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"María se alza como una preciosa señal del triunfo de Cristo sobre el mal"

Fueron las palabras pronunciadas por monseñor Samuel Jofré Giraudo, quien presidió la misa central por el Día de la Virgen. Durante la mañana, hubo comuniones y bautismos en el templo cristiano de calle Estados Unidos

En la Catedral de Villa María, cientos de fieles se congregaron este miércoles para celebrar el Día de la Inmaculada Concepción de María, una de las fechas más importantes para los creyentes de la Iglesia católica y que en cierta manera marca la proximidad de la Navidad, fiesta en la que se conmemora el nacimiento de Jesús.

La Santa Misa que preparó la Iglesia para homenajear a la santa madre se brindó -como en anteriores ocasiones- desde la explanada del templo religioso, sobre calle Estados Unidos, arteria que tomaron los feligreces hasta llegar a ocupar gran parte de Plaza San Martín.

El acto fue presidido por el obispo de la Diócesis de Villa María, monseñor Samuel Jofré Giraudo, quien durante la homilía destacó lo que significa la Virgen para los fieles.

“María se alza como una preciosa señal del triunfo de Cristo sobre el mal, triunfo humilde pero magnífico y eterno. La última palabra de la historia no es el egoísmo sino el amor, no es la mentira sino la verdad, no es la violencia sino la paz”, expuso el monseñor.

Y agregó: “Es por este triunfo del amor de Dios que nosotros mantenemos la esperanza, incluso en momentos de grave decadencia social como la que estamos viviendo”.

“Más divorcios que matrimonios, más muertes que nacimientos”

Durante el discurso, Jofré reconoció que la decadencia social que atraviesa la Patria “guarda índices muy conocidos en la escandalosa pobreza, la violencia, la inflación y la desocupación”. Asimismo, destacó que “hay otros más profundos y preocupantes”.

“Hace pocos días se hizo pública la información ya reiterada de que en nuestra región hay más divorcios que matrimonios y muchísimas más muertes que nacimientos. Esto nos señala una alarmante descomposición social, un descontento con la vida, que no es considerada digna de compartir ni difundir”, exteriorizó.

“La familia formada por el matrimonio de un varón y una mujer, abiertos al don de los hijos, es la célula de la sociedad y donde se gesta lo más hondo y mejor de la cultura y del progreso de los pueblos. Su disolución no puede menos que traernos soledad, tristeza y muerte”, acentuó.

Además, puntualizó: “Ante tales signos de corrupción es comprensible que se difundan entre nosotros el desaliento y la apatía. No puede ser esa la actitud de los creyentes. El triunfo de Cristo nos interpela, sobre todo cuando lo vemos en el momento de la cruz. El mismo que fue abandonado y crucificado es el resucitado y el glorioso, que nos ha dicho ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’, ‘Yo he vencido al mundo’”.