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Indican que los niños que controlan sus emociones son más integrados en grupos

Un estudio realizado por el centro de investigación Nodos, que une a Río Cuarto con la Universidad de Granada en España, analiza las relaciones sociales en los primeros años de vida, cómo se da el rechazo y cómo la exclusión influye en los procesos de aprendizaje

Un proyecto de investigación desarrollado en el centro Nodos une a nuestra ciudad con la Universidad de Granada, en España, y busca conocer la influencia de la autorregulación en las relaciones sociales de niñas y niños. El estudio apunta a conocer cómo los niños que menos control tienen a la hora de manejar sus emociones hacia los demás son los que más rechazo sufren por parte de sus pares, y en un contexto como el actual, en el que todos los niños se vieron distanciados por las medidas de cuidado sanitario, los investigadores sostienen que “la pandemia y el distanciamiento social, probablemente, nos permitieron acercarnos un poco a la experiencia de soledad que muchos niños y niñas viven de forma cotidiana, mediante el rechazo de sus compañeros y su contexto social”, indica el informe.

El proyecto concretamente trabaja sobre la “influencia de la autorregulación y la teoría de la mente en las relaciones sociales en la infancia”, y está desarrollado de manera colaborativa entre “Nodos Centro Clínico y de Investigación en Neuropsicología Cognitiva” y el Laboratorio de Neurociencia Cognitiva del Desarrollo de la Universidad de Granada (España).

Es un trabajo que se mantiene desde hace tres años, con el fin de conocer cómo procesos neurocognitivos de control atencional-ejecutivo están en la base de la conexión emocional, la compresión de los demás y las relaciones sociales, especialmente durante el desarrollo infantil.

Los directores del proyecto son Juan Pablo Zorza, referente de Nodos en nuestra ciudad, y Valeria Morán.

En relación a la consulta sobre qué los motivó para elegir este tema de investigación, los investigadores aseguran que “una de las experiencias más relevantes para todo ser humano es ser parte de un grupo social y ser reconocido por lo que puede aportar”. En este sentido, indican que “esta experiencia de afiliación es fundante para el bienestar emocional de las personas, y tienen en la infancia especial relevancia al forjar las bases de la personalidad”.

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Por esto, el proyecto propone conocer “cuáles son los procesos neurocognitivos que facilitan ser aceptados por los demás y permiten coordinar acciones con el fin de alcanzar las metas que un individuo o sociedad se proponen alcanzar”, explican los especialistas, y señalan que “las capacidades de autorregulación y de empatizar se definen como prioritarias para cualquier empresa educativa o laboral en la actualidad”.

No obstante, aclaran que es sabido que más allá de las habilidades intelectuales, “la capacidad de trabajar en equipo, ser flexible y competente socialmente, son las más relevantes para alcanzar los objetivos personales que cada uno defina como valiosos”, indica el estudio.

El rechazo

En esta línea de trabajo, explican que la otra cara de la moneda de la aceptación es el rechazo. “El ser aislado o marginado de un grupo en la infancia suele ser una marca en la memoria emocional que nos acompaña toda la vida”, indican, y señalan que por ese motivo “en esta fase del estudio, nos interesó indagar qué característica individual tienen los estudiantes que son rechazados por su grupo de pares, en el entramado cultural y normativo que nos toca vivir en esta época”.

En cuanto a la hipótesis que los guió en el estudio, los investigadores indican que “a menor capacidad de autorregulación, evaluada por el funcionamiento ejecutivo, y menor capacidad de teoría de la mente (capacidad de comprender la mente de los demás) los estudiantes de 8 a 12 años serían menos elegidos por sus compañeros para realizar tareas escolares y jugar en los recreos”.

- ¿Quiénes participan del estudio?

- En el estudio participaron 67 niñas y niños de 8 a 12 años de escuelas argentinas, y se aplicaron test psicométricos y tareas computarizadas para evaluar las capacidades de autorregulación y comprensión de las creencias, intenciones y deseos de los demás (teoría de la mente), mientras que el nivel de aceptación o rechazo se evaluó mediante un cuestionario sociométrico completado por los propios estudiantes.

Como resultado, el estudio indicó en su análisis estadístico “el poder predictivo que la autorregulación y la teoría de la mente tienen sobre la aceptación y rechazo entre pares”.

“Prevenir la exclusión social en la infancia es apostar al bienestar individual y social futuro; no se puede aprender a leer ni a escribir si no es con otros. Es prioritario que para todos los sectores, pero en especial para niñas y niños en contextos vulnerables de los 3 a los 5 años, la educación se centre en estas capacidades”, dice el estudio.

“Como demuestran los resultados de este trabajo, los niños y niñas con menor capacidad de interpretar las percepciones, deseos y creencias de otras personas, así como menor capacidad de poder considerar diferentes perspectivas y adoptar cursos de acción en función de ello, son los más rechazados por sus pares, fundamentalmente en actividades de esparcimiento sin estructuración”.

- ¿Qué lectura hacen de estos resultados?

- La evidencia sugiere que las niñas y niños que tienen dificultades en regular sus emociones acorde al contexto, presentan desafíos para controlar su atención hacia una meta y ser flexibles para comprender la perspectiva de los demás; suelen, a su vez, tener mayores dificultades en empatizar con sus compañeros. Estos desafíos a nivel individual aumentan la posibilidad de ser rechazados. Los resultados de esta investigación son consistentes con estudios previos y demuestran que las capacidades de autorregulación emocional y la capacidad de interpretar las intenciones de otras personas, un componente de la empatía, son fundamentales en las relaciones sociales.

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En este sentido, desde Nodos y la Universidad de Granada explican que del estudio surge que “niñas y niños que reconocen lo que sienten, modulan estas emociones y comprenden las emociones de los demás pueden sintonizar con sus compañeros y conseguir objetivos grupales”.

Señalaron que en el marco de la pandemia mantuvieron las investigaciones, y en el aislamiento social “observamos que estas capacidades también favorecieron a que los adolescentes pudieran afrontar el estrés producto del distanciamiento social, con mayor efectividad que sus pares con menos capacidades de autorregular las emociones”.

Finalmente, los especialistas indicaron que “estos procesos se instancian en la red cerebral de atención-ejecutiva, y la misma se puede estimular en la primera infancia mediante contextos que proporcionen apego seguro y bajos niveles de estrés para el neurodesarrollo”; y que, del mismo modo, “en los espacios educativos existen programas específicos que se están desarrollando para estimular estos procesos. Prevenir la exclusión social en la infancia es apostar al bienestar individual y social futuro, no se puede aprender a leer ni a escribir si no es con otros. Es prioritario que para todos los sectores, pero en especial para niñas y niños en contextos vulnerables de los 3 a los 5 años, la educación se centre en estas capacidades”.