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Matanzas futuras y codazos presentes

El paso de Carrió por Córdoba, y especialmente por Río Cuarto, donde pronosticó un baño de sangre y profirió amenazas, le dio visibilidad a Negri durante los últimos días pero desde la negatividad. Así, el efecto electoral es, al menos, dudoso. Por Marcos Jure

Juan Schiaretti consiguió el que fuera, tal vez, el principal objetivo de su campaña: que el tiempo pasara sin sobresaltos, casi sin notarse, como si su reelección fuera más un trámite que una disputa por el poder en una de las provincias más relevantes del país.

Al principio, hizo modificar la ley para adelantar la fecha y sacar ventaja pero cuando Cambiemos se quebró y el panorama se hizo menos complejo puso en ejecución una campaña que, en su construcción, prescinde de la existencia de los demás candidatos. Hoy, a sólo una semana de la elección, nada ni nadie ha obligado al gobernador a variar su plan de juego original.

Con alta imagen positiva, al frente no tiene un rival sino dos, lo que en política, en contra de lo que puede ocurrir en otras actividades, suele ser beneficioso para los oficialismos. Y hasta tuvo la suerte de que ni Mario Negri ni Ramón Mestre, de Córdoba Cambia y la UCR respectivamente, lograron imponerse uno sobre otro. Según las encuestas, ese voto opositor identificado con Cambiemos se dividió exactamente en dos, lo que desdibuja a sus figuras y, por lo tanto, a las potenciales amenazas.

Tienen apenas cinco días para quebrar esa dualidad.

Quien hizo esfuerzos más pronunciados por instalarse en el escenario como el antagonista principal fue Negri, quien viene sosteniendo en los actos y en las redes que ya sólo quedan dos en carrera. Sin embargo, se trata más de un intento de entusiasmo que de una realidad. En los hechos, el portavoz de Mauricio Macri en el Congreso no pudo articular un discurso convincente que incomodara a Schiaretti o que se instalara como un contramodelo potencial de poder provincial.

Su discurso parece haberse ideado siguiendo una máxima de Jaime Durán Barba: nunca digas cómo pensás hacer lo que jurás que vas a hacer. 

Negri traza un diagnóstico de provincia cuasi catastrófico, con hospitales que no funcionan, inseguridad campante, cuentas en estado desesperante, droga e inseguridad en cada esquina, educación deficiente. Su diagnóstico puede compartirse o no -de hecho algunas de sus críticas son certeras- pero un candidato no gana en verosimilitud si dice, simplemente, que hará lo contrario. Más aún si, por ejemplo, cuando se trata de la presión fiscal su antecedente más reciente es formar parte de un gobierno nacional que elevó hasta un 1.300 por ciento las tarifas de los servicios e hizo crecer en un 66,4% la cantidad de trabajadores que pagan Ganancias.

En el plan de campaña de Negri aparecía una figura siempre controvertida pero notoria de la política nacional: Elisa Carrió. La diputada debutó en Córdoba con una frase que provocó un vendaval -“Gracias a Dios se murió De la Sota”- y, lejos de reducir su intensidad después de ese traspié, llegó a Río Cuarto igual de vehemente:  ante la prensa, empezó a describir complicidades políticas con el narcotráfico y a vaticinar un baño de sangre generalizado entre los riocuartenses como consecuencia de una guerra implacable entre bandas. Aseguró que ella, chaqueña asentada en Buenos Aires, había venido a abrirle los ojos a la capital alterna, cansada de tanto mutismo. Hasta que, para desbaratar tanto silencio, le pidieron nombres y ahí reaccionó con hostilidad y, en vez de identificar a los políticos narcos, se dedicó a pronosticar desgracias filiales a periodistas. 

El desenfreno de la líder de la Coalición Cívica motivó que su amigo Negri, poniendo cara de desentendido, le propinara un buen número de codazos que pretendieron ser discretos pero que se vieron a kilómetros de distancia. 

En minutos, no sólo Córdoba sino el país hablaban de las amenazas de Carrió y de los correctivos de Negri. En ese punto, hay que reconocerle a Córdoba Cambia que se instaló en el centro de la escena, un objetivo que suelen perseguir los candidatos con desesperación. “Lo importante es que hablen de vos a cualquier precio”, decía una máxima de la política que, en más de un caso, demostró ser equivocada a la hora de conseguir votos.

No hay que perder de vista que Carrió estuvo en Córdoba no para conseguir minutos en los medios -o no sólo para eso- sino para traccionarle votos a Negri. Y lo que obtuvo fue una centralidad pero negativa. 

El candidato de Córdoba Cambia consiguió que hablaran de él pero no precisamente en términos positivos. Por ejemplo, apareció en Animales Sueltos dando explicaciones sobre si le había dado codazos a Carrió para evitar que hiciera denuncias comprometedoras. Ese solo eje evidenciaba una contradicción entre el discurso y la imagen: la diputada decía que no había que callarse nada y su colega pugnaba por lo contrario. 

Cada una de sus apariciones mediáticas se condujo por esos carriles. 

Lo que sí logró la dupla Carrió-Negri fue instalar la idea de que en Córdoba el narcotráfico es un problema de mayor dimensión que en el resto del país, al menos equiparable a Santa Fe. Sin embargo, el ámbito geográfico de esa instalación fue Buenos Aires, lo que en el plano electoral es de dudosa eficacia, ya que el público que votará el próximo domingo es cordobés.

A la hora de enumerar flagelos sociales, no es desacertado pivotear sobre los efectos del narcotráfico en la provincia. Y también es verdad que el oficialismo ha padecido una sucesión de capítulos turbios por los vínculos explícitos de la droga con cúpulas policiales. Incluso, recientemente en Río Cuarto hubo dos jefes implicados, detenidos o juzgados -son los casos de Gustavo Oyarzábal y Leonardo Hein- por sus vínculos con traficantes.

Sin embargo, Negri y Carrió soslayaron que, a esta altura, no deberían ser simples diagnosticadores sino que, como miembros del gobierno nacional, integran el ámbito que tiene la competencia principal en el combate al narcotráfico.

Y, desde las fuerzas federales, poseen además los medios necesarios para investigar, desnudar y denunciar las complicidades políticas, en vez de hablar genéricamente de ellas 10 días antes de una elección.

El paso de Carrió expuso no sólo las falencias discursivas y de campaña de Córdoba Cambia sino además una actitud presente en Negri y en los suyos. En vez de sondear argumentos para mejorar su performance electoral, los están buscando para explicar una derrota. Y han encontrado en el periodismo a uno de los culpables.

Las críticas que desató la actuación de Carrió fueron adjudicadas, entre otras causas, a una visión machista, a la tendencia a descalificar a una mujer que se planta y dice verdades. Pero anclarse en esa explicación es simplista o reduccionista. La actitud hacia la líder de la Coalición Cívica no parece estar motivada -no al menos en la mayoría de los casos- por cuestiones de género sino principalmente por sus posicionamientos políticos. La predisposición negativa está anclada en que se ha convertido en justificadora irritantemente jocosa de las más flagrantes inequidades del gobierno nacional. Lo ha hecho de un modo revulsivo, provocador, con frases como que las crisis económicas son divertidas o que la gente debe dejar de andar quejándose tanto porque no le alcanza para comer. Una figura política así, hombre o mujer, puede despertar un sinnúmero de sentimientos, menos simpatía.

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