Regionales | Malvinas | Guerra | argentinos

Fue médico en Malvinas y cuenta sus vivencias en un libro, a 40 años de la guerra

Se trata del doctor Carlos Rubén Beranek, quien reside en Ucacha desde hace varios años. "Era una cuenta pendiente que tenía para conmigo, con los veteranos y para con todos los argentinos", dijo. La presentación de "Un doc en la trinchera" será el 11 de marzo

Tras más de 38 años de trabajo entre redacción, recopilación de datos e investigación, el doctor Carlos Rubén Beranek -ucachense por adopción- lanza un libro en el que narra sus vivencias como médico en Malvinas, a casi cuatro décadas del conflicto bélico que lo marcó para siempre como persona y como profesional de la salud. En diálogo con Puntal, aseguró que la publicación constituye un sueño cumplido, ya que sentía que tenía una deuda con los excombatientes y la sociedad argentina para contar lo que pasó en las Islas.

Su obra, titulada “Un doc en la trinchera”, de la editorial riocuartense Ediciones del Puente, estará disponible la segunda semana del mes próximo y la presentación se hará el día 11 de marzo.

“A partir del segundo año de que regresamos de Malvinas empecé en forma gradual y progresiva a registrar los hechos que había vivido y en un momento dije: ‘Voy a empezar a escribir todo’. Así que desde aquella época comencé a escribir todos los datos que en mi memoria quedaban, pedí ayuda a mis compañeros del equipo sanitario para acomodar algunos conceptos, busqué bibliografía relacionada con el accionar de otra gente que estuvo junto con nosotros, a la gente de los helicópteros y a los artilleros”, relató el doctor.

Malvinas a todos los veteranos nos genera un sentimiento muy especial porque fue una etapa de nuestras vidas que nos tocó pasar y en esa época había una convicción y un respeto de los símbolos patrios que en estos últimos tiempos se han perdido. Malvinas a todos los veteranos nos genera un sentimiento muy especial porque fue una etapa de nuestras vidas que nos tocó pasar y en esa época había una convicción y un respeto de los símbolos patrios que en estos últimos tiempos se han perdido.

Señaló que las experiencias con sus colegas del grupo de salud fueron claves para el texto en materia documental, porque junto con el grupo cumplió “muchas misiones riesgosas”. “Una de ellas fue rescatar a los pilotos argentinos que se habían eyectado. Gracias a Dios pudimos salvar muchas vidas de quienes habían sido derribados por las tropas inglesas. Incluso fui quien atendí a un piloto de origen inglés”.

-¿Qué significa poder ver cristalizadas sus vivencias en un libro, a 40 años de la guerra?

-Era una cuenta pendiente que tenía para conmigo, con los veteranos y para con todos los argentinos porque yo considero que todos los combatientes tenemos la obligación de contarles a todos los argentinos lo que realmente ocurrió en las Islas. Lo que uno vivió como experiencia personal en el rol que tenía que desarrollar durante ese momento en el conflicto bélico. Durante mucho tiempo estuve anotando, acomodando el escrito, buscando cierta información que yo tenía, pero que la quería confirmar y eso me llevó un tiempo, bastante tiempo, y además después fue tomar la decisión de decir: ‘Sí, lo vamos a escribir’. Por eso me demoré un poco en presentar el libro.

-¿Cómo vivió ese camino desde que arrancó la idea hasta la publicación?

-Fue un camino muy largo de recopilación de los hechos, acomodarlos, luego buscar a una persona que se encargara de la corrección, redacción y ortografía. Posteriormente fue Maxi, de la editorial Ediciones del Puente de Río Cuarto, a quien le entregué el trabajo y lo acomodó muy bien. En mi libro no sólo cuento mi vivencia y mi experiencia personal y profesional, sino también la del equipo sanitario que estaba en ese momento en Goose Green, en la base Cóndor, donde yo estaba destinado, y le he dedicado una parte especial en la que cuento toda la historia de las Islas Malvinas en lo que respecta a su descubrimiento. España le dio al Virreinato del Río de la Plata la concesión de las Islas, luego explico por qué en el año 1833 los ingleses expulsaron a los argentinos, quién era el “gaucho” Rivero, qué banderas son las que flamearon en Malvinas, cuándo se descubrieron las islas Sándwich y Georgia del sur, que son nuestras. Trato de dar un poco de información relacionada con cosas que son nuestras porque si nosotros no conocemos lo que tenemos no vamos a aprender a quererlas ni a defenderlas. Yo creo que esa parte es muy importante para la “malvinización” que tenemos la obligación de hacer.

Considero que todos los combatientes tenemos la obligación de contarles a todos los argentinos lo que realmente ocurrió en las Islas. Considero que todos los combatientes tenemos la obligación de contarles a todos los argentinos lo que realmente ocurrió en las Islas.

-El título del libro, “Un doc en la trinchera”, resume las adversidades que implica esto de ser doctor en la guerra a diferencia ser médico en consultorio…

-En muchas ocasiones lo he charlado con periodistas e incluso con mis colegas, porque no es lo mismo la situación en la que vos te encontrás cuando tenés que atender una urgencia en un consultorio, en una sala de shock, que tenés todos los elementos, a estar con un paciente que está gimiendo de dolor porque tiene la amputación de un miembro o está desviscerado próximo a morir y te encontrás solo en medio de la inmensidad, de esa crueldad que muestra la guerra y que no tenés los elementos necesarios. Es una situación muy especial y completamente distinta a la que los médicos habitualmente en tiempos de paz estamos acostumbrados a vivir.

-¿Cómo fue el momento en que se enteró que había sido asignado para ir a Malvinas?

-El 11 de abril de 1982, el domingo de Pascuas, me citan para que me presente en la Escuela de Aviación Militar porque yo estaba cumpliendo funciones como médico militar. En 1980 había rendido para ingresar a hacer la residencia médica en el Hospital de la Fuerza Aérea, entré y fui destinado a la Escuela de Aviación de Córdoba. En el año 82, cuando deciden desplegar una compañía de soldados para una defensa de un aeródromo en el sur argentino, designan un equipo sanitario que estaba constituido por un médico, un enfermero y dos camilleros; ese médico fui yo y al día de hoy siento un profundo orgullo y honor de haber podido estar en ese momento.

-¿Cuál fue la vivencia que más lo marcó en la guerra?

-Desde que comenzó la guerra propiamente dicha, desde el 1° de mayo hasta el momento en que caímos prisioneros el 28, que fue la batalla final de Goose Green (Pradera de Ganso), todos esos días vivimos experiencias y situaciones que nunca imaginamos, que no estábamos acostumbrados, ni pensábamos que tendríamos que vivir; en las que la muerte comenzó a convivir junto con nuestra sombra porque antes del 1° no pensamos que en cualquier momento podía venir un avión y bombardear, o el bombardeo de la fragata, de los morteros que podían caer donde estábamos nosotros y que podíamos morir como muchos combatientes. Es decir que anécdotas son un montón. Una de ellas fue el 28 de mayo en la batalla final. Había un cabo del ejército de apellido Fernández. En un momento determinado las tropas debían tomar posiciones más adelante en el terreno, entonces (Juan José) Gómez Centurión, que en ese momento era subteniente, le ordena al cabo que se tenía que quedar a cumplir sus funciones pero él le pide que quiere desplegarse junto con todos los otros efectivos. El cabo consigue que lo lleven y en un momento determinado Gómez Centurión pide hablar con el jefe de los Paracaidistas 2, (Herbert) Jones, que avanzaba sobre Goose Green. Allí se genera un combate muy duro en el cual muere este jefe inglés. En ese repliegue, Fernández queda herido en el campo de batalla pero como consecuencia de la difícil situación no lo podían transportar. Entonces, Gómez Centurión junto con otros soldados lo dejaron tapado con una capa y le prometieron que a la noche lo iban a buscar. En esas horas de la noche estábamos cercados por los ingleses, pero Gómez Centurión con dos efectivos cruzaron las líneas enemigas y lo fueron a rescatar. Se arrastraron en la noche 2 kilómetros, lo encontraron, lo cargaron sobre sus hombros y lo llevaron casi hasta la entrada de Goose Green, donde estábamos esperándolos. Yo lo recibí, este combatiente tenía tres heridas de bala, estaba hipotérmico, shockeado, descompensado. Por suerte lo pudimos estabilizar y compensar, gracias a Dios estuvo muy bien. En primeras horas de la mañana, cuando ya habíamos capitulado, los ingleses lo evacuaron a San Carlos y de ahí lo pasaron al Canberra y luego al continente. Después de eso nunca más supe de él y hace tres años con la ayuda de Gómez Centurión y otros conseguí el teléfono y me pude comunicar nuevamente con Fernández. Fue muy emotivo, eso me marcó muchísimo.

Esos días vivimos experiencias y situaciones que nunca imaginamos, que no estábamos acostumbrados, ni pensábamos que tendríamos que vivir, en las que la muerte comenzó a convivir junto con nuestra sombra. Esos días vivimos experiencias y situaciones que nunca imaginamos, que no estábamos acostumbrados, ni pensábamos que tendríamos que vivir, en las que la muerte comenzó a convivir junto con nuestra sombra.

-¿Qué significa Malvinas para alguien que estuvo en la guerra? ¿Qué mensaje les da a las nuevas generaciones?

-Malvinas a todos los veteranos nos genera un sentimiento muy especial porque fue una etapa de nuestras vidas que nos tocó pasar y en esa época había una convicción y un respeto de los símbolos patrios que en estos últimos tiempos se han perdido. Todos los individuos que nos encontrábamos en ese momento desplegados en las Islas estábamos completamente convencidos de que defendíamos algo nuestro y que una sola cosa era lo que nos unía a todos y era nuestra bandera celeste y blanca. Eso creó en nosotros un sentimiento muy especial porque no solo nos mostró las crueldades, calamidades y miserias que se ven en la guerra, sino que también nos mostró las grandes virtudes que tienen los seres humanos ante determinadas situaciones críticas como es ver -porque yo lo he visto como mis ojos- cuando soldados estaban heridos, tenían la amputación de una mano, brazo o pierna como consecuencia de una explosión de una bomba; sus compañeros no dudaron en arriesgar su vida por ayudarlos, por ir a darles una mano. Todo eso genera emociones especiales que muchas veces la gente no llega a entender o comprender cuando hablamos los combatientes. Eso es lo que significa Malvinas para nosotros.

-¿Cuándo es la presentación oficial del libro?

-Desde la editorial ya me confirmaron que el día 11 de marzo estarán listos los libros y esa fecha será la presentación. Se me ocurrió comentarles a algunos amigos y presentarlo en Facebook y fue inmensa la respuesta este fin de semana. Me movilizó un montón de sentimientos la cantidad de cosas que me escribió la gente, nunca me imaginé que me iban a decir tantas cosas lindas y que reconfortan el alma, después de tanto sufrimiento y tantas cosas feas que pasamos en la guerra y que tuvimos que vivir.

Biografía del doctor Carlos Rubén Beranek

El doctor Carlos Rubén Beranek nació en la ciudad de Córdoba el 8 de octubre de 1954, cursó sus estudios primarios y secundarios en el colegio jesuítico Sagrada Familia y se graduó de Médico Cirujano en la Universidad Nacional de Córdoba en el año 1979.

Ejerció la medicina en distintos centros asistenciales y fue en el año 1980 cuando ingresó a la Fuerza Aérea Argentina (FAA). Allí fue destinado a la Escuela de Aviación Militar (EAM), Escuadrón Sanidad como médico militar.

Corría el año 1982 cuando fue elegido para formar parte del personal militar sanitario de las Fuerzas Armadas y fue enviado a las Islas Malvinas, en momentos en que se desató el conflicto armado entre Argentina e Inglaterra.

En el archipiélago, el facultativo fue parte del equipo sanitario destinado en Goose Green (Pradera del Ganso), base aérea militar Cóndor (BAMC), Isla Soledad; hasta el día 29 de mayo de 1982, fecha en la que cayó como prisionero de guerra y fue entregado en Uruguay.

Ya de regreso en Argentina, el médico siguió con sus tareas en la Escuela de Aviación Militar hasta 1986, año en el cual alcanzó el grado de capitán y solicitó la baja voluntaria de la fuerza.

Luego, junto con su familia, se radicó en la localidad de Ucacha, donde actualmente reside y continúa desarrollando su profesión.

Luciana Panella. Redacción Puntal