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Entre llantos, Macarrón le apuntó al fiscal Pizarro: "Es un mentiroso total"

El viudo negó frente a los jueces haber tenido participación en el crimen de su esposa. "Es descabellado que alguien que juró defender la vida sea un asesino". Hoy declaran sus dos hijos. Adelantaron que darán indicios de quién, para ellos, es el sospechoso

No era el mismo.

El lunes, Marcelo Macarrón (62) entró decidido por el ingreso principal de Tribunales, habló con la característica voz potente frente a los periodistas y se mostró imperturbable incluso cuando las secretarias del tribunal describieron en detalle el cruento crimen de su mujer, Nora Dalmasso.

La versión que exhibió ayer el viudo fue diferente.

Se mostró quebrado, no cesó de sollozar desde que se inició el debate hasta que concluyó su declaración, de unos veinte minutos, ante los jueces, y hasta tuvieron que pedirle que se acercara al micrófono porque el hilo de voz no llegaba a los jurados populares.

Eran las dos caras de una misma moneda.

Tras ser invitado a sentarse en la silla habitualmente reservada a los testigos, Macarrón dijo que estuvo viviendo un calvario los últimos 15 años. “Entré en estado de shock, incluso algunas veces pensé en suicidarme”.

Reiteró su inocencia. “Niego totalmente la imputación que me ha hecho el fiscal porque es un mentiroso total. ¿Hace falta que diga el nombre?”, le preguntó al presidente del tribunal Daniel Vaudagna y, sin necesitar respuesta, aclaró que estaba hablando de Luis Pizarro, el fiscal Antinarcotráfico que tomó la etapa final de la acusación en su contra y lo envió a juicio por el delito de homicidio calificado por el vínculo, por alevosía y por precio o promesa remuneratoria.

-¿Va a responder preguntas? - le consultó el juez, y el acusado dijo que lo haría si se sentía bien, aunque aclaró que estaba muy angustiado.

No hubo ocasión para eso.

Sobre el final de su alocución, aceptó un vaso de agua. Se lo acercó una de sus abogados, que le palmeó la espalda para confortarlo a la vista de todo el auditorio.

En relación al crimen de su esposa no hizo ninguna hipótesis. Comentó que se enteró cuando estaba en Uruguay y que, para poder regresar, se tomó “uno o dos alplax”.

Dijo que desde ese momento toma antidepresivos y se encuentra en tratamiento psiquiátrico y psicológico, al igual que sus dos hijos, Facundo y Valentina.

“Ellos tenían 19 y 15 años y lo que me importaba en el futuro era darles un estudio como pensábamos siempre con Nora para que pudieran defenderse. Gracias a la ayuda de mis padres y de mis suegros los pude sacar adelante”, dijo.

Descartó de plano su participación en el crimen. Como médico recibido en la ciudad de Córdoba hizo el juramento hipocrático y señaló que es descabellado pensar que alguien que ha jurado defender la vida sea un asesino o pueda contratar a un sicario.

“Llevo 40 años de médico. Tenía siempre encendido mi celular y a la hora que me llamaba un paciente iba y lo atendía. Soy un hombre de bien, mi familia era de bien, mi padre tenía dos trabajos y mi madre era ama de casa y costurera para que junto a mis hermanos pudiéramos estudiar”, comentó.

Agregó que la muerte de sus padres estuvo asociada a dos hitos dentro del proceso: “Mi madre falleció a los seis meses de la imputación de mi hijo Facundo, y mi padre murió a los seis meses de que me imputaran a mí”.

Aunque no respondió preguntas de las partes, sí debió contestar sobre sus condiciones personales.

En relación a sus ingresos mensuales, aseguró que se limitan a 140.000 pesos mensuales que percibe por su profesión de médico, a lo que se suma el cobro del alquiler de dos propiedades.

Remarcó que, si bien se desempeña como traumatólogo cirujano, desde hace algunos años sólo participa de las operaciones dando indicaciones a otros médicos porque un temblor en las manos le impide hacer uso del bisturí.

Macarrón adjudicó esa afección al estrés que le provocó estar en la mira de la Justicia todos estos años. “Eso me destruyó, la imputación de mi hijo también me destruyó. No puedo más”, dijo antes de levantarse y volver a colocarse al lado de sus tres abogados.

Macarrón volverá a hablar frente al tribunal antes de que se lea la sentencia, en lo que serán sus últimas palabras. En el transcurso del juicio también puede ampliar su declaración cuando lo considere necesario.

¿Lo hará?

Julio Rivero afirmó que la madre de Nora siempre quiso ser querellante

Para el fiscal de Cámara Julio Rivero, a Nora Dalmasso la mataron a traición, y arriesgó: “Ella nunca supo quién la mató”.

El encargado de llevar adelante la acusación en este juicio consideró que la mañana que le dieron muerte, ella no esperaba a nadie y quien ingresó a su domilicio de la Villa Golf “no era un loquito o un psicópata sexual, el móvil del crimen no fue sexual ni tampoco en ocasión de robo, el móvil fue personal”, afirmó.

Así abonó la imputación que hiciera el fiscal de instrucción Luis Pizarro aunque se cuidó de no entrar en valoraciones porque remarcó que la presentación del caso frente a los jurados no era la ocasión para hacerlo.

“Nora Dalmasso no era una empresaria exitosa ni se equivocó en los últimos momentos de su vida”, dijo Rivero, evocando las desafortunadas expresiones que tuvo el viudo en la conferencia de prensa que brindó a los medios de todo el país.

El fiscal reivindicó la figura de la víctima. “De pronto pasó a ser Norita, usando un diminutivo totalmente peyorativo. Este juicio debe servir para que ella pueda descansar en paz” y pidió que este juicio sea juzgado con perspectiva de género.

Una silla vacía

Rivero se lamentó que a su lado no estuviera un abogado querellante, en nombre de la familia de Nora. Remarcó que María Delia Grassi, la madre de la víctima, “siempre quiso ser querellante en esta causa , no me caben dudas de eso, y si hoy no está aquí es porque sufrió un ACV que la dejó imposibilitada de hacerlo”.

“No es un reproche, pero a este juicio le hace falta la tenacidad de esa leona”, concluyó el fiscal.