¿Por qué tanto nos cuesta a los argentinos ser parte de un colecti-vo democrático y republicano normal? Sin pretender ser Noruega, Finlandia o Canadá, lo que queremos es simplemente eso, ser un país normal. Y la verdad es que la anormalidad pareciera ser la regla en todos nuestros comportamientos, no la excepción.
Quienes me conocen saben que no soy kirchnerista, y no voté la fórmula FF, lo digo haciendo uso pleno del derecho a pensar libremente y expresarlo, y de votar a quien creo, me puede representar mejor. Pero me apego a la lógica política que impone respetar los resultados electorales, aunque sean adversos.
Lamentablemente, la reacción del Gobierno (aunque uno entienda el fuerte impacto que lo ha descolocado), jamás debió ser la del lunes. En cualquier país normal (que es donde todos queremos vivir), cuando se predica la república y el respeto a las instituciones, lo que se hace es respetar al otro, respetar a la oposición, y fundamentalmente respetar la voluntad popular, dueña verdadera del poder, que lo delega en representantes a través del voto.
Fue un escándalo en su momento cuando CFK no entregó el mando como lo impone la tradición democrática argentina. Estuvo mal, muy mal, sin mencionar un rosario de cuestiones de las que soy muy crítica de la expresidenta, pero que no vienen ahora al caso. Lo que quiero en este comentario manifestar es mi absoluta disconformidad con la reacción del presidente Macri post acto electoral.
En primer lugar (quizás lo menos significativo), debió felicitar esa noche al ganador de las Paso, y virtual presidente electo en octubre. Lo que nunca debió hacer fue expresarse en conferencia de prensa en la tarde del lunes en los términos en que lo hizo. Propio de un presidente de un país anormal.
Después de semejante mensaje que le envió la gente por medio de las urnas, lo normal, lo correcto, lo democrático, lo republicano, lo que correspondía por su investidura, hubiera sido que, a primera hora del lunes y conociendo la inminente tempestad financiera, por cadena nacional, hablara a los argentinos con humildad, con tranquilidad, con respeto, reconocer en ese resultado electoral que algo no había hecho bien, o en todo caso, que había muchas cosas que no estaban bien. Prometernos que inmediatamente se pondría a gestionar y administrar la voracidad de los mercados.
El presidente Macri tenía las herramientas. No las quiso utilizar. En lugar de preservarnos y cuidarnos, como le gusta decir a María Eugenia Vidal, debía haber solicitado de manera inmediata y urgente al BCRA reservas (porque las hay) y disponer de todos los recursos financieros para frenar la voracidad e histeria de los mercados. Mantenerse firme y llevar tranquilidad a los argentinos. Para eso están los presidentes, para gestionar, para administrar tanto las bonanzas como las crisis.
Macri hizo todo lo contrario, actuó como un presidente de un país anormal. Se enojó con los ciudadanos porque no lo votaron, y culpó a la fórmula ganadora por el lunes más negro de la historia argentina, cuando pasamos a ser mucho más pobres que el día anterior y menos que el día siguiente.
En un país normal su presidente no produce la hecatombe económica financiera “el día después” para poder hacer un discurso increíblemente fuera de lugar, políticamente incorrecto y descolocado desde lo institucional, y decir todo lo contrario al día siguiente.
Un país normal no tiene elecciones Paso para no elegir a nadie, y menos 77 días antes de las elecciones generales.
Un país normal no estaría hoy preguntándose si su presidente no pudo evitar semejante reacción de los mercados, o no quiso, o peor aún, si fue él quien lo provocó.
Griselda Baldata - Diputada nacional (mandato cumplido)
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Lamentablemente, la reacción del Gobierno (aunque uno entienda el fuerte impacto que lo ha descolocado), jamás debió ser la del lunes. En cualquier país normal (que es donde todos queremos vivir), cuando se predica la república y el respeto a las instituciones, lo que se hace es respetar al otro, respetar a la oposición, y fundamentalmente respetar la voluntad popular, dueña verdadera del poder, que lo delega en representantes a través del voto.
Fue un escándalo en su momento cuando CFK no entregó el mando como lo impone la tradición democrática argentina. Estuvo mal, muy mal, sin mencionar un rosario de cuestiones de las que soy muy crítica de la expresidenta, pero que no vienen ahora al caso. Lo que quiero en este comentario manifestar es mi absoluta disconformidad con la reacción del presidente Macri post acto electoral.
En primer lugar (quizás lo menos significativo), debió felicitar esa noche al ganador de las Paso, y virtual presidente electo en octubre. Lo que nunca debió hacer fue expresarse en conferencia de prensa en la tarde del lunes en los términos en que lo hizo. Propio de un presidente de un país anormal.
Después de semejante mensaje que le envió la gente por medio de las urnas, lo normal, lo correcto, lo democrático, lo republicano, lo que correspondía por su investidura, hubiera sido que, a primera hora del lunes y conociendo la inminente tempestad financiera, por cadena nacional, hablara a los argentinos con humildad, con tranquilidad, con respeto, reconocer en ese resultado electoral que algo no había hecho bien, o en todo caso, que había muchas cosas que no estaban bien. Prometernos que inmediatamente se pondría a gestionar y administrar la voracidad de los mercados.
El presidente Macri tenía las herramientas. No las quiso utilizar. En lugar de preservarnos y cuidarnos, como le gusta decir a María Eugenia Vidal, debía haber solicitado de manera inmediata y urgente al BCRA reservas (porque las hay) y disponer de todos los recursos financieros para frenar la voracidad e histeria de los mercados. Mantenerse firme y llevar tranquilidad a los argentinos. Para eso están los presidentes, para gestionar, para administrar tanto las bonanzas como las crisis.
Macri hizo todo lo contrario, actuó como un presidente de un país anormal. Se enojó con los ciudadanos porque no lo votaron, y culpó a la fórmula ganadora por el lunes más negro de la historia argentina, cuando pasamos a ser mucho más pobres que el día anterior y menos que el día siguiente.
En un país normal su presidente no produce la hecatombe económica financiera “el día después” para poder hacer un discurso increíblemente fuera de lugar, políticamente incorrecto y descolocado desde lo institucional, y decir todo lo contrario al día siguiente.
Un país normal no tiene elecciones Paso para no elegir a nadie, y menos 77 días antes de las elecciones generales.
Un país normal no estaría hoy preguntándose si su presidente no pudo evitar semejante reacción de los mercados, o no quiso, o peor aún, si fue él quien lo provocó.
Griselda Baldata - Diputada nacional (mandato cumplido)

