Termina una semana que inició mal, con las inundaciones en barrio La Calera, que incluso llegó a la zona céntrica por un día; y concluye con dos hechos importantes para la ciudad, por un lado la aprobación de la media sanción en la Cámara de Senadores para la reincorporación de los trabajadores despedidos en Fábrica Militar; y por otro lado, el aporte adicional de 20 millones de pesos del Gobierno nacional a la Universidad de Villa María.
En definitiva, vaivenes de la realidad que bien pueden emparentarse con los hechos políticos presentes y también futuros. Aquella frase que dice que en la política argentina una semana “es una eternidad” bien podría aplicarse en este caso. Lo que en un momento pareció un drama y una complicación para el oficialismo, como las inundaciones, concluyó con un trabajo articulado de distintas áreas del Municipio con fuerzas de seguridad, bomberos y organizaciones de la sociedad civil para resolver el problema de cientos de familias.
Luego el Gobierno provincial hizo su trabajo construyendo un canal que desvió las aguas que bajaban por los campos hacia La Calera. El oficialismo, por su responsabilidad primera e ineludible, estuvo con el agua hasta las rodillas atendiendo las necesidades de los vecinos, incluso colaborando en su evacuación. ¿Y la oposición? Nada, no se vio a ningún dirigente trabajando junto a las familias y a las organizaciones en el momento más crítico. No alcanza con publicar críticas en las redes sociales, la política se hace en la calle, aun en las situaciones más difíciles.
Por eso, el análisis de la crítica termina centrándose en el oficialismo, que a veces es su propia oposición. Barrio La Calera lleva años con inundaciones, tal vez la más dramática fue la ocurrida entre el pasado domingo y martes. El Ejecutivo promete que las obras de desagües evitarán que La Calera y Roque Sáenz Peña se inunden, y ojalá así sea, pero esta vez el agua llegó de la zona rural y avanzó hacia el centro de la ciudad. Gill habló de una obra “definitiva” que impedirá otro fenómeno similar ante precipitaciones tan importantes como las registradas el fin de semana anterior, que superaron los 200 milímetros. Los canales construidos en los campos, supervisados por el secretario de Recursos Hídricos de la Provincia, son obras que prometen concluir con una problemática de años para los vecinos de sector.
Prensa oficial difundió imágenes del intendente Martín Gill con el agua hasta las rodillas hablando con habitantes de La Calera. Preguntas: ¿es necesario? ¿qué aporta? ¿no es mejor trabajar en silencio, codo a codo con los vecinos? ¿qué rédito se quiere sacar? ¿no es utilizar un drama para obtener una tajada política? Que cualquier funcionario o persona difunda imágenes en las redes, es inevitable y cada uno es responsable por lo que publica. Pero que de manera oficial aparezcan fotos de este tipo, no parece la mejor decisión. El Municipio cumplió con solucionar el problema, eso es lo más importante, aunque esas imágenes rozaron la demagogia.
Y si demagogia hablamos, para decirlo con todas las letras, el exintendente Eduardo Accastello se colgó la medalla en pecho. En las redes sociales escribía soluciones posibles al drama de las inundaciones en La Calera, y hasta se atribuyó la llegada de las máquinas del Gobierno provincial para hacer los canales. ¿Accastello se habrá olvidado la cantidad de veces que se inundó ese barrio durante su gestión? ¿Por qué esos trabajos que sugería, y que también hizo junto a trabajadores de la Uocra, no los ejecutó antes, cuando era gobierno? Por eso hablamos que la oposición está en el mismo oficialismo y no afuera, porque la relación entre el gillismo y el accastellismo, o entre Gill y Accastello, están en su punto más crítico a meses de las elecciones.
Accastello ofició de intendente paralelo, con un claro mensaje a su sucesor. Preguntas: ¿fue un signo de debilidad o de fortaleza? ¿qué quiere demostrar? ¿para qué desafía abiertamente a Gill? ¿La ruptura del PJ local es inevitable o solo para negociar en el futuro? Que la disputa sea en el barro de la política, en último caso, aunque nunca en el barro de los inundados.
Y si hablamos de las diferencias en el seno oficialista, los proyectos de canje de Plaza Ocampo por una Ciudad Deportiva, y del viejo Salón de los Deportes por uno nuevo, tal vez abra una nueva grieta entre gillistas y accastellistas. Se especula con la negativa de al menos dos concejales de la mayoría, la pareja de Accastello, Verónica Navarro, y también de Mónica Lazos. Puede haber más. Si así ocurre, el gillismo deberá buscar los votos en la oposición. La juecista Gisele Machicado y los radicales Nora Landart y Gustavo Bustamante ya adelantaron sus votos negativos. ¿Qué harán el juecista Delfín Polack y la macrista Karina Bruno?
Vale recordar que son dos proyectos de ordenanza distintos. El canje del Salón de los Deportes ya ingresó al Concejo Deliberante para ser analizado, no así la Ciudad Deportiva. El oficialismo busca en la sociedad el consenso que parece no tener en la política, pues en el “poroteo” final para aprobar o no esta iniciativa que, dado los antecedentes de la última década, tendría un debate muy arduo en la sociedad, y Gill lo sabía con claridad. No hay nada dicho, falta mucha tela para cortar.
Los colegios profesionales piden una licitación pública para determinar a través de la oferta quién es el desarrollista con mejores condiciones para ejecutar el proyecto de manera que no se encuentre acordado de antemano por el Departamento Ejecutivo. El oficialismo considera que es una oportunidad única para resolver la falta de infraestructura deportiva. La oposición reclama conservar el patrimonio público. ¿Cuál de las posturas primará? La única manera de saberlo es contando las manos alzadas de los concejales al momento de votarlo en el recinto, si finalmente el proyecto se debate en el Concejo Deliberante.
Por último, y para concluir el análisis de lo ocurrido en la semana que pasó, el Senado le dio esperanzas a 67 trabajadores de Fábrica Militar de volver a sus puestos. El proyecto buscará ahora la otra media sanción de Diputados. Si sale, ¿qué hará Macri? ¿promulgará la ley o la vetará? Una buena: la Nación enviará a la UNVM $20 millones adicionales para afrontar diversos gastos en un contexto signado por el recorte de fondos al sistema universitario. En educación siempre es poco, pero es mejor antes que nada.
Martín Alanis. Redacción Puntal Villa María.
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Luego el Gobierno provincial hizo su trabajo construyendo un canal que desvió las aguas que bajaban por los campos hacia La Calera. El oficialismo, por su responsabilidad primera e ineludible, estuvo con el agua hasta las rodillas atendiendo las necesidades de los vecinos, incluso colaborando en su evacuación. ¿Y la oposición? Nada, no se vio a ningún dirigente trabajando junto a las familias y a las organizaciones en el momento más crítico. No alcanza con publicar críticas en las redes sociales, la política se hace en la calle, aun en las situaciones más difíciles.
Por eso, el análisis de la crítica termina centrándose en el oficialismo, que a veces es su propia oposición. Barrio La Calera lleva años con inundaciones, tal vez la más dramática fue la ocurrida entre el pasado domingo y martes. El Ejecutivo promete que las obras de desagües evitarán que La Calera y Roque Sáenz Peña se inunden, y ojalá así sea, pero esta vez el agua llegó de la zona rural y avanzó hacia el centro de la ciudad. Gill habló de una obra “definitiva” que impedirá otro fenómeno similar ante precipitaciones tan importantes como las registradas el fin de semana anterior, que superaron los 200 milímetros. Los canales construidos en los campos, supervisados por el secretario de Recursos Hídricos de la Provincia, son obras que prometen concluir con una problemática de años para los vecinos de sector.
Prensa oficial difundió imágenes del intendente Martín Gill con el agua hasta las rodillas hablando con habitantes de La Calera. Preguntas: ¿es necesario? ¿qué aporta? ¿no es mejor trabajar en silencio, codo a codo con los vecinos? ¿qué rédito se quiere sacar? ¿no es utilizar un drama para obtener una tajada política? Que cualquier funcionario o persona difunda imágenes en las redes, es inevitable y cada uno es responsable por lo que publica. Pero que de manera oficial aparezcan fotos de este tipo, no parece la mejor decisión. El Municipio cumplió con solucionar el problema, eso es lo más importante, aunque esas imágenes rozaron la demagogia.
Y si demagogia hablamos, para decirlo con todas las letras, el exintendente Eduardo Accastello se colgó la medalla en pecho. En las redes sociales escribía soluciones posibles al drama de las inundaciones en La Calera, y hasta se atribuyó la llegada de las máquinas del Gobierno provincial para hacer los canales. ¿Accastello se habrá olvidado la cantidad de veces que se inundó ese barrio durante su gestión? ¿Por qué esos trabajos que sugería, y que también hizo junto a trabajadores de la Uocra, no los ejecutó antes, cuando era gobierno? Por eso hablamos que la oposición está en el mismo oficialismo y no afuera, porque la relación entre el gillismo y el accastellismo, o entre Gill y Accastello, están en su punto más crítico a meses de las elecciones.
Accastello ofició de intendente paralelo, con un claro mensaje a su sucesor. Preguntas: ¿fue un signo de debilidad o de fortaleza? ¿qué quiere demostrar? ¿para qué desafía abiertamente a Gill? ¿La ruptura del PJ local es inevitable o solo para negociar en el futuro? Que la disputa sea en el barro de la política, en último caso, aunque nunca en el barro de los inundados.
Y si hablamos de las diferencias en el seno oficialista, los proyectos de canje de Plaza Ocampo por una Ciudad Deportiva, y del viejo Salón de los Deportes por uno nuevo, tal vez abra una nueva grieta entre gillistas y accastellistas. Se especula con la negativa de al menos dos concejales de la mayoría, la pareja de Accastello, Verónica Navarro, y también de Mónica Lazos. Puede haber más. Si así ocurre, el gillismo deberá buscar los votos en la oposición. La juecista Gisele Machicado y los radicales Nora Landart y Gustavo Bustamante ya adelantaron sus votos negativos. ¿Qué harán el juecista Delfín Polack y la macrista Karina Bruno?
Vale recordar que son dos proyectos de ordenanza distintos. El canje del Salón de los Deportes ya ingresó al Concejo Deliberante para ser analizado, no así la Ciudad Deportiva. El oficialismo busca en la sociedad el consenso que parece no tener en la política, pues en el “poroteo” final para aprobar o no esta iniciativa que, dado los antecedentes de la última década, tendría un debate muy arduo en la sociedad, y Gill lo sabía con claridad. No hay nada dicho, falta mucha tela para cortar.
Los colegios profesionales piden una licitación pública para determinar a través de la oferta quién es el desarrollista con mejores condiciones para ejecutar el proyecto de manera que no se encuentre acordado de antemano por el Departamento Ejecutivo. El oficialismo considera que es una oportunidad única para resolver la falta de infraestructura deportiva. La oposición reclama conservar el patrimonio público. ¿Cuál de las posturas primará? La única manera de saberlo es contando las manos alzadas de los concejales al momento de votarlo en el recinto, si finalmente el proyecto se debate en el Concejo Deliberante.
Por último, y para concluir el análisis de lo ocurrido en la semana que pasó, el Senado le dio esperanzas a 67 trabajadores de Fábrica Militar de volver a sus puestos. El proyecto buscará ahora la otra media sanción de Diputados. Si sale, ¿qué hará Macri? ¿promulgará la ley o la vetará? Una buena: la Nación enviará a la UNVM $20 millones adicionales para afrontar diversos gastos en un contexto signado por el recorte de fondos al sistema universitario. En educación siempre es poco, pero es mejor antes que nada.
Martín Alanis. Redacción Puntal Villa María.

