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Un armador en problemas

El debut de Schiaretti como líder de alcance nacional se encontró con múltiples dificultades. La persistencia de Alternativa Federal es una incógnita. Cómo juega en el esquema del macrismo. Por: Marcos Jure.
Ocho días después del sorpresivo anuncio, la fórmula entre Alberto y Cristina Fernández parece mantener en el desconcierto a los demás aspirantes a la Casa Rosada. La movida kirchnerista les ha acelerado los tiempos pero han respondido, como en esas antiguas películas de enredos, corriendo a lo loco, chocándose entre sí, yendo y viniendo, subiendo y bajándose a candidaturas o internas pero sin asomo de encontrarle por ahora una salida al laberinto en el que parecen haber quedado encerrados.     

Las primeras encuestas que se hicieron después de que Cristina se autocandidateara como vice permiten una comprobación. Provisional y mutable, por supuesto, pero comprobación al fin: la dupla encabezada por Alberto Fernández no perdió puntos con respecto a la intención de voto que originalmente tenía la expresidenta; es más, hasta le sumó en algunos escenarios. El riesgo de la mengua de adhesiones, que era uno de los principales, por el momento se habría disipado.

Los sondeos, como el de Gustavo Córdoba, que ponen hoy como presidente a Alberto Fernández en primera vuelta, también podrían comenzar a tener efectos en los alineamientos políticos de distintos dirigentes o sectores. Ahí, la “primereada” del kirchnerismo también alcanzaría efectividad. Los gremios incluidos en la CGT, que abandonaron a Roberto Lavagna a su suerte y ahora piden un acuerdo de todo el peronismo, están dando una pauta en esa dirección. El aura de triunfalismo suele ser tentadora en política.

El kirchnerismo ya mostró sus fichas, que no excluyen una negociación; al contrario, la habilitan. De ahí que no haya anunciado candidatos en distritos clave, como la provincia de Buenos Aires. Hasta ahora, exterioriza un manejo de la situación.

El otro agrupamiento con predominancia peronista, Alternativa Federal, fue la contracara: allí prevalece la confusión. 

Primero, porque está aquejado por contradicciones básicas. La principal es con su propio nombre: las definiciones de la mayoría de los gobernadores justicialistas, que emigraron hacia la fórmula Fernández-Fernández o están próximos a hacerlo, hacen que hoy Alternativa Federal no sea percibida ni como una alternativa ni tenga una configuración federal -sólo Córdoba y Salta mantienen representación en ese espacio-. 

Pero más allá de sus complicaciones prácticas a la hora de constituirse como fuerza política, también carece de un esbozo de identidad: su anclaje en un supuesto 50% que no es ni macrista ni kirchnerista lo convierte en un híbrido. Si fuera verdad que la mitad de la gente preferiría una opción que la aleje de la grieta, también lo es que no encuentra en el PJ alternativo esa pretendida superación. Por si fuera poco padece un déficit hoy irresoluble: no ha encontrado candidatos seductores que consigan posicionarse de igual a igual con las otras dos expresiones político-electorales.

Una pregunta adicional vinculada a la identidad de Alternativa Federal es si verdaderamente se ubica fuera de la grieta o si solamente se trata de una simulación. Un actor a analizar es, por supuesto, el gobernador Juan Schiaretti, que viene de obtener un triunfo arrasador en la provincia el 12 de mayo pero que en la semana pasada padeció múltiples y profundas complicaciones para comenzar a ejercer como un líder de alcance nacional. Su debut como armador de Alternativa Federal fue, cuanto menos, discretísimo.

En la noche del 12 de mayo, después de sacarle casi 40 puntos a Mario Negri, Schiaretti hilvanó definiciones de fondo sobre el rol del Estado, del mercado, del peronismo, del republicanismo y pareció construir en el discurso los lineamientos fundamentales de una tercera opción con elementos que lo distanciaban tanto del macrismo como del kirchnerismo.

Sin embargo, en el plano concreto, los primeros pasos de Schiaretti se leyeron más como acciones funcionales a Macri que como una verdadera pretensión de erigir una fuerza dentro del peronismo capaz de disputar el poder.

Schiaretti se reunió con el Presidente en la Casa Rosada y se abrazó a él como si sus realidades estuvieran intercambiadas: el gobernador no apareció en las fotos como el nuevo hombre fuerte revalidado por una lluvia de votos sino como su contrario. 

Desde el macrismo trascendió que el Gobierno pretende que Alternativa Federal se refuerce para mantener dividida a la oposición e incrementar sus chances de reelección. Sin embargo, a Schiaretti no le está resultando sencillo. Por la ausencia de figuras y porque los últimos convocados a la desesperada -Daniel Scioli y Marcelo Tinelli- prefirieron declinar la invitación. Por si fuera poco, Lavagna ha incurrido en un divismo que no se corresponde con sus votos. Ha cambiado tantas veces de postura en tan pocos días -pasó de una supuesta presencia en la reunión de Alternativa Federal a decir que clausuraba la puerta a esa opción, para desdecirse 12 horas después y volver a enojarse luego- que privó de seriedad a su postulación. 

La sostenibilidad del PJ Federal depende ahora de una serie de voluntades. De la de Sergio Massa, por ejemplo, que el 30 anunciará qué hace con su vida y sus 12 puntos en las encuestas. Schiaretti pretende retenerlo; el kirchnerismo lo imagina como gobernador de Buenos Aires.

Si llega semivacío a los primeros días de junio, esa porción del PJ deberá posicionarse abiertamente a uno u otro lado de la grieta. El gobierno, a través de Rogelio Frigerio, no descartó un acuerdo con Alternativa Federal.

¿Se animaría Schiaretti a dar semejante paso? En el justicialismo cordobés ya hay ruido por la ambivalencia y la funcionalidad que ha ejercido el mandatario cordobés. El delasotismo, por ejemplo, ha planteado puertas adentro que esta vez, a diferencia de 2015, no está dispuesto a ser facilitador de las pretensiones de Macri.

En el confuso e impredecible panorama nacional aún falta también que mueva el Gobierno. Los rumores y las presiones brotan de a decenas, fogoneadas por la debilidad del Presidente y el desastre de la economía.

Pero la efectividad de esas alquimias encuentra un límite difícil de franquear. El oficialismo ya no despierta expectativas de recuperación. ¿Qué esperar de él en un supuesto próximo período? Aún con sus considerables flancos débiles, la dupla Fernández-Fernández puede obtener un diferencial en ese sentido: en alimentar una expectativa de doble temporalidad. Anclado en el pasado reciente, tiene la posibilidad de prometer, con cierto grado de verosimilitud, que ese estado de cosas podría repetirse en un futuro no demasiado lejano. 

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