Una implosión que dejó heridos
Después de la pausa obligada por la inundación, el intendente Martín Gill volvió a la carga con los proyectos para la construcción de infraestructura deportiva. Y siguió convocando a representantes de instituciones, a quienes les explicó una y otra vez lo del nuevo Salón de los Deportes en lugar del actual, y también la idea de la ciudad deportiva a cambio de Plaza Ocampo.
Por un lado, sigue al frente del trabajo de construir el consenso para las iniciativas, y por otro, en la presión para que el hasta ahora único proyecto que llegó al Deliberante, que es el del Salón de los Deportes, empiece a transitar el camino legislativo. Tanto presionó para lograr que tenga esta semana aprobación en primera lectura que hubo una explosión. O mejor dicho implosión. Porque el estallido fue para adentro. Para adentro del Concejo Deliberante, para el interior de cada uno de los bloques, aunque es el oficialismo el que más tiene para perder porque quedaron varios heridos.
Gill logró el objetivo, aunque tuvo que ceder la figura de iniciativa privada con contratación directa -ahora modificada- para permitir que se puedan presentar otras ofertas que puedan mejorar la propuesta presentada. Y esto sólo para dar el primer paso, todavía falta la audiencia pública y la segunda lectura para la aprobación definitiva.
Esto y los plazos que fija la normativa introducen el interrogante sobre si para agotar el tratamiento legislativo alcanzan los días que faltan para que se termine el período de sesiones ordinarias, si la continuidad del trámite legislativo tendrá que darse con convocatoria a sesión extraordinaria o si se dejará en pausa hasta marzo del año que viene, cuando comience el nuevo período, ya inaugurado el 2019 electoral. Y además plantea la duda sobre cuándo se remitirá el proyecto de ciudad deportiva.
Como se dijo en esta columna semanas atrás, el intendente decidió jugar fuerte con estos temas, aún con el riesgo de que no lograr el objetivo esmerile su poder.
Esta actitud casi temeraria resulta sorprendente al menos por tres aristas:
1- Sorprende que haya definido poner en agenda un tema que sabía que iba a despertar fuertes polémicas, es cierto que sobreactuadas por algunos dirigentes en estas épocas preelectorales. Pero el canje de bienes públicos por infraestructura deportiva es un tipo de iniciativa que no quedó con el mejor de los recuerdos en la memoria colectiva.
2- Si no se presentan claramente los números, habilitará discursos que ponen en eje las dudas que siempre despiertan estas obras por canje, por los costos de una y otra inversión, donde aparecen los privados como los que se llevan la mejor parte, sea así o no.
3- Evidencia en forma inequívoca que no todos los concejales le responden. Pero igual decidió continuar, cuando sabe que la interna en su propio bloque está al rojo vivo, y que ahora quedó en un momento aún más complicado, encima cuando todavía no tiene votados ni presupuesto ni tarifaria.
En la frustrada sesión del jueves en el oficialismo no la pasaron bien; es cierto que las internas de la bancada no aparecen ahora, pero ahora los concejales hacen menos esfuerzo para disimularlas. Son un secreto a voces que los propios ediles admiten por lo bajo y ahora también por lo alto.
El jueves eran tres las mujeres no dispuestas a votar el proyecto si no se avanzaba en modificaciones que incluyeran la licitación pública: Verónica Navarro y Rosana Suescum. Y a esa postura se sumó Mónica Lazos.
Para el viernes, tras el cuarto intermedio y los cambios que cedió el Ejecutivo, el oficialismo acompañó el proyecto, pero sin el voto de Navarro que llegó, se sentó en su banca, y al momento de tratar el proyecto se levantó y se fue. Como para que quede claro cuál era su postura.
También hay que decir que la mujer es pareja del exintendente Eduardo Accastello, fue secretaria de Economía en la anterior gestión y es referente de Somos Villa María, el espacio desde el cual el anterior jefe comunal busca hacerse fuerte, planteando ya un eslogan de campaña para proponer una segunda transformación para la ciudad.
En el bloque de la oposición las jugadas estuvieron claras con mayor anticipación; Karina Bruno avisó su disposición a votar la propuesta en primera lectura y fundó su decisión en que es su obligación como concejal, porque de esa forma se habilita la posibilidad de escuchar a todos los sectores. Y levantó la mano escudada en esa postura.
También levantó la mano Delfín Polack en un paso que lo dejó frente a frente con sus propias contradicciones y que lo mostró borrando con el codo lo que años antes había escrito con la mano. Porque paradójicamente fue él quien, como dirigente del Frente Cívico y en labor conjunta con Jorge Valinotto y Omar Rabaglio, en el anterior intento de canje de la “Placita” por el estadio judicializó el tema, demoró el proceso, y aunque después el Tribunal Superior de Justicia le dio la razón al accastellismo, esa espera fue uno de los motivos que hirió de muerte al proyecto junto con los vaivenes económicos del país. Ahora que tenía la oportunidad de ratificar esa postura, la cambió. Y no lo explicó, al menos no lo hizo en el recinto legislativo durante el debate.
En la previa a la sesión del jueves, la titular de la bancada, Gisele Machicado, había advertido sobre la posición que iban a tomar sus pares, habló de "cimbronazo" hacia el interior del bloque, además de hacer público su malestar.
Lo cierto es que para adentro el bloque ya no funciona como tal.
Así las cosas, las próximas semanas serán claves para el futuro de los proyectos de infraestructura deportiva, pero también lo serán para la mentada unidad del peronismo villamariense y de cualquier intento opositor.
Mariana Corradini. Redacción Puntal Villa María.
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Por un lado, sigue al frente del trabajo de construir el consenso para las iniciativas, y por otro, en la presión para que el hasta ahora único proyecto que llegó al Deliberante, que es el del Salón de los Deportes, empiece a transitar el camino legislativo. Tanto presionó para lograr que tenga esta semana aprobación en primera lectura que hubo una explosión. O mejor dicho implosión. Porque el estallido fue para adentro. Para adentro del Concejo Deliberante, para el interior de cada uno de los bloques, aunque es el oficialismo el que más tiene para perder porque quedaron varios heridos.
Gill logró el objetivo, aunque tuvo que ceder la figura de iniciativa privada con contratación directa -ahora modificada- para permitir que se puedan presentar otras ofertas que puedan mejorar la propuesta presentada. Y esto sólo para dar el primer paso, todavía falta la audiencia pública y la segunda lectura para la aprobación definitiva.
Esto y los plazos que fija la normativa introducen el interrogante sobre si para agotar el tratamiento legislativo alcanzan los días que faltan para que se termine el período de sesiones ordinarias, si la continuidad del trámite legislativo tendrá que darse con convocatoria a sesión extraordinaria o si se dejará en pausa hasta marzo del año que viene, cuando comience el nuevo período, ya inaugurado el 2019 electoral. Y además plantea la duda sobre cuándo se remitirá el proyecto de ciudad deportiva.
Como se dijo en esta columna semanas atrás, el intendente decidió jugar fuerte con estos temas, aún con el riesgo de que no lograr el objetivo esmerile su poder.
Esta actitud casi temeraria resulta sorprendente al menos por tres aristas:
1- Sorprende que haya definido poner en agenda un tema que sabía que iba a despertar fuertes polémicas, es cierto que sobreactuadas por algunos dirigentes en estas épocas preelectorales. Pero el canje de bienes públicos por infraestructura deportiva es un tipo de iniciativa que no quedó con el mejor de los recuerdos en la memoria colectiva.
2- Si no se presentan claramente los números, habilitará discursos que ponen en eje las dudas que siempre despiertan estas obras por canje, por los costos de una y otra inversión, donde aparecen los privados como los que se llevan la mejor parte, sea así o no.
3- Evidencia en forma inequívoca que no todos los concejales le responden. Pero igual decidió continuar, cuando sabe que la interna en su propio bloque está al rojo vivo, y que ahora quedó en un momento aún más complicado, encima cuando todavía no tiene votados ni presupuesto ni tarifaria.
En la frustrada sesión del jueves en el oficialismo no la pasaron bien; es cierto que las internas de la bancada no aparecen ahora, pero ahora los concejales hacen menos esfuerzo para disimularlas. Son un secreto a voces que los propios ediles admiten por lo bajo y ahora también por lo alto.
El jueves eran tres las mujeres no dispuestas a votar el proyecto si no se avanzaba en modificaciones que incluyeran la licitación pública: Verónica Navarro y Rosana Suescum. Y a esa postura se sumó Mónica Lazos.
Para el viernes, tras el cuarto intermedio y los cambios que cedió el Ejecutivo, el oficialismo acompañó el proyecto, pero sin el voto de Navarro que llegó, se sentó en su banca, y al momento de tratar el proyecto se levantó y se fue. Como para que quede claro cuál era su postura.
También hay que decir que la mujer es pareja del exintendente Eduardo Accastello, fue secretaria de Economía en la anterior gestión y es referente de Somos Villa María, el espacio desde el cual el anterior jefe comunal busca hacerse fuerte, planteando ya un eslogan de campaña para proponer una segunda transformación para la ciudad.
En el bloque de la oposición las jugadas estuvieron claras con mayor anticipación; Karina Bruno avisó su disposición a votar la propuesta en primera lectura y fundó su decisión en que es su obligación como concejal, porque de esa forma se habilita la posibilidad de escuchar a todos los sectores. Y levantó la mano escudada en esa postura.
También levantó la mano Delfín Polack en un paso que lo dejó frente a frente con sus propias contradicciones y que lo mostró borrando con el codo lo que años antes había escrito con la mano. Porque paradójicamente fue él quien, como dirigente del Frente Cívico y en labor conjunta con Jorge Valinotto y Omar Rabaglio, en el anterior intento de canje de la “Placita” por el estadio judicializó el tema, demoró el proceso, y aunque después el Tribunal Superior de Justicia le dio la razón al accastellismo, esa espera fue uno de los motivos que hirió de muerte al proyecto junto con los vaivenes económicos del país. Ahora que tenía la oportunidad de ratificar esa postura, la cambió. Y no lo explicó, al menos no lo hizo en el recinto legislativo durante el debate.
En la previa a la sesión del jueves, la titular de la bancada, Gisele Machicado, había advertido sobre la posición que iban a tomar sus pares, habló de "cimbronazo" hacia el interior del bloque, además de hacer público su malestar.
Lo cierto es que para adentro el bloque ya no funciona como tal.
Así las cosas, las próximas semanas serán claves para el futuro de los proyectos de infraestructura deportiva, pero también lo serán para la mentada unidad del peronismo villamariense y de cualquier intento opositor.
Mariana Corradini. Redacción Puntal Villa María.