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El país que no estaba preparado

La contundente victoria de Alberto Fernández descolocó al oficialismo y lo dejó más vulnerable ante una crisis que se agudizó. Se inicia una campaña atípica, entre la economía y la política. Por: Marcos Jure.

“Mirá, no sé si el país está preparado para el resultado que se viene el domingo”. La charla con el encuestador Gustavo Córdoba ocurrió el jueves previo a la elección. El oficialismo sostenía que estaba cada vez más cerca de Alberto Fernández y hasta se ilusionaba con un batacazo. 

Córdoba había hecho una serie de consultas con sus colegas de confianza y casi todos habían registrado un fenómeno similar: que los indecisos -o los que decían que lo eran- estaban volcándose masivamente hacia Fernández. Ese jueves, el encuestador sostenía que el Frente de Todos podía sacar hasta 12 puntos de ventaja y dejar al borde del nocaut a Macri y su gobierno y provocar el caos que, de hecho, se desató desde entonces.

Los puntos fueron en realidad 15,57 y, evidentemente, el país no estaba preparado para el resultado.

Macri era uno el viernes y fue otro después. En 72 horas pasó de ser un presidente que aun en medio de la crisis parecía llegar con chances de reelección a uno golpeado, castigado, deslegitimado, por quien nadie da dos pesos porque recibió un repudio tan profundo que es casi imposible imaginar un cambio de escenario que lo coloque con chances el 27 de octubre.

Al desastre del domingo se sumó el desastre del lunes, cuando un Macri alterado dio una conferencia de prensa inverosímil en la que le pidió al kirchnerismo, la fuerza ganadora, una autocrítica y les enrostró a los argentinos que si el dólar se había disparado era por culpa de ellos, que andaban votando alternativas disparatadas y repudiadas en el mundo. 

El Presidente, que en la campaña jamás se cruzó con una sola persona normal en un contexto no controlado, no podía comprender cómo la gente no había optado por su modelo racional y de bases sólidas. No asumía que lo que ocurrió en las Paso había sido una cachetada a una irracionalidad mayor: la de pensar que un modelo puede sostenerse sobre la base de dinamitar la calidad de vida de la mayoría de la población y de privarla de la perspectiva de futuro.

Después del shock inicial, el macrismo intentó recomponerse y prometió que dará pelea en octubre, a pesar de los pronósticos sombríos. “Aunque el poder actúe como si ya no estuviéramos, acá estamos”, dijo Macri, en un intento por construir una épica ante su tropa,  en la reunión ampliada de gabinete. 

Al menos en la pública, el gobierno de Cambiemos sostiene que no se da por vencido. En realidad, no tiene otra alternativa. Porque en octubre no solamente se juega la Presidencia, sino, además, la conformación del Congreso y, si es que no tiene inclinaciones hacia la autoextinción, está obligado a llegar lo menos vulnerable posible a la primera vuelta.

Se abre, desde lo político, un proceso interesante para presenciar: porque el oficialismo intentará rearmarse después de haber capitulado en todos los frentes. Deberá lidiar con una economía a la que paralizó, con una sociedad a la que deterioró y con una política que no comprendió. Si hubo un voto bronca por la crisis, desde el  lunes esa crisis se agudizó, lo que hace que la hipótesis de una remontada sea aún más lejana.

El domingo no sólo Macri y su modelo fueron derrotados. También lo fue una manera de concebir la política, ajena a la militancia y recostada exclusivamente en las nuevas tecnologías, las redes sociales y el Big Data.

Con el resultado puesto, en los grupos de WhatsApp, los dirigentes macristas ironizaban sobre la campaña: “No sé por qué perdimos -escribió sarcástico uno en WhatsApp- si mandamos un montón de memes y fotos de gatitos”.  

El propio Marcos Peña, ahora castigado y vapuleado, había dado instrucciones de descartar el trabajo territorial y centrarse solamente en las redes sociales. La realidad de Juntos por el Cambio fue sólo virtual hasta que se topó con las urnas.

Después de perder, el Gobierno aseguró que la derrota le había hecho comprender que para la gente es importante llegar a fin de mes, comer algo más que fideos y papas, poder comprarles ropa a los chicos o no vivir con el miedo de quedarse sin trabajo. Desde entonces arremetió con una batería de medidas que sólo servirán, en el mejor de los casos, para atenuar el impacto de un dólar que pasó de 46 a 58 pesos. Son decisiones a la desesperada y en lo político le quitan al Gobierno, que ya ha perdido casi todo, el último rastro de coherencia que podía quedarle. Aunque, por supuesto, la coherencia no parece ser una cuestión central en un contexto como el que enfrenta el oficialismo.

Las medidas pueden entenderse como un ensayo electoralista destinado a seducir a una porción del electorado que en algún momento lo acompañó y que en las Paso le soltó la mano. O pueden interpretarse también como un mecanismo de supervivencia: para que los alimentos, por ejemplo, no se hagan inalcanzables y no deriven en situaciones sociales de difícil control para un gobierno sumamente frágil. 

En crisis, las gestiones suelen tapar un agujero y destapar otro. Eso ocurrió con el recorte de Ganancias y la eliminación de IVA en alimentos esenciales, que golpea a las provincias y los municipios porque les quita coparticipación y los desfinancia aún más de lo que están. Córdoba, la única provincia que permaneció leal a Macri, resignará 3.200 millones de pesos.

Las quejas ya están multiplicándose.

En otro plano, el político, Córdoba tampoco será la que fue. En el schiarettismo aseguran que el gobernador se mantendrá neutral pero, por lo bajo, señalan que ya habría un acuerdo no escrito para que Hacemos por Córdoba pida en sus recorridas el voto por Alberto, además del acompañamiento a la lista corta. Así, el Frente de Todos podría llegar a los 40 puntos en octubre.

Lo que se viene en el país es una campaña atípica, en la que los candidatos deberán expresar sus diferencias tratando a la vez de no complicar aún más el frente económico. La grieta,  que tanto exacerbaron en los últimos meses, deberá por lo tanto resignificarse.

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