“No te equivoques. El macrismo va a hacer cualquier cosa para seguir. Lo que sea”. La crisis económica ya arreciaba y empezaba a plantearse la duda sobre la capacidad política del Presidente de llegar al fin de su mandato. Un dirigente peronista, con llegada al corazón del poder, decía entonces que el diagnóstico de la salida anticipada era erróneo, que si un instinto básico de la política tiene incorporado el oficialismo nacional es el de la preservación del poder a cualquier precio.
En las horas vertiginosas del cierre de listas, y en los días previos, la coalición liderada por el Pro dejó de lado sus ropajes originarios y recurrió a cuanto recurso hiciera falta para tratar de imponerse en las elecciones de este año. La incorporación del peronista Miguel Angel Pichetto como compañero de fórmula de Mauricio Macri fue sólo el inicio: después continuó sumando más dirigentes de esa extracción, algunos incluso con elevado índice de impresentabilidad, y hasta recurrió a recursos procedentes de la más baja política para sacar de la pista a candidatos minoritarios, por ejemplo al economista José Luis Espert, que le disputan votos por derecha.
Como para no embarrarse de manera directa, dejó el trabajo sucio en manos de los nuevos socios peronistas -Pichetto estuvo a cargo de quitarle el sello a Espert a través de la incorporación de Alberto Asseff-, quienes a su vez no mostraron la más mínima incomodidad para ejecutar el mismo rol de siempre pero para un nuevo jefe.
En las últimas horas, y en ese esquema, volvió al ruedo un riocuartense antes notorio, ahora residual, que supo ocupar cargos de relevancia en el menemismo, que enfrentó escraches en su propio territorio de parte de una muchedumbre enardecida y que hoy apenas si se anima a recorrer las calles en las que creció, que enfrentó una investigación judicial por enriquecimiento ilícito y evasión fiscal de la que obviamente salió indemne, y que estuvo a punto de convertirse en Defensor del Pueblo de la Nación en 2017.
Humberto Roggero apareció en Crónica TV para estrenar su título de operador y armador de Pichetto y Macri en el interior del país. La entrevista, de 16 minutos, es imperdible, si es que se tiene la suficiente capacidad de resistencia. Con pose de jeque qatarí, el exdiputado y exembajador ensaya una justificación del pase de Pichetto -y el de él mismo- a las filas del macrismo. Dice que como el peronismo como entidad política ya no existe, los peronistas individuales están liberados para buscar su propio rumbo en su desaforada sed por prestarle servicios al país. Pero, además, plantea que en la pelea de octubre entra en disputa un país anclado en el pasado (el kirchnerista) y otro lanzado hacia el futuro (el macrista), uno estancado en la segunda revolución industrial, y otro decidido a entrar en la cuarta, con el impulso de la tecnología como redentora e inclusiva en el marco de un capitalismo moderno y con sentido social.
Se deduce que ese nuevo sesgo de un macrismo hasta ahora desconocido sería aportado por la incorporación de hombres como Pichetto, el propio Roggero, Miguel Ángel Toma o Eduardo Camaño. El riocuartense dice que la configuración actual del gobierno llegará hasta diciembre y que, desde entonces, deberá discutir las soluciones de los problemas con los peronistas asimilados, que por supuesto no aceptarán que el sacrificio esté cargado a la parte más vulnerable de la población.
Después de su obligada salida de la escena pública y de los capítulos judiciales que desató la denuncia de un antiguo colaborador de confianza (Cacho Aime), Roggero viene intentando reapariciones públicas. Quienes lo conocen señalan que ansía una reivindicación. No sólo el oro sino también el bronce.
El exhombre fuerte del peronismo riocuartense volvió a mostrarse en la asunción de Juan Manuel Llamosas en julio de 2016, y en 2017 casi llega a Defensor del Pueblo de la Nación de la mano del mismo Pichetto que hoy es candidato a vice de Macri y que ya entonces había cerrado un acuerdo con el Pro para darle a su amigo la tarea de batallar en favor de los desvalidos.
El arribo de Roggero a ese cargo se frustró por la negativa del kirchnerismo y de algunos gobernadores, entre ellos Juan Schiaretti, con quien en algún momento cosechó una relación cercana.
La nueva función del exdiputado es, según admitió en la entrevista, la de armador del peronismo macrista en el interior. Hasta ahora no se le han conocido incorporaciones rutilantes. Aunque su presencia en las filas del oficialismo nacional dispara diversas interpretaciones. La primera es, como ya se dijo, que la magnitud de la pelea que se avecina convenció al Gobierno de que debía despojarse de sus formas pensadas para diferenciarse porque se trata de una elección en la que vale todo.
Pero, además, la inclusión de alguien como Roggero, que reúne en un solo cuerpo todo lo que supuestamente está mal en la política actual, implica el abandono de un activo que el macrismo y sus socios decían tener: la supuesta superioridad moral con respecto al kirchnerismo.
Tal vez la exteriorización de Roggero como operador no le quite votos a Macri pero en un territorio que le dio más del 71% en 2015, el discurso de la transparencia por sobre la corrupción quedará seriamente afectado. ¿Cómo convivirán con el exdiputado los socios locales que dicen: está bien, los nuestros serán inútiles, pero los kirchneristas se robaron todo? ¿Cuál es la diferencia fundamental, al menos en la esfera del imaginario público, entre un Roggero y los nombres más execrados del kirchnerismo? ¿O cambiará la concepción del riocuartense medio ahora que el exdiputado se pasó al bando de la transparencia?
El peronismo cordobés -“El Gringo” prefiere hablar de peronista como entidad individual- siempre ha gravitado en los armados electorales del macrismo.
Ahora, el schiarettismo ha resuelto intentar salir de la encerrona en que se encontró por la implosión de Alternativa Federal recurriendo discursivamente al cordobesismo, que había enterrado en mayo, y recuperando electoralmente una herramienta riesgosa, que ya usó con resultados desastrosos en 2011: la lista corta. Los candidatos del gobernador no irán colgados de ningún postulante presidencial, lo que implica un desafío ingente en una elección hiperpolarizada como la que se aproxima. Por eso, la Provincia acaba de trasladarles la presión a sus intendentes: para que recorran casa por casa y busquen el milagro de tentar a la gente con un ensayo que vuelve a la vida sólo como una vía para salvar a Schiaretti del sofocón.
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Como para no embarrarse de manera directa, dejó el trabajo sucio en manos de los nuevos socios peronistas -Pichetto estuvo a cargo de quitarle el sello a Espert a través de la incorporación de Alberto Asseff-, quienes a su vez no mostraron la más mínima incomodidad para ejecutar el mismo rol de siempre pero para un nuevo jefe.
En las últimas horas, y en ese esquema, volvió al ruedo un riocuartense antes notorio, ahora residual, que supo ocupar cargos de relevancia en el menemismo, que enfrentó escraches en su propio territorio de parte de una muchedumbre enardecida y que hoy apenas si se anima a recorrer las calles en las que creció, que enfrentó una investigación judicial por enriquecimiento ilícito y evasión fiscal de la que obviamente salió indemne, y que estuvo a punto de convertirse en Defensor del Pueblo de la Nación en 2017.
Humberto Roggero apareció en Crónica TV para estrenar su título de operador y armador de Pichetto y Macri en el interior del país. La entrevista, de 16 minutos, es imperdible, si es que se tiene la suficiente capacidad de resistencia. Con pose de jeque qatarí, el exdiputado y exembajador ensaya una justificación del pase de Pichetto -y el de él mismo- a las filas del macrismo. Dice que como el peronismo como entidad política ya no existe, los peronistas individuales están liberados para buscar su propio rumbo en su desaforada sed por prestarle servicios al país. Pero, además, plantea que en la pelea de octubre entra en disputa un país anclado en el pasado (el kirchnerista) y otro lanzado hacia el futuro (el macrista), uno estancado en la segunda revolución industrial, y otro decidido a entrar en la cuarta, con el impulso de la tecnología como redentora e inclusiva en el marco de un capitalismo moderno y con sentido social.
Se deduce que ese nuevo sesgo de un macrismo hasta ahora desconocido sería aportado por la incorporación de hombres como Pichetto, el propio Roggero, Miguel Ángel Toma o Eduardo Camaño. El riocuartense dice que la configuración actual del gobierno llegará hasta diciembre y que, desde entonces, deberá discutir las soluciones de los problemas con los peronistas asimilados, que por supuesto no aceptarán que el sacrificio esté cargado a la parte más vulnerable de la población.
Después de su obligada salida de la escena pública y de los capítulos judiciales que desató la denuncia de un antiguo colaborador de confianza (Cacho Aime), Roggero viene intentando reapariciones públicas. Quienes lo conocen señalan que ansía una reivindicación. No sólo el oro sino también el bronce.
El exhombre fuerte del peronismo riocuartense volvió a mostrarse en la asunción de Juan Manuel Llamosas en julio de 2016, y en 2017 casi llega a Defensor del Pueblo de la Nación de la mano del mismo Pichetto que hoy es candidato a vice de Macri y que ya entonces había cerrado un acuerdo con el Pro para darle a su amigo la tarea de batallar en favor de los desvalidos.
El arribo de Roggero a ese cargo se frustró por la negativa del kirchnerismo y de algunos gobernadores, entre ellos Juan Schiaretti, con quien en algún momento cosechó una relación cercana.
La nueva función del exdiputado es, según admitió en la entrevista, la de armador del peronismo macrista en el interior. Hasta ahora no se le han conocido incorporaciones rutilantes. Aunque su presencia en las filas del oficialismo nacional dispara diversas interpretaciones. La primera es, como ya se dijo, que la magnitud de la pelea que se avecina convenció al Gobierno de que debía despojarse de sus formas pensadas para diferenciarse porque se trata de una elección en la que vale todo.
Pero, además, la inclusión de alguien como Roggero, que reúne en un solo cuerpo todo lo que supuestamente está mal en la política actual, implica el abandono de un activo que el macrismo y sus socios decían tener: la supuesta superioridad moral con respecto al kirchnerismo.
Tal vez la exteriorización de Roggero como operador no le quite votos a Macri pero en un territorio que le dio más del 71% en 2015, el discurso de la transparencia por sobre la corrupción quedará seriamente afectado. ¿Cómo convivirán con el exdiputado los socios locales que dicen: está bien, los nuestros serán inútiles, pero los kirchneristas se robaron todo? ¿Cuál es la diferencia fundamental, al menos en la esfera del imaginario público, entre un Roggero y los nombres más execrados del kirchnerismo? ¿O cambiará la concepción del riocuartense medio ahora que el exdiputado se pasó al bando de la transparencia?
El peronismo cordobés -“El Gringo” prefiere hablar de peronista como entidad individual- siempre ha gravitado en los armados electorales del macrismo.
Ahora, el schiarettismo ha resuelto intentar salir de la encerrona en que se encontró por la implosión de Alternativa Federal recurriendo discursivamente al cordobesismo, que había enterrado en mayo, y recuperando electoralmente una herramienta riesgosa, que ya usó con resultados desastrosos en 2011: la lista corta. Los candidatos del gobernador no irán colgados de ningún postulante presidencial, lo que implica un desafío ingente en una elección hiperpolarizada como la que se aproxima. Por eso, la Provincia acaba de trasladarles la presión a sus intendentes: para que recorran casa por casa y busquen el milagro de tentar a la gente con un ensayo que vuelve a la vida sólo como una vía para salvar a Schiaretti del sofocón.

