más visitados de la Medioteca y uno de los que más han crecido. Amén de los libros de editoriales clásicas como Marvels, ahora habrá un sector especial para Llanto de Mudo; o sea para el cómic “de” y “desde” Córdoba. 

-Fue casi como una vuelta del destino empezar con Diego y volver a él...

-Sí, como volver a los libros editados y sugeridos por él, que para nosotros fue un aporte muy grande. Pero también lo fue para la edición cordobesa. Sé que tras su muerte, muchos escritores e historietistas se quedaron como huérfanos. Y es un lujo para nosotros tener este material, que es prácticamente inconseguible. Por más que vayas a la “Comicón”, no lo vas a encontrar...

-¿Conocés otras bibliotecas de la provincia que hayan hecho adquisiciones como esta?

-No, pero creo que estaría bueno que lo hicieran; que las demás bibliotecas de la región se puedan contactar con Alejandra y hacer una compra así para engrosar la colección local. 

-¿Qué precio pagaron?

-Muy poco. Por ser una biblioteca pública, Alejandra nos hizo un precio promocional de 2.000 pesos por los 36 libros; cuando hoy un best-seller cuesta más de mil. Fue un gesto muy hermoso el suyo y digno de resaltar. Si te ponés a ver, cada libro cuesta un promedio de 55 pesos; menos que el diario del domingo. Y, como te decía antes, lo que hemos comprado no fue sólo literatura o cómic “material” sino, sobre todo, patrimonial.

- ¿Hubo alguna otra adquisición de libros locales por estos tiempos en la Medioteca?

-El último día del año pasado recibimos una donación de 94 libros de autores y editoriales locales de parte de la Legislatura de Córdoba. Es un proyecto mediante el cual, la provincia le compra libros a editoriales cordobesas y títulos de autores cordobeses. Y luego los distribuye por las bibliotecas populares. Es un programa de fomento. A nosotros nos los trajo el legislador José Escamilla, a quien le estamos muy agradecidos. Esos libros también son parte de nuestra colección local, que cada día crece más...

Hospital de palomas

Y ahí están los libros de Llanto de Mudo, esparcidos en el escritorio de Anabella como palomas que, salidas a volar a otro cielo, encontraron un nuevo refugio contra la tormenta. 

Veo algunas historietas, como “Ordinario” de Gustavo Sala, “Ani” de Roberto Von Sprecher y Laura Fernández; “Bonemachine” y “Manos de Ángel” de Diego Cortés y Brondo o “El pasado”, de Diego Cortés y el bellvillense “Agite”. También “1942” de Javier Mattio, “Tristeza” de Ángel Mosquito o “Matasano” de Julio Azamor. 

En poesía veo “Spectrorum” de Fabián Clementi; “Antes de caer” del santafesino Ariel Fernández, “Buscador”, una antología de poetas de Traslasierras; “Un fuego de adentro” del santiagueño Álvarez Méndez o “Baldío y otros poemas olvidados” del propio Diego Cortés. Y en narrativa, “Matu Ketami” la novela fantástico-infantil de Anahí Almasia; “Besála como sabés”, cuentos de fútbol chilenos coescritos por Patricio Hidalgo y Agustín Lucas; “Perla”, una biografía novelada del dramaturgo Roberto Videla sobre su madre; “Prisma” del porteño Juan Manuel Candal; “La felicidad es un invento del cine”, novela policial del cordobés Gonzalo Toledo o “Un whisky por cada fantasma”, que son doce cuentos de terror de la narradora cordobesa Natalia Torres. 

Y también, como un pájaro desolado que no pertenece a ningún género preciso de la bandada, hay una revista: “llanto de mudo uno”, reza su tapa. Y tiene un cuento de Jorge Rossi, escritor mollense radicado en Villa María que se llama, precisa o paradójicamente “Hospital de Palomas”. Y quizás en eso se ha convertido la Biblioteca Municipal y Popular Mariano Moreno para todos estos libros. En un sitio donde curar las heridas de una muerte absurda; un refugio contra la tormenta del olvido; un “Arca de Noé” para libros que un día saldrán a volar por el cielo y ya no volverán. Porque las aguas habrán bajado y ellas habrán hecho un nido en el alma de los hombres.



Iván Wielikosielek.  Redacción Puntal Villa María

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