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13 minutos que reconfiguraron la realidad

El sorpresivo anuncio de Cristina escribió las reglas de juego de la próxima elección. Las consecuencias, sin embargo, son una incógnita. ¿El binomio con Fernández es una fórmula definitiva o una señal de convocatoria al diálogo al resto del peronismo? Por Marcos Jure

¿Fue una jugada maestra, de esas que no sólo generan un efecto sino que además garantizan un resultado? A diferencia de lo que puede ocurrir en el deporte, donde la acción y la consecuencia son casi inmediatas, la movida que ayer ejecutó Cristina Fernández necesita del paso del tiempo para ser juzgada integralmente. Podría ser una genialidad o su contrario; todo dependerá de lo que vaya ocurriendo en las próximas semanas y de lo que surja de las urnas.

Pero lo innegable, lo actual y ya concretado es que la decisión y su enunciación no sólo alteraron el escenario político sino que escribieron las reglas con las que, a partir de ahora, se jugará el juego. La instalación de Alberto Fernández como el candidato a presidente y de Cristina como su vice le devolvió a la expresidenta la centralidad y, además, por haberse animado a actuar antes que el resto y de manera tan fuerte, obligó a los demás a ensayar una reacción a partir de esa definición originaria, la suya.  

Cristina procedió a contracorriente de las tendencias actuales en política: no midió el escenario a través de encuestas y decidió sobre esa base sino que instaló un discurso -a través de un video de 13 minutos- que generó un hecho y reconfiguró la realidad. En política, se trata de lo performativo: de la capacidad de provocar una acción que modifique el entorno.

No son, por supuesto, demasiados los que pueden conseguirlo. Cristina, sí. Y no depende de la simpatía o el rechazo que genere su figura: se trata de una constatación.

En la última semana, hubo tres situaciones que derivaron en una reconfiguración del escenario político. Uno de ellos fue el aplastante triunfo de Juan Schiaretti en las elecciones cordobesas por más del 57 por ciento de los votos. Los otros dos fueron protagonizados por Cristina: uno fue su reaparición, después de más de 10 años, en el Partido Justicialista; el segundo, su anuncio de ayer.

Sin embargo, una de esas situaciones -la de Schiaretti- no estuvo empujada por una acción o un discurso propios sino que surgió de una determinación externa: la de los votantes. En el caso de Cristina, fueron exclusivamente movimientos motivados por una estrategia desencadenante.

Se trata de una jugada tan audaz y tan poco ortodoxa que es temerario referirse a ella con definiciones tajantes. El desconcierto que provocó es comprobable al repasar la variedad de análisis que se desataron ni bien se conoció la fórmula que competirá en las Paso.

Y así como se multiplicaron las interpretaciones también lo hicieron los interrogantes. ¿El binomio Fernández-Fernández es definitivo? ¿O más que una fórmula la dupla constituye una señal, una convocatoria?

Desde que el video apareció en YouTube, la atención se concentró en la conformación de la fórmula más que en el discurso que desarrolla Cristina. Allí, con estética de un extenso spot de campaña, la expresidenta plantea que la coyuntura del país es tan compleja y crítica que sólo puede afrontarse con un acuerdo amplio. Contiene en sí mismo un llamado a generar acuerdos. ¿Un mensaje para Alternativa Federal y los gobernadores y dirigentes que la conforman para confluir en una gran Paso? ¿O incluso se abre una posibilidad de discutir la unidad?

Cristina ya demostró que es capaz de correrse del puesto central y enunció que es necesario un acuerdo. No sería descabellado pensar que el lanzamiento de la fórmula se haya producido como una invitación a dialogar, a negociar con el resto del peronismo para conformar una opción única que enfrente al macrismo. Por algo el anuncio se hizo cuando falta todavía más de un mes para la inscripción de las listas de precandidatos para las primarias. Quedan más de cuatro semanas abiertas a la negociación.

¿Por qué resigna una candidatura una dirigente a la que las encuestas le pronostican incluso la posibilidad de ganar en primera vuelta, que ha demostrado vocación de poder y que lo ha ejercido, cuando fue presidenta, de manera férrea y sin concesiones? En ese punto también hay preguntas y especulaciones de todo tipo y color. Quien dio algunas pistas fue el propio Alberto Fernández, cuando les relató a medios de Buenos Aires que Cristina utilizó un argumento central para convencerlo: “Yo divido. Vos tenés diálogo con todos y te llevás bien con todos. Es posible que a mí me alcance para ganar la elección, pero después me va a ser muy difícil gobernar”.

Si esa secuencia ocurrió así -incluso lo insinúa Cristina en el video-, entonces la motivación estaría anclada más en la instancia de gobierno que en la de la competencia electoral. 

Esa frase es llamativamente parecida a una que el schiarettismo le adjudicó al papa Francisco.

Hace un mes, cuando la campaña cordobesa estaba en pleno desarrollo, Schiaretti les contó a los suyos que tenía la información certera de que Bergoglio se había comunicado con Cristina para pedirle que no fuera candidata a Presidenta. “Es probable que ganes, pero después no te van a dejar gobernar”, habrían sido las palabras del Pontífice, según postuló el gobernador.

Esa versión implicaba también que el Papa iba a instar a la oposición a terminar con la fractura y a conformar una opción no funcional a la continuidad de Macri.

Ayer, la decisión de Cristina de ir de vice tomó por sorpresa a Schiaretti. Sus colaboradores hicieron circular como respuesta que Alternativa Federal no tiene nada para decir de la fórmula de Unidad Ciudadana porque conforma otro espacio y que ya será el turno de dar a conocer su propia estrategia.

A mediados de semana, está previsto que Schiaretti se reúna con Urtubey, Massa, Pichetto, entre otros. ¿Qué puede salir de ese encuentro? Se trata de otra incógnita. A pesar de las palabras del gobernador, nadie descarta que la decisión contemple competir en una gran interna o de comenzar un diálogo. Las posibilidades están abiertas.

La estrategia de ese peronismo alternativo también dependerá del comportamiento del resto de los gobernadores. Si llega vaciado o menguado de adhesiones, no tendrá demasiadas alternativas más allá de sumarse en las mejores condiciones posibles.

La movida de Cristina también obliga al Gobierno y al oficialismo en general. ¿Será Macri el candidato? ¿Qué hará el radicalismo, ahora que está a las puertas de una convención clave en Parque Norte? 

Los escenarios electorales previos surgidos de las encuestas planteaban que Macri, debilitado hacia afuera y hacia adentro, sólo tenía posibilidades de reelección si Cristina iba como candidata a presidenta. Nunca se les ocurrió que pudiera ser la vice. 

Ahora, la realidad instituida por ella los empuja a recalcular.

De todas formas, la postulación de Alberto Fernández contiene vulnerabilidades. La primera es que, posiblemente, le permita al gobierno sostener el discurso de la grieta, aunque con otros condimentos: podría plantear que, en realidad, el kirchnerismo propone un candidato que carecería de poder real. Como consecuencia, lo habilitaría a tratar de seguir confrontando directamente con Cristina, su antagonista necesaria.

Pero uno de los aspectos más relevantes a dilucidar es si, llegado el momento y si se cae la posibilidad de un acuerdo con otros sectores del peronismo, el candidato es capaz de mantener plenamente los votos de Cristina, no sólo los más convencidos sino, principalmente, los que se fueron sumando en los últimos meses y que le permitieron a la expresidenta crecer hasta hacer tambalear al macrismo y causar un episodio de histeria en los mercados.

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