Córdoba, otra vez fue una isla
Es la única provincia en la que ganó Macri. Schiaretti logró un buen resultado con la lista corta pero ahora deberá definir qué hace en el escenario naEs la única provincia en la que ganó Macri. Schiaretti logró un buen resultado con la lista corta pero ahora deberá definir qué hace en el escenario nacional: ¿mantendrá su prescindencia?cional: ¿mantendrá su prescindencia? Por Marcos Jure
Otra vez, Córdoba fue una isla. En medio de la ola de votos que favoreció al kirchnerismo, y que lo catapultó a un porcentaje impensado, fue la única provincia que se mantuvo, incólume, pintada de amarillo. Aquí, Mauricio Macri, que ayer recibió en el país un contundente voto castigo por la marcha de su gobierno, superó el 48 por ciento de los votos y le sacó 17,79 puntos a la lista de Alberto Fernández.
Ayer, durante todo el día, el kirchnerismo había alimentado la ilusión, en base a bocas de urna, de estrechar las diferencias a sólo 8 o 10 puntos. Esas encuestas demostraron estar equivocadas y el Frente de Todos debió conformarse con el objetivo inicial que se había fijado para la provincia donde Macri todavía parece ser Gardel: llegar al 30 por ciento.
Alberto alcanzó al 30,39.
De todas formas, así como en el 2015 fue decisiva, esta vez el macrismo de Córdoba fue irrelevante. Quedó sepultado por la montaña de votos que el Frente de Todos consiguió en Buenos Aires, en Santa Fe, en Jujuy, Tucumán y en el resto de las provincias, con más o menos magnitud. Juntos por el Cambio perdió incluso en Mendoza.
Si la política pudiera equipararse al fútbol, podría decirse que el resultado de ayer fue un partido saca-técnicos. Sin embargo, lo que está en juego es cómo transitará el país estos meses extraños en que tendrá un gobierno formal sin poder y otro que ni siquiera fue electo porque hasta ahora solamente ganó una primaria. La siutación es inédita y desafiante.
Córdoba, más allá de ostentar su título de kirchnerista, tenía un capítulo aparte: definir la suerte de la lista corta que diseñó el gobernador Juan Schiaretti cuando su intento de construir una tercera vía fracasó y no quiso acordar con el kirchnerismo ni alinearse con el macrismo. El resultado que obtuvo ayer en las urnas estuvo lejos de ser el desastre que más de uno vaticinaba al rememorar que una idea similar ejecutada por José Manuel de la Sota debió clausararse rápidamente después de las Paso de 2011, cuando sacó poco más del 6 por ciento de los votos.
La lista corta de Hacemos por Córdoba, encabezada por el riocuartense Carlos Gutiérrez, cosechó el 16,75 por ciento, una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que no iba colgada de ninguna candidatura presidencial y que la elección estaba fuertemente polarizada en la opción entre Alberto Fernández y Mauricio Macri.
Si el resultado de ayer se repite en octubre, que es cuando se decide la conformación del Legislativo, Hacemos por Córdoba se llevará dos bancas y cumplirá con su objetivo de máxima, que pasaba por renovar los dos escaños que en diciembre deberán abandonar Adriana Nazario y Juan Brügge.
En ese punto, Schiaretti salió airoso de un trance en el que él mismo decidió meterse.
Sin embargo, su dilema ahora no es hacia adentro de la provincia sino hacia afuera. ¿Qué hará a partir de hoy con respecto al escenario nacional? ¿Mantendrá su prescindencia por fuera de todo el peronismo nacional, que arrasó? ¿O buscará reacomodar el cuerpo para comenzar a tener relaciones cordiales con el gobierno que asumirá en diciembre?
Los casi 17 puntos de Schiaretti habrían valido una enormidad en el escenario electoral nacional si los números hubieran sido más acotados. Ahora, Fernández no los necesita porque consiguió de sobra el piso que se requiere para ganar en las generales de octubre. Por otra parte, por supuesto que no cabe en ningún escenario imaginable que el gobernador continúe abrazándose y cenando con Macri en su hora más negra.
Tiene dos opciones: o mantiene su lista corta y sigue sin inclinarse por nadie en el escenario nacional, con el riesgo que eso implica para la instancia de gobierno que se abrirá a partir de diciembre, o tiende puentes con Alberto Fernández.
Antes de las Paso, y cuando los 15 puntos de ventaja del Frente de Todos eran inimaginables, en el schiarettismo llegaban a la conclusión de que el país será sumamente complejo de gobernar en los próximos años y que, por lo tanto, a Fernández no le quedará otra opción que convocar a los mandatarios provinciales. No sólo porque necesitará firmar pactos y acordar leyes sino, además, porque debería recostarse en una estructura propia para no ser fagocitado por actores como La Cámpora.
El candidato del Frente de Todos ha planteado que será amplio y que espera sumar a Schiaretti en un futuro cercano.
El resultado de anoche reconfiguró el escenario. Fernández es otro. Es más de lo que era. Y todo depende de él.
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Ayer, durante todo el día, el kirchnerismo había alimentado la ilusión, en base a bocas de urna, de estrechar las diferencias a sólo 8 o 10 puntos. Esas encuestas demostraron estar equivocadas y el Frente de Todos debió conformarse con el objetivo inicial que se había fijado para la provincia donde Macri todavía parece ser Gardel: llegar al 30 por ciento.
Alberto alcanzó al 30,39.
De todas formas, así como en el 2015 fue decisiva, esta vez el macrismo de Córdoba fue irrelevante. Quedó sepultado por la montaña de votos que el Frente de Todos consiguió en Buenos Aires, en Santa Fe, en Jujuy, Tucumán y en el resto de las provincias, con más o menos magnitud. Juntos por el Cambio perdió incluso en Mendoza.
Si la política pudiera equipararse al fútbol, podría decirse que el resultado de ayer fue un partido saca-técnicos. Sin embargo, lo que está en juego es cómo transitará el país estos meses extraños en que tendrá un gobierno formal sin poder y otro que ni siquiera fue electo porque hasta ahora solamente ganó una primaria. La siutación es inédita y desafiante.
Córdoba, más allá de ostentar su título de kirchnerista, tenía un capítulo aparte: definir la suerte de la lista corta que diseñó el gobernador Juan Schiaretti cuando su intento de construir una tercera vía fracasó y no quiso acordar con el kirchnerismo ni alinearse con el macrismo. El resultado que obtuvo ayer en las urnas estuvo lejos de ser el desastre que más de uno vaticinaba al rememorar que una idea similar ejecutada por José Manuel de la Sota debió clausararse rápidamente después de las Paso de 2011, cuando sacó poco más del 6 por ciento de los votos.
La lista corta de Hacemos por Córdoba, encabezada por el riocuartense Carlos Gutiérrez, cosechó el 16,75 por ciento, una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que no iba colgada de ninguna candidatura presidencial y que la elección estaba fuertemente polarizada en la opción entre Alberto Fernández y Mauricio Macri.
Si el resultado de ayer se repite en octubre, que es cuando se decide la conformación del Legislativo, Hacemos por Córdoba se llevará dos bancas y cumplirá con su objetivo de máxima, que pasaba por renovar los dos escaños que en diciembre deberán abandonar Adriana Nazario y Juan Brügge.
En ese punto, Schiaretti salió airoso de un trance en el que él mismo decidió meterse.
Sin embargo, su dilema ahora no es hacia adentro de la provincia sino hacia afuera. ¿Qué hará a partir de hoy con respecto al escenario nacional? ¿Mantendrá su prescindencia por fuera de todo el peronismo nacional, que arrasó? ¿O buscará reacomodar el cuerpo para comenzar a tener relaciones cordiales con el gobierno que asumirá en diciembre?
Los casi 17 puntos de Schiaretti habrían valido una enormidad en el escenario electoral nacional si los números hubieran sido más acotados. Ahora, Fernández no los necesita porque consiguió de sobra el piso que se requiere para ganar en las generales de octubre. Por otra parte, por supuesto que no cabe en ningún escenario imaginable que el gobernador continúe abrazándose y cenando con Macri en su hora más negra.
Tiene dos opciones: o mantiene su lista corta y sigue sin inclinarse por nadie en el escenario nacional, con el riesgo que eso implica para la instancia de gobierno que se abrirá a partir de diciembre, o tiende puentes con Alberto Fernández.
Antes de las Paso, y cuando los 15 puntos de ventaja del Frente de Todos eran inimaginables, en el schiarettismo llegaban a la conclusión de que el país será sumamente complejo de gobernar en los próximos años y que, por lo tanto, a Fernández no le quedará otra opción que convocar a los mandatarios provinciales. No sólo porque necesitará firmar pactos y acordar leyes sino, además, porque debería recostarse en una estructura propia para no ser fagocitado por actores como La Cámpora.
El candidato del Frente de Todos ha planteado que será amplio y que espera sumar a Schiaretti en un futuro cercano.
El resultado de anoche reconfiguró el escenario. Fernández es otro. Es más de lo que era. Y todo depende de él.