El estudio analizó la evolución de distintos indicadores entre 2018 y 2026 y mostró que, aunque la pobreza infantil disminuyó respecto de los niveles registrados durante 2024, todavía afecta a una parte significativa de la población menor de edad.
La pobreza infantil alcanzó al 42,5%
De acuerdo con el relevamiento, durante 2024 la pobreza infantil llegó al 70,4%, el nivel más elevado de la serie analizada.
En 2026, el indicador mostró una reducción, aunque permanece en niveles elevados: el 42,5% de los niños se encuentra en situación de pobreza, mientras que otro 9,5% atraviesa condiciones de indigencia.
Los datos reflejan que la falta de ingresos continúa condicionando el acceso de numerosas familias a bienes y servicios básicos.
El impacto de la AUH y la Tarjeta Alimentar
La investigación también analizó el efecto de las principales transferencias monetarias destinadas a los hogares con niños, entre ellas la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar.
Según explicó Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA y autora del informe, estos programas tienen un impacto importante para contener las situaciones más extremas.
Sin embargo, su alcance resulta insuficiente para eliminar la pobreza infantil. El estudio estima que, sin estas transferencias, el porcentaje de niños en situación de pobreza podría subir del 42,5% al 47,8%.
La falta de ropa también afecta el bienestar
El informe advierte que las dificultades económicas no se limitan a la posibilidad de cubrir necesidades materiales.
La imposibilidad de acceder a vestimenta adecuada puede repercutir en la vida cotidiana de los niños, incluyendo aspectos relacionados con la integración social, la identidad y la seguridad.
El estudio también señala que alrededor de cuatro de cada diez padres indicaron que sus hijos presentan dificultades vinculadas con el aprendizaje y el interés por las actividades escolares.
Una problemática que puede dejar consecuencias a largo plazo
Para los especialistas, la pobreza durante la infancia tiene efectos que pueden extenderse más allá de los primeros años de vida.
La falta de recursos puede condicionar el desarrollo, la educación, la salud y la integración social de los niños, generando desigualdades que pueden resultar difíciles de revertir con el paso del tiempo.
En este contexto, el informe de la UCA vuelve a poner el foco sobre la necesidad de fortalecer las políticas destinadas a la infancia y a los hogares con menores ingresos, frente a una realidad en la que millones de niños todavía enfrentan dificultades para acceder a bienes considerados básicos.
Fuente: NA