El oficio de ser mamá: la lucha de Cari por la salud de Milagros
“Mi vida está en pausa. Mi prioridad es mi hija”, el testimonio de Carina Uriche, una mujer que con fe y esperanza acompaña a la pequeña que enfrenta una dura enfermedad
“La vida tiene tu nombre, mujer de las mil batallas, la fuerza de tu mirada con el valor no se esconde. Hay que plantar la esperanza en el lugar donde duele, para que crezca bien fuerte en el miedo que acompaña”, canción de Manuel Carrasco.
Carina Uriche es una mamá leona, como tantas otras que luchan día a día por sus hijos en las más diversas circunstancias.
Esta mujer de General Cabrera ha puesto en pausa su vida para dedicarla entera al cuidado de su hija Mili (Milagros), la pequeña que desde hace cuatro años sufre una leucemia linfática aguda tipo B y que luego de un trasplante, hoy afronta una recaída y hace un mes está internada nuevamente en el Hospital de Niños Santísima Trinidad de Córdoba.
En el Día de la Madre, Puntal elige esta historia para reflejar la de otras cientos de mujeres que tienen este hermoso oficio de ser mamás. Impulsadas por el profundo amor y la fe, se calzan el traje de guerreras y salen a dar pelea a la vida.
La vida en pausa
Desde hace un mes Cari está internada con su hija en Córdoba. Pero el proceso se retrotrae a 4 años atrás cuando la salud de la pequeña se resintió. Hoy Milagros, con sus 11 años, sigue luchando para salir adelante y es su mamá su principal sostén. Ella allí, estoica, con una sonrisa le transmite a su pequeña hija que todo va a estar bien.
Hablar con Carina es sentir que siempre hay esperanza.
Admite esta mamá que son momentos difíciles, pero no imposibles de sobrellevar. “Yo me he postergado, no estoy pensando precisamente en mí porque ella siente que yo soy su reflejo. El reflejo de que si yo estoy triste, las cosas no están bien. Es como que su estado de ánimo depende de mí, pero ahora ella está mostrando sus emociones más internas”, dice esta mujer cabrerense.
Trabajadora de los medios, locutora, dice que dejó su pasión y anhelo de desarrollo profesional para estar con su hija. Pero no se arrepiente sabe que todo tiene su momento y espacio. “Yo trabajaba en los medios de Cabrera, en radio y en el Canal 2. Me dedicaba a eso, es mi pasión, claro fuera de mi familia, la comunicación es mi vida, lo que me hace más feliz”.
Promete volver. Pero hoy desde las redes sociales sigue en contacto con su público que en estos momentos son su sostén. Le mandan mensajes de aliento para ella y Milagros. En su Facebook se identifica como “Kary Urich”: “Es mi nombre artístico”.
Carina agrega: “Hoy mi vida está en stand by, en una pausa. Después el tiempo me pasará factura, pero bueno sabré cuáles serán las consecuencias al momento que tenga que enfrentarlas”. Sabe esta mamá que no es ahora el tiempo de flaquear, ella debe estar fuerte, porque Mili la necesita.
Y no deja de repetir que allí donde ella se encuentra en el Hospital con Mili y en la Casita de Ronald Mc Donald donde se hospedan, hay decenas de mujeres guerreras que se hacen de las más diversas armas para luchar por sus hijos.
“Acá hay muchas mamás que se postergan, que necesitan conocer al gigante que se enfrentan. Y cuando uno comienza a conocer al gigante, cada una empieza a forjar armas para poder vencerlo. En mi caso es la fe. Lo demás es gracia de Dios”, sintetiza Carina.
En General Cabrera su historia es conocida y la comunidad toda acompaña con sus oraciones pidiendo por Milagros.
Los hijos que esperan y acompañan
Es en esa ciudad donde otros hijos de Carina esperan y entienden que su mamá hoy debe priorizar el cuidado de su hermana Milagros.
“Tengo otros tres hijos, Pablo de 30, Julián de 20, Lucas de 15, y Mili de 11 años. El más grande se casó hace unos años y había postergado la fiesta para cuando su hermana estuviera bien. La hizo hace poco. Los otros chicos están en Cabrera, nos separan 200 kilómetros. Entienden. Se las arreglan solos. Lucas está en tercer año del secundario. Pero todo chico necesita de la mamá, siempre, sea cualquiera su edad. El papá (Andrés) va una vez a la semana, pero debe estar en Córdoba con nosotras”, reflexiona Carina.
Admite que sus hijos más grandes deben seguir con sus vidas. “Tenemos un taller y los más grandes trabajan ahí. Esto es en paralelo; la vida de ellos continúa y nosotros estamos acá también”.
Las ganas de vivir
“Milagros tiene ganas de vivir. Nada de lo que hacemos sería posible si ella no quisiera”, agrega la mamá.
Desde aquel 2016 cuando un diagnóstico determinó el inicio de un duro tratamiento, hubo momentos de tregua y ahora nuevamente otra lucha. El primer diagnóstico cuando le determinaron leucemia linfática aguda fue hace cuatro años . “En el año 2016 tuvo una recaída en el sistema nervioso. En abril de 2017 le hicieron trasplante de médula (uno de sus hermanos fue su donante), y al año tuvo una recaída postrasplante y otra recaída más ahora”, detalla con precisión Carina Uriche.
En esta nueva internación, la pequeña de 12 años transitó una quimioterapia más agresiva y espera la chance para un nuevo trasplante, y serán su mamá o papá los donantes por tener compatibilidad del 50%.
Carina insiste en que las ganas de vivir de la nena y la fe todo lo pueden. “Por una cuestión de entender de que Dios está de nuestro lado, de tener la fe que nos mantiene de pie. Porque esto lo hablamos con ella. Esto no se puede hacer si ella no está de acuerdo. Y ella tiene ganas de seguir viviendo. Nosotros acompañamos, ella hizo todo”, subraya con énfasis esta mamá.
“La cuota de fe es lo más importante en estos tratamientos porque esto lo digo de manera personal . Creo que todos vamos a caer a los pies de Dios en algún momento. Soy creyente. Pero yo antes de que esto fuera mi último recurso, siempre fue el primero (la fe). Es donde tengo mis descargas. Puedo ser genuina, donde puedo decir cuáles son mis debilidades, en ese momento y lugar que es de rodillas. Luego me da la recuperación para seguir. Mantenerme firme en creer que todo es posible”, reflexiona.
Ya terminando el diálogo, Carina rescata el apoyo y acompañamiento de la gente, aún de aquellos que ni siquiera conoce. Y a modo de confidencia se anima a decir: “En Río Cuarto tengo un ángel. Una persona que no conozco personalmente, que supo de la historia de Milagros a través de la nota que salió en Puntal hace tiempo. Esa persona nos ayuda económicamente, siempre está, pero lo hace desde el total anonimato”, refiere.
Como mensaje final, esta mujer dice que hoy está en el lugar y el momento adecuados. “No nos resistimos, no desistimos y no nos rendimos, siempre que haya esperanza ahí estamos, al pie del cañón”.
Hoy, en el Día de la Madre, Carina espera la visita de sus otros tres hijos y nuera para celebrar la vida allí en la casa donde se alberga. En su habitación Mili la espera y de ella recibirá el mejor regalo: un beso y un interminable abrazo.
Patricia Rossia. Redacción Puntal
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Carina Uriche es una mamá leona, como tantas otras que luchan día a día por sus hijos en las más diversas circunstancias.
Esta mujer de General Cabrera ha puesto en pausa su vida para dedicarla entera al cuidado de su hija Mili (Milagros), la pequeña que desde hace cuatro años sufre una leucemia linfática aguda tipo B y que luego de un trasplante, hoy afronta una recaída y hace un mes está internada nuevamente en el Hospital de Niños Santísima Trinidad de Córdoba.
En el Día de la Madre, Puntal elige esta historia para reflejar la de otras cientos de mujeres que tienen este hermoso oficio de ser mamás. Impulsadas por el profundo amor y la fe, se calzan el traje de guerreras y salen a dar pelea a la vida.
La vida en pausa
Desde hace un mes Cari está internada con su hija en Córdoba. Pero el proceso se retrotrae a 4 años atrás cuando la salud de la pequeña se resintió. Hoy Milagros, con sus 11 años, sigue luchando para salir adelante y es su mamá su principal sostén. Ella allí, estoica, con una sonrisa le transmite a su pequeña hija que todo va a estar bien.
Hablar con Carina es sentir que siempre hay esperanza.
Admite esta mamá que son momentos difíciles, pero no imposibles de sobrellevar. “Yo me he postergado, no estoy pensando precisamente en mí porque ella siente que yo soy su reflejo. El reflejo de que si yo estoy triste, las cosas no están bien. Es como que su estado de ánimo depende de mí, pero ahora ella está mostrando sus emociones más internas”, dice esta mujer cabrerense.
Trabajadora de los medios, locutora, dice que dejó su pasión y anhelo de desarrollo profesional para estar con su hija. Pero no se arrepiente sabe que todo tiene su momento y espacio. “Yo trabajaba en los medios de Cabrera, en radio y en el Canal 2. Me dedicaba a eso, es mi pasión, claro fuera de mi familia, la comunicación es mi vida, lo que me hace más feliz”.
Promete volver. Pero hoy desde las redes sociales sigue en contacto con su público que en estos momentos son su sostén. Le mandan mensajes de aliento para ella y Milagros. En su Facebook se identifica como “Kary Urich”: “Es mi nombre artístico”.
Carina agrega: “Hoy mi vida está en stand by, en una pausa. Después el tiempo me pasará factura, pero bueno sabré cuáles serán las consecuencias al momento que tenga que enfrentarlas”. Sabe esta mamá que no es ahora el tiempo de flaquear, ella debe estar fuerte, porque Mili la necesita.
Y no deja de repetir que allí donde ella se encuentra en el Hospital con Mili y en la Casita de Ronald Mc Donald donde se hospedan, hay decenas de mujeres guerreras que se hacen de las más diversas armas para luchar por sus hijos.
“Acá hay muchas mamás que se postergan, que necesitan conocer al gigante que se enfrentan. Y cuando uno comienza a conocer al gigante, cada una empieza a forjar armas para poder vencerlo. En mi caso es la fe. Lo demás es gracia de Dios”, sintetiza Carina.
En General Cabrera su historia es conocida y la comunidad toda acompaña con sus oraciones pidiendo por Milagros.
Los hijos que esperan y acompañan
Es en esa ciudad donde otros hijos de Carina esperan y entienden que su mamá hoy debe priorizar el cuidado de su hermana Milagros.
“Tengo otros tres hijos, Pablo de 30, Julián de 20, Lucas de 15, y Mili de 11 años. El más grande se casó hace unos años y había postergado la fiesta para cuando su hermana estuviera bien. La hizo hace poco. Los otros chicos están en Cabrera, nos separan 200 kilómetros. Entienden. Se las arreglan solos. Lucas está en tercer año del secundario. Pero todo chico necesita de la mamá, siempre, sea cualquiera su edad. El papá (Andrés) va una vez a la semana, pero debe estar en Córdoba con nosotras”, reflexiona Carina.
Admite que sus hijos más grandes deben seguir con sus vidas. “Tenemos un taller y los más grandes trabajan ahí. Esto es en paralelo; la vida de ellos continúa y nosotros estamos acá también”.
Las ganas de vivir
“Milagros tiene ganas de vivir. Nada de lo que hacemos sería posible si ella no quisiera”, agrega la mamá.
Desde aquel 2016 cuando un diagnóstico determinó el inicio de un duro tratamiento, hubo momentos de tregua y ahora nuevamente otra lucha. El primer diagnóstico cuando le determinaron leucemia linfática aguda fue hace cuatro años . “En el año 2016 tuvo una recaída en el sistema nervioso. En abril de 2017 le hicieron trasplante de médula (uno de sus hermanos fue su donante), y al año tuvo una recaída postrasplante y otra recaída más ahora”, detalla con precisión Carina Uriche.
En esta nueva internación, la pequeña de 12 años transitó una quimioterapia más agresiva y espera la chance para un nuevo trasplante, y serán su mamá o papá los donantes por tener compatibilidad del 50%.
Carina insiste en que las ganas de vivir de la nena y la fe todo lo pueden. “Por una cuestión de entender de que Dios está de nuestro lado, de tener la fe que nos mantiene de pie. Porque esto lo hablamos con ella. Esto no se puede hacer si ella no está de acuerdo. Y ella tiene ganas de seguir viviendo. Nosotros acompañamos, ella hizo todo”, subraya con énfasis esta mamá.
“La cuota de fe es lo más importante en estos tratamientos porque esto lo digo de manera personal . Creo que todos vamos a caer a los pies de Dios en algún momento. Soy creyente. Pero yo antes de que esto fuera mi último recurso, siempre fue el primero (la fe). Es donde tengo mis descargas. Puedo ser genuina, donde puedo decir cuáles son mis debilidades, en ese momento y lugar que es de rodillas. Luego me da la recuperación para seguir. Mantenerme firme en creer que todo es posible”, reflexiona.
Ya terminando el diálogo, Carina rescata el apoyo y acompañamiento de la gente, aún de aquellos que ni siquiera conoce. Y a modo de confidencia se anima a decir: “En Río Cuarto tengo un ángel. Una persona que no conozco personalmente, que supo de la historia de Milagros a través de la nota que salió en Puntal hace tiempo. Esa persona nos ayuda económicamente, siempre está, pero lo hace desde el total anonimato”, refiere.
Como mensaje final, esta mujer dice que hoy está en el lugar y el momento adecuados. “No nos resistimos, no desistimos y no nos rendimos, siempre que haya esperanza ahí estamos, al pie del cañón”.
Hoy, en el Día de la Madre, Carina espera la visita de sus otros tres hijos y nuera para celebrar la vida allí en la casa donde se alberga. En su habitación Mili la espera y de ella recibirá el mejor regalo: un beso y un interminable abrazo.
Patricia Rossia. Redacción Puntal