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“El 50% del PBI israelí proviene de la tecnología”

El emprendedor Matty Zwaig disertó en el Leonardo Favio. Invitado por la colectividad local, habló del “milagro israelí” y de cómo el país se terminó convirtiendo en productor mundial de empresas tecnológicas

En la sala de conferencias de Laboratorios Gornitz hay un mueble antiguo que guarda una “Torá”; el libro sagrado de los judíos que durante décadas santificó la liturgia de la colectividad villamariense. Pero “como ya casi no nos reunimos en la sinagoga, queremos que esté preservado a temperatura ambiente” comenta Pablo Gornitz, expresidente de la Sociedad Israelita local y responsable de haber preparado el auditorio de su empresa para la conferencia de Matty Zwaig; un economista y emprendedor uruguayo radicado hace 36 años en Israel. 

Matty llegó a la ciudad acompañado por miembros de la OSA (Organización Sionista Argentina) tras una misión de seis años en Rusia.

“Cuando Pablo me invitó a dar esta charla acepté inmediatamente –comentó- Y si bien no puse el título de esta conferencia,  lo acepté  porque eso fue lo que pasó”.

De hecho, proclamado Estado por la ONU en abril de 1948, Israel no ha dejado de crecer en lo económico y armamentístico. Y así lo explicó el especialista, sólo interrumpido por las preguntas de los periodistas.

Del socialismo al capitalismo sin anestesia

“En la televisión de acá, nos pasan todo el tiempo que Israel es un país en guerra. Pero su realidad es muy diferente. El país acaba de cumplir 70 años y en los últimos 26 yo estuve en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Lo importante  no es si lo que pasó fue un milagro, sino entender cuáles fueron los pasos a seguir tras las vicisitudes demográficas y sociológicas. En una palabra, qué sucedió para pasar de un ingreso per cápita de 6 mil dólares a 36 mil dólares en los últimos tiempos; superando a España y a Italia. El secreto es simple. Cuando Israel era pobre tenía una economía socialista, pero luego se pasó al libre mercado sin anestesia y se volvió rico”.

Acto seguido, Zwaig narró su llegada a Israel.

“Estuve once años viviendo en un kibutz, una granja colectiva donde todo era de todos. Allí la gente no recibía sueldo y había una economía centralizada. Y así también funcionaba el país. En ese tiempo, había una confederación general del trabajo muy fuerte que tomaba decisiones; pero no podía asegurar dos cosas básicas del socialismo: el empleo y los buenos sueldos. Hasta que entró un nuevo gobierno y el país se empezó a neoliberalizar. Sin embargo, al poco tiempo la inflación subió un 100 por 100 anual y en 1984 llegó al 440 por ciento”.

-¿Y cómo se solucionó ese problema?

-Gracias a un hecho histórico: una alianza que se produjo entre el partido de derecha y el partido de izquierda para hacer un gobierno amplio y de unidad nacional. Ese fue el principio del cambio ,porque juntos congelaron los precios. Parece fácil decirlo pero hay que hacerlo. Hubo un arregló con la CGT y el ministro de Hacienda decidió aumentar los sueldos a inspectores y policías para impedir un mercado paralelo. Y así, en sólo un año, la inflación bajó del 440 al 20 por ciento.

-¿No hubo problemas de corrupción?

-Ese fue un tema. Había que impedir que se produjeran casos de corrupción para no sentar precedentes. Hasta el ´80, en Israel estaba prohibido sacar divisas al extranjero. Para que se den una idea, obligaron al primer ministro Isaac Rabin a dimitir porque su esposa tenía una cuenta en Nueva York de 6 mil dólares. Pero había que dar el ejemplo. La economía dio un vuelco y el Banco Central tomó las riendas del asunto”.

Los rusos que hicieron grande a Israel

-¿Hubo algún otro factor que ayudó a modificar la economía?


-Sí; y fue un factor decisivo. Porque a principios de los ´90 y con la caída de la Unión Soviética, llegaron a Israel casi un millón de “rusos”. La mejora de la economía y esa masa de trabajadores y profesionales fue clave. Se implementó un sistema para dar trabajo a todos los inmigrantes y funcionó maravillosamente. Porque ellos estaban dispuestos a hacer el sacrificio de trabajar mucho. Lo hicieron por Israel y nos favorecimos todos.

-¿Eran todos “rusos judíos”?

-No. De hecho los judíos eran pocos, pero Israel no iba a permitir que se desarmaran las familia.  Fue una decisión gubernamental muy importante. Se entendió que había que mezclar la ayuda del gobierno con la creación de empleo. 

-¿Vinieron empresas?

-Claro. Y si una compañía ponía 100 millones de dólares, el Estado de Israel ponía 40 más. Sobre todo si eran empresas tecnológicas. Y así fue creciendo ese nicho. A fines de los ´80 nos dimos cuenta que Israel tenía una concentración grandísima de gente capacitada para llevar a cabo investigaciones científicas y tecnológicas. Y empezaron a darse los éxitos.

-¿Como cuáles?

-Por ejemplo, tuvimos la primera empresa que hizo impresoras láser y color. Luego la compró una empresa del exterior por 450 millones de dólares. Luego vino la Siemens y compró otra. Los emprendedores israelíes vimos que había muchas posibilidades de seguir haciendo empresas para luego venderlas al extranjero. Así que empezó a haber créditos, incluso admitiendo el fracaso. O sea que si te iba mal, no tenías que devolver la plata al Estado.

-¿Y cuál fue el resultado?

-Que hoy tenemos miles de muchachos entre 22 y 29 años que dirigen las compañías israelitas. Esa es la idea. Desarrollar una empresa, tener éxito, crecer y venderla. Y cuando la vendes, tenés dinero para hacer una nueva. Un caso emblemático fue la camarita de teléfono en el celular inventada por un ingeniero de la ex Unión Soviética. Luego la vendió en 70 millones de dólares e hizo una empresa nueva; Tekoia; que ahora desarrolla  un control remoto universal. Así, hay 30 o 40 ejemplos por año en el país. Hoy, el 50 por ciento del PBI de Israel proviene de la tecnología y no de las naranjas. Se trata de una integración entre academia y empresa. Al punto que se hacen “incubadoras”, es decir que salís de la universidad y entrás automáticamente en la empresa. De hecho, todas las empresas se construyen al lado de las universidades, como en Haifa. 

-¿El conflicto bélico influyó en la economía?

-La guerra no es buena para nadie, pero desde el punto de vista tecnológico ocasiona desarrollo. Una vez, un comandante del ejército dijo que para fabricar un tanque había que hacer de 300 a 400 desarrollos civiles. Y eso no puede impactar negativamente en la economía de un país. Hoy, la inflación está entre el 0 y el 1.5 por ciento. 

Iván Wielikosielek.  Puntal Villa María

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