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Sospechan de un individuo que merodea por calle Entre Ríos al 700

Una profesional de la salud manifestó que el sujeto se hizo presente en los consultorios donde ella atiende y cuando le preguntó qué hacía, él se excusó. Fue sorprendido mintiendo y dando pretextos poco creíbles
 
Son las 17. Hay una puerta doble de madera. Un pasillo extenso y oscuro separa el ingreso de un  patio. Al llegar a ese patio se observa una otra puerta. Está cerrada con llave. Pero por el vidrio se alcanza a ver, del lado izquierdo, un consultorio con las luces encendidas.

Allí aparece una mujer. Abre e inmediatamente cierra otra vez con cierto automatismo y precaución, como si en el último tiempo hubiera creado un hábito que, minutos después, explicó a qué se debe.

La profesional atiende a una paciente. La sala de espera es pequeña. Hay unas pocas sillas en los costados del espacio y una mesa. Y al fondo, del lado derecho, otro consultorio. Oscuro. Vacío. Con un espejo que se encuentra colgado en una de las paredes y que se ve apenas se abre la puerta. Ése es el cuarto donde, hace aproximadamente un año, se desencadenó un episodio que se replicaría, meses más tarde, en otras dos ocasiones.

Fue en 2017. La mujer estaba con un paciente. Desde su consultorio creyó escuchar que alguien abría la puerta de la sala de espera. Cualquiera podría imaginar que era un paciente más. Pero no.

Salió y no vio a nadie. Sin embargo, cuando decidió reingresar a su consultorio, vio en el reflejo del espejo, el contorno de una persona que la miró. Y fue el encuentro de las miradas lo que hizo que el sujeto retrocediera.

Pero inmediatamente después se le hizo presente a la mujer. “No te pongas nerviosa”, le dijo. Y esa frase, también se repetiría en las otras dos oportunidades. Preguntó por el nombre de una persona a la que ni la profesional ni su paciente conocían y se retiró.

Excusas, excusas y más excusas. Respuestas evasivas. Siempre igual. Y “no te pongas nerviosa”. Esa es la manera en la que, de acuerdo a los datos que recolectó PUNTAL VILLA MARÍA, se podría trazar un bosquejo del accionar de la persona.

Delineando un identikit

“Viste con ropa común: pullover y jean. Debe medir entre 1,60 - 1,65 metro. Es de tez trigueña y su piel parece castigada por el clima, como si trabajara en el campo. Tiene las rodillas bien separadas. Le cuesta hacerse entender. Es una persona amable pero está merodeando, buscando algo. Es una persona robusta. Debe tener entre 50 y 55 años. No más”, enumeró la mujer con precisión, como si estuviera acostumbrada a fotografiar el rostro del sinsentido.

En principio, el protagonista de estos hechos, de acuerdo a lo que dijo la entrevistada, viene a Villa María sólo los viernes porque es de otro pueblo. A partir de lo que recuerda, él sería oriundo del paraje La Herradura. Sin embargo, la mujer descree de lo dicho por el sujeto por lo que sucedió la segunda vez donde, otra vez, la única certeza fueron los pretextos.

Más precisiones sobre los hechos

La primera vez, como se dijo, fue el año pasado. Y tres o cuatro meses después regresó. “Busco al fotógrafo. Acordé un encuentro con él”, manifestó en esta oportunidad.

Pudo ser cierto porque en el segundo piso del lugar trabaja un profesional que se dedica a esa disciplina.

La mujer le respondió que él ya se había ido. Su marido, quien también desempeña sus labores en el segundo piso y ya estaba al tanto de la situación, había estado escuchando la conversación que mantenía su pareja. Ella, al retirarse el hombre, lo llamó y le dijo que saliera a la calle para saber qué buscaba.

Finalmente salieron los dos. No lo vieron. Regresaron y subieron para ver si, tal vez, se encontraba en los consultorios odontológicos que también están ubicados en la planta superior. No estaba allí tampoco. El marido fue otra vez a la calle y lo vio llegando a la esquina.

Se acercó y le dijo que él era la persona a quien quería contactar. Increíblemente, el sujeto se lo negó y le respondió que él buscaba a un doctor. Fue en ese instante en que confirmaron que lo que presumían era cierto. Mentía. Pero no sabían por qué. Y aún siguen sin saberlo.

La última vez, en tanto, fue hace aproximadamente un mes. Ocurrió aproximadamente a las 14.30 —a diferencia de las otras en las que tuvo lugar entre las 17 y las 17.30—. Pero, nueva y lamentablemente, este capítulo fue similar a los anteriores.

“No te pongas nerviosa”, “estoy perdido”, “busco al doctor”, “tenía programado un encuentro con el fotógrafo”. Esas pueden ser, a modo de síntesis, sus justificativos. Por cierto, muy poco convincentes. Y más aún, si tenemos en cuenta que, en correspondencia con lo que relató la mujer, nunca se anuncia.

Con respecto a los consultorios odontológicos hay que decir que la mujer contó que ha pasado, en repetidas oportunidades, que personas ingresan al baño sin avisar. Y es por eso que, en un principio, no le pareció rara la presencia del individuo.

Más detalles del testimonio

“Llegué a pensar que era alguien que necesitaba usar el baño y que por eso buscaba pasar. Pero ya entró, vio que no era un baño y sigue haciéndolo”, sostuvo alarmada.

Por otra parte habló sobre otro evento. “Hace mucho tiempo teníamos un perchero puesto en la ventana, y un día alguien manoteó las carteras. A ese sí lo vio mi compañera pero no podemos hacer coincidir los rasgos las personas. Pero suponemos que podría ser la misma”, rememoró.

También narró que, con motivo de lo que lo acaecido, recorrió algunos comercios de la cuadra para verificar si el hombre también había ingresado y los propietarios o empleados habían experimentado algo parecido. Al respecto dijo que sólo en un local, según lo que le dijo el dueño, vio a alguien que se ajusta a la descripción que ella hizo.

Denunciar

Casi finalizando la conversación, ella dijo que la policía le recomendó radicar la denuncia para que quede asentado que alguien anda merodeando la zona. “No pensé en la gravedad de la situación. Siempre quise pensar en la buena voluntad de que es una persona que no entendía y por eso no llamé a la policía ni hice la denuncia. Pero ahora veo que mintió”, expresó. Es por ello que, posiblemente, vaya a la policía para dejar registrado lo sucedido.

Sólo resta esperar. Que lo encuentren. Para que no vuelva a pasar. 



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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