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Cena, campaña y el día después

Es una elección dominada por una cuota acotada de expectativas. En ese marco, Córdoba se ha transformado en un escenario fundamental de la disputa entre el macrismo y el kirchnerismo. Por Marcos Jure

A dos semanas de las Paso, la elección nacional aparece atravesada por una contradicción. El escenario está configurado con una polarización extrema pero, a la vez, los dos candidatos principales, Mauricio Macri y Alberto Fernández, no generan por sí mismos una alta expectativa. Su principal argumento es el otro. Si tienen al electorado dividido en dos es, principalmente, porque cada uno de ellos promete actuar más como un antídoto que como una solución.  

Macri como un camino para evitar que vuelva el kirchnerismo y, en especial, Cristina. Fernández para que Macri sea desalojado de una vez del poder. 

Qué van a hacer y cómo afrontarán los complejísimos meses y años que se vienen constituye una incógnita. Las campañas se asientan en la negatividad. Fernández destaca lo malo -que es mucho- que está haciendo Macri. Y el jefe de Estado, si bien en la publicidad tradicional muestra obras, por lo bajo, a través de grupos de WhatsApp y el trabajo de un ejército en las redes, despliega un enorme aparato que cumple con la función central de alimentar la grieta, de atacar y defenestrar todo lo que huela a kirchnerismo.

En ese escenario, Córdoba se ha convertido en un territorio fundamental. No sólo por su relevancia geográfica, poblacional y económica, sino porque es una provincia en donde prevalece lo emocional del voto, la expresión visceral de la grieta. Además, porque el gobernador Juan Schiaretti, que viene de  arrasar en su propia elección, juega al equilibrio, a pesar de que ha dados muestras de inclinación hacia la derecha.

En el peronismo cordobés -ni qué hablar del kirchnerismo- la foto de Schiaretti abrazado a Macri en un restorán cayó como una bomba: generó una gama de sentimientos que fueron de la decepción a la bronca.

Córdoba es hoy un enclave en disputa y ese trato que Schiaretti le dispensó al Presidente y del que privó a todos los demás candidatos, incluso al más identificado con el peronismo como Fernández, pareció blanquear sus preferencias y servir como tapón para evitar que más funcionarios y dirigentes sigan mostrándose abiertamente junto al candidato kirchnerista. El mandatario provincial tenía perfectamente claro qué interpretaciones iba a disparar su cena con el líder del Pro.

Pese a todo, cerca del gobernador aseguran que Schiaretti sigue siendo neutral y que en realidad está preparando el armado no para la Argentina electoral sino para la posterior, la que se encontrará con los problemas que seguirán presentes e ingentes después del resultado de las urnas. 

“El Gringo no puede pronunciarse. Primero, porque el 43% de sus votantes van a elegir a Macri. Segundo, porque el peronismo no está unido, es un desastre, y cuando tu partido está así lo único que te queda es resguardar tu feudo. Los feudos van a ser muy importantes después del 10 de diciembre”, explican en el Panal.  

En el schiarettismo remarcan que no sólo están desfilando los candidatos presidenciales por el Centro Cívico de Córdoba, sino que, también, hay reuniones con gobernadores. Uno de ellos fue, el mismo día que estuvo Macri, Omar Perotti, el mandatario electo de Santa Fe. 

Cerca de Schiaretti aseguran que en esos encuentros se está reeditando la liga de gobernadores, que tendrá una expresión legislativa después del 10 de diciembre y que será relevante tanto si gana Macri como si gana Alberto. “Los muchachos de La Cámpora van a querer comerle el hígado a Fernández y él se va a refugiar en los gobernadores”, pronostican.

Vaticinan que, cualquiera sea el presidente, tendrá meses y años duros por delante y que necesitará apoyo legislativo y político para poder gobernar. 

“Un diputado va a valer oro en los años que se vienen”, detallan. Y ese es, precisamente, el resultado que, al menos, esperan conseguir con la boleta corta, que ha sido golpeada en los últimos días por una serie de traspiés. Primero, la Justicia Electoral le negó a Hacemos por Córdoba el pedido de que hubiera en los cuartos oscuros boletas sólo con el tramo presidencial para que la gente pudiera combinar su voto con más facilidad. Segundo, le bajó la insólita app en la que el usuario decía a quién iba a votar para presidente -aquí alguien pasó por alto el pequeño detalle de que el voto es secreto- y podía pedir que le enviaran la boleta ya cortada y armada a su casa.

 En Hacemos por Córdoba aseguran que sus encuestas le dan mejor a la lista corta que a los diputados de Fernández, que orillarían el 11 por ciento. Sin embargo, en el PJ cordobés saben que, por cuestiones de operatividad, puede existir una diferencia no menor entre la intención de voto y la concreción del corte de boleta. 

El schiarettismo fundamenta su estrategia de no apoyar ni a unos ni a otros también en los sondeos. Sus propios números le dicen que hoy Macri obtendría el 52% en la provincia y Fernández el 24. 

Y si Córdoba atrae la atención y las visitas es, en parte, también por eso. Porque el Presidente espera estirar todo lo que pueda sus ventajas, y Fernández acortarlas a una distancia razonable. Para el kirchnerismo, llegar a los 30 puntos en la provincia sería un motivo de festejo.

Macri, que hizo una visita relámpago a Río Cuarto y que le dedicó al contacto con la prensa -del que suele jactarse- apenas 51 segundos, volverá a Córdoba, junto a Miguel Pichetto, para cerrar su campaña. Será el 7 de agosto.

Antes, a mediados de la semana que comienza, volverá Fernández, quien ya tuvo una recorrida inicial y que ahora visitará el sur, y específicamente Río Cuarto.

El candidato kirchnerista llega a un territorio francamente hostil, dominado por un rechazo a Cristina. Su objetivo serán los desencantados de Macri, que sufren la actualidad del modelo económico, para que concluyan que encarna algo distinto de lo anterior, que repetirá lo bueno y limará las aristas más ásperas del kirchnerismo.

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