La explicación del interinato de Pablo Rosso tiene un solo argumento concreto. Martín Gill lo ve como candidato a intendente en el futuro inmediato y -por eso- apostó un pleno por el decano de la UTN local.
Sin embargo, su llegada a la intendencia tuvo más camino de espinas que de rosas. Apenas cuatro ediles lo erigieron como presidente del Concejo Deliberante (un voto fue de él mismo). Los siete restantes, incluyendo a los dos accastellistas, se abstuvieron.
Aduciendo que el oficialismo disputa su interna en el cuerpo legislativo, la oposición no fue ayer a la apertura de sesiones ordinarias. Rosso dijo -con sorna- que “se tomaron el día”.
Sin apoyo del accastellismo ni del PJ local, y menos de la oposición política, el intendente interino sabe que su misión será el doble de complicada. Su gran apoyo es Gill.
Para ser candidato deberá construir desde la gestión (fundamentalmente con obras públicas) y también desde la política partidaria. Nadie es candidato sin militancia, al menos así lo entienden en el peronismo local.
Rosso viene de la academia con importantes logros en la UTN nacional y local. Pero la política “es otra cosa”, como dijo un viejo dirigente peronista, y sin apoyos de distintos sectores resulta difícil construir hacia adelante.
En la apertura de sesiones dio el primer paso. Se plantó frente a todos y dijo que se sentía con fuerzas para encabezar la gestión. Fue su primera aparición pública fuerte y dada la proyección que le ve el gillismo (o Gill, para ser concreto), seguramente llegarán más en los próximos meses.
Rosso percibe que no tiene demasiado tiempo. Su interinato será de 4 meses o de 10 si el oficialismo intenta forzar la Carta Orgánica. En política es mucho, pero no tanto para instalar un candidato en la comunidad. No se inventan de un día para otro. Más aún si el propio partido presenta divisiones profundas como se evidencia en la actualidad.
Sólo con la gestión no le alcanzará. Si quiere ser candidato, Rosso deberá meterse en el barro. Su fuerte es el perfil académico, su trayectoria en ámbitos universitarios, aunque la gestión pública y la política requieren de otras cualidades adicionales. Sin la oposición en el Concejo, ayer pasó la primera prueba. Su público eran funcionarios y militantes. Ahora deberá iniciar un largo camino para convertirse en lo que Gill quiere, un candidato.
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Aduciendo que el oficialismo disputa su interna en el cuerpo legislativo, la oposición no fue ayer a la apertura de sesiones ordinarias. Rosso dijo -con sorna- que “se tomaron el día”.
Sin apoyo del accastellismo ni del PJ local, y menos de la oposición política, el intendente interino sabe que su misión será el doble de complicada. Su gran apoyo es Gill.
Para ser candidato deberá construir desde la gestión (fundamentalmente con obras públicas) y también desde la política partidaria. Nadie es candidato sin militancia, al menos así lo entienden en el peronismo local.
Rosso viene de la academia con importantes logros en la UTN nacional y local. Pero la política “es otra cosa”, como dijo un viejo dirigente peronista, y sin apoyos de distintos sectores resulta difícil construir hacia adelante.
En la apertura de sesiones dio el primer paso. Se plantó frente a todos y dijo que se sentía con fuerzas para encabezar la gestión. Fue su primera aparición pública fuerte y dada la proyección que le ve el gillismo (o Gill, para ser concreto), seguramente llegarán más en los próximos meses.
Rosso percibe que no tiene demasiado tiempo. Su interinato será de 4 meses o de 10 si el oficialismo intenta forzar la Carta Orgánica. En política es mucho, pero no tanto para instalar un candidato en la comunidad. No se inventan de un día para otro. Más aún si el propio partido presenta divisiones profundas como se evidencia en la actualidad.
Sólo con la gestión no le alcanzará. Si quiere ser candidato, Rosso deberá meterse en el barro. Su fuerte es el perfil académico, su trayectoria en ámbitos universitarios, aunque la gestión pública y la política requieren de otras cualidades adicionales. Sin la oposición en el Concejo, ayer pasó la primera prueba. Su público eran funcionarios y militantes. Ahora deberá iniciar un largo camino para convertirse en lo que Gill quiere, un candidato.

