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La doctrina de la casa propia

Schiaretti llega de sus vacaciones en Italia. En Córdoba esperan por definiciones. El gobernador seguirá con Alternativa Federal y apostará a obtener el mejor resultado posible en la provincia. Por: Marcos Jure.

“¿Sabés si hay definiciones en Córdoba?”. Por estos días de incertidumbre esa es la pregunta que más se escucha en el peronismo de Río  Cuarto. Y es una pregunta que esconde una esperanza: que finalmente Juan Schiaretti no siga insistiendo con la vaciada Alternativa Federal y se sume a una estrategia para destronar a Mauricio Macri. 

Asientan su ilusión en el descontento que existe entre dirigentes y militantes por la negativa del schiarettismo de iniciar un diálogo con el kirchnerismo. Plantean que, por abajo, hay fugas, que intendentes y dirigentes están peregrinando hacia Buenos Aires para plantear que, en realidad, a pesar de la decisión del gobernador, ellos trabajarán por el triunfo de la fórmula Fernández-Fernández.

Sin embargo, todo parece indicar, si bien cualquier escenario es tentativo y provisorio, que se quedarán con las ganas.

Juan Schiaretti pisará hoy nuevamente suelo cordobés después de tomarse unas vacaciones y de disfrutar de las bellezas naturales e históricas de Italia, según el detallado relato del legislador Oscar González. Cuando aterrice, a horas de la fecha tope para inscribir las alianzas, lo estarán esperando con ansiedad.

Cerca del gobernador aseguran que no se saldrá del libreto que viene recitando, que seguirá con Alternativa Federal aunque ya casi no quede nada dentro de ese espacio. “Mirá, es como si encararas un proyecto ambicioso para construir un barrio completo. Si en el camino tus socios se van bajando, ¿vos qué hacés? Lo primero es asegurar tu propia casa, ¿no? Bueno, nosotros vamos a hacer eso: a tratar de resguardar Córdoba”, graficaron en el Panal.

Es decir, ni siquiera se postula como opción la búsqueda de otros socios, el sondeo de nuevos caminos para apuntar al objetivo más ambicioso.

Siguiendo ese razonamiento, Schiaretti iría con una lista de diputados colgada de la candidatura de Juan Manuel Urtubey, ya que el coqueteo con la idea de repetir la lista corta parece haber quedado en el olvido. El gobernador especula menos con resultados nacionales y apuesta exclusivamente a, por lo menos, salvar la ropa en la provincia. ¿Y qué sería salvar la ropa? Conservar las dos bancas que pone en riesgo en la Cámara de Diputados (terminan los mandatos de Adriana Nazario y de Juan Brügge).

En 2015, cuando obtuvo esas dos bancas, la lista del peronismo cordobés, que acompañaba la candidatura presidencial de Sergio Massa, se quedó con 20,4 puntos en la primera vuelta, que es cuando se define la conformación de las cámaras legislativas. ¿Puede repetir esa performance hoy, con un candidato endeble y alejado de cualquier posibilidad de triunfo, en un escenario que se encamina a la polarización y a exacerbar los sentimientos que ubican a los votantes a uno u otro lado de la grieta?

No parece ser, a esta altura, una meta sencilla de alcanzar.

Las explicaciones a la intransigencia de Schiaretti giran en torno a tres ejes. El primero señala que existiría un acuerdo con Mauricio Macri, que habría contemplado que el Presidente dividiría a Cambiemos en la provincia para facilitar la reelección del gobernador y que, a la vez, el cordobés sostendría Alternativa Federal para afectar las chances del kirchnerismo de volver al poder.

La segunda explicación apunta a lo relacional. Plantea que Schiaretti y Cristina se aborrecen y que entre todos sus males posibles, el gobernador aspira a exorcizar el que considera el peor: la posibilidad de tener que administrar con el kirchnerismo en la Casa Rosada. 

La tercera explicación tiene anclaje electoral y surge de las usinas schiarettistas. Cerca del mandatario sostienen que la conformación del voto del PJ cordobés hace que sea desaconsejable optar públicamente, al menos hoy, por Macri o por Fernández. “El 60 por ciento de los que votaron al Gringo acompañan a Macri, y el otro 40 son peronistas que se inclinarán por Fernández. Cualquier pronunciamiento implicaría defraudar a alguna de esas dos partes”, razonan en el schiarettismo.

Pero un interrogante válido es a quién decepciona hoy Schiaretti con su estrategia de sostener a Alternativa Federal contra viento y marea. Porque no es inocuo persistir en una tercera vía cuando el escenario parece planteado sólo para dos. Y, a juzgar por las reacciones, quienes se sienten contrariados son más que nada los peronistas que pretenden ver a Macri fuera del poder. Entienden que el gobernador, lejos de ser neutral, está siendo funcional a la persistencia del macrismo.

Esa misma decepción prefigura un riesgo futuro para Schiaretti. ¿Qué podría pasar si el presidente finalmente fuera Alberto Fernández? ¿Se vendrán otros cuatro años de una Córdoba vagando por el desierto, con todos los teléfonos cortados entre el Panal y la Casa Rosada? ¿Cómo cogobernará si prevalece la opinión de que jugó para Macri?

En el schiarettismo indican que el panorama cambió en las últimas dos semanas y que el triunfo de Alberto-Cristina en primera vuelta ya no es ineluctable. Y si la relación de fuerzas en esa instancia no es definitoria, es probable que en el Congreso tampoco haya mayorías abrumadoras. “Y en ese caso, ¿alguien puede creer que Macri va a poder prescindir de Schiaretti en una hipotética segunda gestión? ¿Y es posible imaginar a Alberto Fernández, cuando se vea obligado a renegociar la deuda o a aprobar un nuevo pacto fiscal, ignorando al gobernador de Córdoba y a sus diputados? Se vienen años difíciles y nadie va a poder darse el lujo de dejar de lado a un gobernador del peso del Gringo”, razonaron en el peronismo cordobés.

En ese condicionamiento impuesto por la realidad de un país en quiebra se cimienta la estrategia de Schiaretti. Tampoco para la provincia se avecinan meses calmos. La administración ha encarado, después de las elecciones, un proceso de ajuste de gastos que ya está dejando heridos. El nuevo esquema para los boletos sociales, con congelamiento de tarifas, amaga con convertirse en el primer foco de conflicto poselectoral.

La crisis de Macri parece haber inundado todas las islas.

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