Radiografía del básquet argentino y mundial en la mirada de Julio Lamas
Cuando uno habla con alguien como Julio Lamas, que se destaca por su sencillez y paciencia -conceptos hoy no tan habituales de encontrar-, le queda la impresión de poder hacerlo por horas, no sólo del presente, sino también del pasado glorioso del básquet argentino.
Entrenador principal desde los 24 años, tuvo su debut con el recordado Sport Club de Cañada de Gómez -cinco veces campeón de la Liga Nacional- y estuvo al frente de Boca en 1997, Ben Hur de Rafaela en 2005, Libertad de Sunchales en 2008 y San Lorenzo de Almagro, club del cual es hincha, en 2016 y 2017.
La precocidad ha sido para esta generación de entrenadores el factor común. Antes del debut a los 24, hizo escuela de básquet y de la vida con León Najnudel y fue el asistente del padre de la Liga Nacional. A los 33 era en entrenador de la selección argentina y a los 40 dirigía el Real Madrid, ni más ni menos.
Vio crecer, y de verdad, a la Generación Dorada en el Mundial Sub-22 de Melbourne 1997, con ocho de doce miembros del selecto grupo que consagró al deporte argentino. Estuvo en el Mundial de Grecia 1998, en el que tuvo que dirigir un seleccionado entre la veteranía y máxima juventud y dejó las bases listas para que Rubén Magnano triunfara cuatro años después. Alternó como asistente de Sergio Hernández durante muchos años, consiguió el bronce en Beijing 2008 y fue el entrenador principal en Londres 2012, competencia en la que la medalla de bronce se escapó a nada del final de un durísimo juego contra Rusia.
Todo eso es Julio Lamas, llamado hoy a renovar el básquet en Japón, continuando con el aprendizaje en la disciplina y también de la vida en otra cultura, con muchas diferencias, no sólo en la manera de interpretar al básquet sino, y sobre todo, de vivir. La charla comienza con su presente y la experiencia nipona.
“Si bien todavía no está terminada mi etapa en Japón, ahora mismo, después de tres años, está siendo una experiencia profesional y personal excelente, de crecimiento en todos los aspectos”, precisa.
-Detrás del béisbol y del fútbol sigue el básquet en cuanto a popularidad en Japón. ¿Con qué idiosincrasia te encontraste?
-El deporte número uno es el béisbol; el número dos, el fútbol y después están el vóley y el básquet. En noviembre de 2016 la federación de Japón estaba intervenida por la Fiba y, con los Juegos Olímpicos en el horizonte, hubo un cambio de autoridades. La persona que durante 20 años manejó el fútbol se hizo cargo del básquet e impulsó un nuevo proyecto que se llama Atkazuki Five (Amanecer cinco). Con cambios estructurales fuertes quisieron impulsar un crecimiento del básquet del país, un renacer, y en ese escenario llego yo, en junio de 2017. Buscaban un entrenador internacional, que lidere la parte deportiva, que gestione ese cambio. Hoy, tres años después, hemos mejorado: veníamos con nueve partidos ganados seguidos en Asia y Oceanía, el primero contra Australia, en junio del 2018, y el noveno, en febrero, contra China Taipei de visitante. Van nueve seguidos, lo que muestra un progreso y que podemos competir en la región (Asia y Oceanía), que es la tercera en el mundo Fiba. Europa, América, Asia y Oceanía y África. Hemos mejorado bastante y en la región nos hemos convertido en competitivos; estamos en un segundo escalón, en el primero solo está Australia y después siguen China, Corea del Sur, Irán y nosotros. Aunque en el Mundial no nos alcanzó para competir con opciones ciertas de victorias, quedó claro que nos hace falta mejorar más en el orden mundial, que ya es otra categoría.
-Son 31 años como entrenador, ¿cómo analizás la precocidad de la camada de ustedes, que se iniciaron muy jóvenes como entrenadores sin ser jugadores profesionales?
-Ahí estuvimos en la hora justa en el lugar justo, porque empezaba la Liga Nacional y los mejores entrenadores de ese momento de 40 o 50 años que estaban en Capital Federal, Córdoba o Bahía Blanca no se querían mover a otros lugares y nosotros, los jóvenes, estábamos dispuestos a hacerlo y llenamos todos esos lugares. Se nos generó una oportunidad en un momento puntual; no estamos hablando de entrenadores jóvenes, ni siquiera eso. Yo debuté a los 24 años, éramos exageradamente jóvenes, pienso que eso no va a volver a pasar.
-Tanto Magnano como Hernández y vos no han sido jugadores profesionales y, sin embargo, llegaron a lo más alto como entrenadores, ¿qué te sugiere?
-No hay ningún recorrido que te garantice ser buen técnico, el que fue un gran jugador tiene varias cosas que él vivió adentro de la cancha, en el vestuario. Y lo que tiene que hacer es aprender, sacarse los pantalones cortos y ponerse los largos y aprender que lo más importante es tu capacidad de mandar el mensaje. Ya no sos más vos con la pelota, tenés que pararte en otro lugar, eso lo tiene que hacer el que fue gran jugador. Y nosotros, que no fuimos grandes jugadores, lo que tenemos que hacer es ganarnos la confianza de los jugadores, el respeto del entorno, porque no nos conocen de antes; cada uno tiene que completar los casilleros que nos faltan para la llegada, después vos tenés la oportunidad y lo importante es si sos capaz de aprovecharla y sostenerla.
-¿Cómo se maneja la presión de ser entrenador del Real Madrid a los 40 años?
-Yo venía acostumbrado a ser precoz, ya había debutado a los 24 en la Liga, en la selección a los 33. Y a los 35 dirigía en España. Ser entrenador del Real Madrid fue una cambio de exigencia, pero ya no relacionado con la edad, porque en ese momento hacía 16 años que dirigía.
-Con exponentes como Cortijo, Milanesio, Pepe Sánchez, Montecchia, Prigioni, Campazzo, ¿es la de base la posición por excelencia del básquet argentino?
-Creo que es una posición distinguida porque, si vos pensás que hubo cuatro jugadores distintos que fueron los mejores pasadores en una competencia mundial, llama la atención. (Cortijo, Milanesio, Sánchez y Prigioni) Fueron los mejores asistidores en diferentes mundiales y Campazzo terminó segundo en el último Mundial en China. Y además Campazzo es el mejor base del mundo Fiba. Yo creo que marca que hay una escuela de básquet, porque pasar bien la pelota no es como agarrar un rebote, sin subestimar a agarrar uno, porque un jugador fuerte, mentalmente duro, inteligente, agarra el rebote y hay todo un mérito en él, pero para hacer asistencia la situación es de a dos, el jugador tiene que ser inteligente, tiene que tener lectura de juego, creatividad y que los compañeros estén donde corresponda, es una marca de saber jugar al básquet.
-Jugando con la suposición, ¿qué jugador de los que no fueron Generación Dorada te hubiese gustado que estuviese? Uno diría, entre otros, Milanesio, Campana, Marcelo Nicola, Cortijo, por ejemplo.
-Todos los que nombraste son de ese nivel y Campazzo también. Después está la discusión, si Generación Dorada son los 12 de la medalla de oro o los que estuvieron en ambas medallas (Mundial Indianápolis 2002 y Juegos de Atenas 2004), ahí tenés otro número, o en los Juegos de Londres 2012. Después del 2016 ya no hay más Generación Dorada. La realidad es que, a nivel basquetbolístico, Cortijo, Milanesio, Campana y Campazzo son Generación Dorada, sin dudar.
-¿En el presente es Campazzo el argentino que más cerca está de jugar en la NBA?
-Para mí, Campazzo es un jugador de nivel NBA que por situaciones de mercado y contractuales está fuera de la NBA, porque está en el Real Madrid con un contrato de cuatro años. Yo sé que hay varios equipos NBA que lo quieren, después si tienen el espacio necesario y si pueden pagar la cláusula de salida es otro tema, es una cuestión contractual, no deportiva. Campazzo ya tiene el nivel NBA, ¿sabés por qué? Él está entre los mejores cuatro bases del mundo en ataque junto con Tedosic, Sergio Rodríguez, Misic, Sloukas y en defensa es mejor que todos. Eso para caer en un equipo NBA, en términos de que te acepten tus compañeros y que te ganes la confianza del entrenador, le va a sumar un montón; es el mejor defensor de pick and roll del mundo en este momento, del mundo Fiba. Nadie pasa por encima de un bloqueo como Facundo Campazzo, nadie.
-Por curiosidad la pregunta, desde Divac y Petrovic, por citar algunos a principios de los 90, hasta Doncic y Jokic en el presente, ¿qué tienen los jugadores balcánicos para ser tan determinantes tanto en Fiba como NBA?
-Primero, talla: vos estás en Belgrado, por ejemplo, tomando un café en la peatonal y toda la gente que pasa caminando es alta, hombres y mujeres. En segundo lugar, la escuela y, en tercero, la formación rápida que tienen en la Euroliga (el mejor certamen de básquet del mundo Fiba), con equipos de esos países, hasta que se van a los mejores equipos de Europa. Yo creo que en el mundo las escuelas de básquet más importantes que hay son las estadounidenses; después, la balcánica, la española, la argentina y la australiana. Esas son las escuelas de básquet más importantes que hay hoy en el mundo.
-¿Qué te generó ver “Last Dance”, la serie sobre los Chicago Bulls y Michael Jordan?
-Me parece que eso fue estar a la hora justa en el lugar justo. Lanzaron un documental de Michael Jordan, el mejor deportista de todos los tiempos para mí, dentro de uno de los mejores equipos de la historia del básquet, de esos que han trascendido la disciplina, sumado a la perfección de los tipos que hacen cine y en tiempos de pandemia. Era un producto de gorro, bandera y vincha.
-Hablando de gorro, bandera y vincha, sos hincha de San Lorenzo en fútbol y te tocó ser bicampeón en básquet con el club en 2016 y 2017. ¿Qué significó para vos?
-Juntó lo profesional y lo deportivo con la parte romántica de ser parte del equipo del cual soy hincha de pibito. La verdad es que fue inolvidable para mí.
-Me voy al pasado más lejano: ¿qué fue el Mundial U22 de Melbourne 1997, con ocho jugadores que luego serían parte de la Generación Dorada?
-Para mí fue el comienzo de este grupo de jugadores. Siempre estar entre los mejores del mundo en un torneo es un hecho de valor, importante, estuvimos entre los mejores cuatro y cómo se dio el partido semifinal (derrota con lo justo frente a Australia cuando el juego estaba casi ganado) fue muy doloroso en ese momento.
-Hablando de dolor, ¿cómo es recuperarse después de perder una medalla en un Juego Olímpico? Derrota ajustada por el bronce frente a Rusia en Londres 2012.
-Hablábamos de Melbourne recién y dolió pero, si me decís qué partido dolió mucho, ese de Londres está muy presente. Dolió en el campo, en el vestuario y por un tiempo más. Cuando cumplo los objetivos, soy feliz, disfruto y doy vuelta la página y cuando se pierde aprendo, hago el duelo y también doy vuelta la página. Hay dos cosas importantes para poder competir: una es la resiliencia y la otra es no quedarte enganchado, ni con los títulos ni con lo que no te salió bien, eso es muy importante.
-En ese Mundial U22 estaba Gabriel Riofrío, quien falleció muy joven jugando la Liga Nacional (a los 22 años el 7 de enero del 2000, jugando para Estudiantes BB). Para quien no lo conoció, ¿cómo lo recordás?
-Era un pibe tranquilo, siempre estaba de buen humor y bien predispuesto para las cosas. Era muy joven y era una promesa, estaba acomodándose a las expectativas que había. En ese equipo del Mundial todos se reían mucho, era una banda de amigos que estaba todo el día jugando hasta que empezaban los entrenamientos, que eran a muerte. Más que llevar la iniciativa, se reía y acompañaba. La iniciativa era llevada por Lucas Victoriano, Leandro Paladino, Oberto. Ginóbili era un tanto curioso, como bromista. Siempre está el recuerdo para Gabi.
-Finalmente, ¿la Generación Dorada, en gran parte de sus integrantes, está intelectual y culturalmente por encima de la media?
-Sí, el coeficiente de varios integrantes del equipo y del grupo es alto. Creo que en muchos integrantes viene de familia y después han aprovechado que el deporte les permitió acceder a personas o situaciones que los han hecho crecer en su formación y conocimiento. Los chicos se juntan con Adrián Paenza, por ejemplo, y empiezan a hablar de otros temas o conocen al dueño de algún equipo y le preguntan varias cosas, o aprenden cosas nuevas con mucha curiosidad.