Opinión | Milei

Milei, un diagnóstico crudo y un reloj que empezó a correr

El Presidente describió ayer una realidad acuciante, aunque con datos que no son todo lo precisos que se requeriría para un punto de partida. Exageró por momentos, claramente para ampliar su margen de maniobra y sus plazos. Anticipó que habrá más pobreza, más inflación y más desempleo
Los nuevos precios de los combustibles actualizados la semana pasada por YPF y, detrás, una familia buscando en un contenedor.  

El presidente Javier Milei dejó en claro que lo que se viene por delante es peor que lo vivido hasta aquí, contrariando a quienes creían que no se podía estar peor. La primera mala noticia es que siempre se puede descender un poco más.

Ese nuevo escenario al que se enfrentará desde hoy cada argentino estará compuesto por más inflación (más alta que la actual, dando un paso más hacia la híper), menos actividad económica(una actividad que ya está en baja desde hace unos meses), más desempleo y mayor pérdida del poder adquisitivo, especialmente de los asalariados. Aunque la lista contiene muchos “más”, en realidad será todo menos.

Quedó claro ayer que los costos del ajuste, incluso teniendo en cuenta el esfuerzo discursivo de Milei, no los pagará ni la casta, ni la política ni “el Estado”, como sugirió. Será de un impacto certero sobre una franja de la población que venía resistiendo con fiereza para sostenerse amarrada a una tabla en medio del vendaval que azotaba su economía y que en algún momento en la Argentina se la definió como clase media. Una clase que está en extinción, fruto de los últimos gobiernos, que se encargaron de combatirla sin pausa, y en ocasiones sin piedad.

Frente a esa batería recargada que arrinconará a los pocos que aún estaban aferrados a la tabla, Milei aseguró que luego llegará la recompensa. Que quedará atrás la era de la decadencia y que la Argentina recuperará su camino de grandeza. E incluso insistió en un dato por nadie confirmado: que el país era la primera potencia mundial al comienzo del siglo XX. Eso no figura en ninguna estadística, pero Milei se encargó de repetirlo una vez más, ahora como presidente en funciones.

A la tormenta perfecta le agregó que el gobierno saliente -que peleará decididamente para ubicarse entre los peores de la historia- le dejó “plantada” una inflación del 15 mil por ciento. No vale la pena demasiado ahondar sobre esa cifra y su veracidad. E incluso se podría pensar que ni el propio Milei lo cree. Pero lo cierto es que, más allá de los costos ocultos de la administración saliente y la inflación contenida, la magnitud del porcentaje anunciado sonó como una pieza más de la estrategia general que desplegó en su discurso para amplificar al máximo el peso de la herencia recibida de tal forma de tener más margen de maniobra y, sobre todo, más tiempo. A pesar de eso, hoy nadie sabe ni cuánto es el tamaño de la playa de maniobra que tendrá la nueva administración ni el tiempo.

Lo primero estará fuertemente limitado por la situación social reinante. El 44,7% de pobreza obliga a operar con un bisturí robotizado de máxima precisión. No hay margen para motosierras ni nada que se le parezca. Un paso en falso puede terminar en una catástrofe social de magnitud bíblica. Hace falta un equipo profesional capaz de combinar máxima capacidad con máxima sensibilidad.

Por supuesto que el factor político es otro limitante para esa playa de maniobras con un presidente que no cuenta con estructura partidaria ni de gobernadores y mucho menos en el Congreso. Quedó de manifiesto en el armado de su gobierno, con cargos que de apuro se cubrieron a último momento y con conocidos de terceros. Es él y el 56% de los votos obtenidos en un balotaje (con el 30% de la primera vuelta).Con ese capital debe afrontar ese escenario que anticipó y evitar que se licúe el respaldo en el camino. También allí necesitará un artesano político.

Con respecto al tiempo, todo parece indicar que los plazos explicitados por el Presidente no ensamblarían con la realidad. Las drásticas medidas que tomaría -y sobre las que no hay precisiones de formas ni de contenidos- arrojarían, según insistió ayer, resultados importantes en 18 o 24 meses. ¿Qué pasaría con aquella base de sustentabilidad del Presidente si en diciembre de 2024 el contexto fuera peor que el actual desde lo social, lo laboral, lo salarial, lo inflacionario y con caída aún de actividad económica? No hay soluciones mágicas, pero muchos argentinos no tienen ya demasiadas fuerzas ni víveres para cruzar un desierto muy largo y agresivo. Apenas pudieron sortear las severas dificultades de los últimos meses, con inflación en franco ascenso y fuerte deterioro de sus ingresos. Puntualmente, en las últimas semanas del anterior gobierno todo fue peor.

El gobierno experimental de Milei tiene raíces en los laboratorios y en los principios teóricos de una economía de la escuela austríaca que no se caracteriza por tener masivamente adeptos en el mundo. Desde hoy, los tubos de ensayo y las tablas del Excel empezarán a confrontar con una realidad social compleja, de múltiples realidades y rápida mutación. De ese tránsito entre lo ideal y lo real dependerá mucho el resultado final de la gestión del flamante presidente, pero especialmente de 46 millones de argentinos que, aun reconociendo las dificultades severas que afronta el país por estas horas, tienen márgenes escasos de resistencia.