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Subirachs demolió la pista del sicario y resaltó el valor del ADN

Declaró que el cuerpo de Nora no tenía signos de violación y cree que habría tenido sexo consentido. Reivindicó su labor y la de los forenses Mazzuchelli y Ferreyra. Ya fuera de la sala de juzgamiento, apuntó a la defensa: "¿Tanto le molestaba la prueba genética?"

-Desde el punto de vista médico legal, este caso está resuelto hace años.

Con los ojos anegados y escoltado por su familia, el médico forense Martín Subirachs declaró ayer en el juicio a Marcelo Macarrón y dejó instalada la incómoda frase.

Subirachs, uno de los tres forenses que elaboraron la autopsia de Nora Dalmasso, ratificó lo que les dijo al fiscal Javier di Santo y al comisario Comugnaro en el atardecer del 26 de noviembre de 2006 en la habitación donde yacía el cuerpo de la infortunada mujer. “Acá hubo una relación sexual consentida”.

Las lesiones en la zona vaginal, anal y en los pechos -lo suficientemente claras para detectar una actividad sexual “fuerte” o “con pasión”, dijo el testigo- lejos estaban de indicar que Nora había sido violada. Tampoco que hubiera sido asesinada con premeditación. “Hasta el día de hoy sigo afirmando que hubo sexo con mucha pasión y que algo pasó durante o después del acto sexual. Hubo algún elemento disparador para que el agresor manoteara lo que tenía a su alcance, el lazo de la bata de toalla, y la estrangulara”.

Las palabras de Subirachs tuvieron en vilo a los jurados populares. En sus rostros había sorpresa y desorientación: los forenses que desfilaron antes por el juicio (y no habían participado de la autopsia) se inclinaban por la violación.

Basta recordar que hace un puñado de días nomás el forente cordobés Ricardo Cacciaguerra no sólo afirmó que Nora había sido violada, sino que agregó con tono indubitable que la mujer había sido asesinada con un nudo corredizo muy inusual en los homicidios y propio de los que se hacen en el campo.

Sin embargo, cuando el fiscal Julio Rivero le alcanzó a Subirachs una corbata bordó para que reprodujera el nudo que el propio forense tuvo que desanudar del cuello de la víctima, lo que se vio dejó pasmados a todos: se trataba de un simple lazo de dos vueltas, hechas con mucha presión y con dos sencillos nudos como los que se hacen cuando se comienza a atar un cordón de zapatos.

“Leí en la prensa lo que dijo Cacciaguerra y, la verdad, que no sé cómo pudo decir eso”.

Fuera de la sala de juzgamiento, agregó: “Una cosa es ver el cadáver, tocarlo, olerlo, moverlo y otra cosa es hacer el análisis a partir de una foto”.

Acompañado por dos mujeres tan emocionadas como él, Subirachs dio por tierra con la hipótesis del sicario, que es la que se está juzgando hoy, y reivindicó el valor de la prueba de ADN como una de las pericias científicas más certeras. “¡Ojo! Yo no digo que sea el asesino, pero el ADN te pone en la escena del crimen”, remarcó.

Tanto es así que coloca al sospechoso en la necesidad de demostrar lo contrario. “Salvo que el ADN haya llegado a la escena del crimen a causa de un viento sur”, ironizó.

Mario Vignolo, presidente de la Asociación de Médicos Forenses de Argentina, avaló la autopsia de los forenses locales: “Se los ensució mucho, pero ahora se están reivindicando”, dijo en los Tribunales.

Dijo que los maestros de la medicina legal sostienen que el ADN es la prueba más concluyente y evocó el rol del test en uno de los capítulos más dolorosos de la ciudad, la violación y crimen de Laura Mansilla. “Era la primera vez que se aplicaba en el país. De los 7 imputados, encontraron el ADN de 5 y eso los condenó. Los otros dos zafaron”.

Subirachs recordó que el fiscal Daniel Miralles se basó en la prueba de ADN para acusar a Marcelo Macarrón como autor material del crimen. “Después lo sacan a Miralles y (Luis) Pizarro desestima la prueba de ADN, desestima el testimonio de los médicos forenses de Río Cuarto y desestima el testimonio de un bioquímico de gran trayectoria como (Daniel) Zabala y, en cambio, en la acusación se vale de lo que dijo (Ricardo) Cacciaguerra”.

¿Cambio de acusación?

Con la pista del sicario herida de muerte, crecen las chances de que la “prueba madre” -ostensiblemente menospreciada en este juicio- recobre el peso que le otorgaron Subirachs y los otros dos autores de la autopsia, los forenses Virginia Ferreyra (con carpeta médica por un pico de estrés) y Guillermo Mazzuchelli (con un problema de salud que le impide declarar en este juicio).

La convocatoria para hoy del hasta ahora gran ausente en el juicio, el bioquímico Daniel Zabala, podría inclinar la balanza hacia el “hecho diverso”, es decir, a que se reformule la acusación en pleno juicio.

Por el momento, el desdibujado fiscal no dio ninguna señal en esa dirección.

Zabala fue el primero en detectar líquido seminal en la escena del crimen y, al igual que los forenses locales, fue blanco del escarnio y la descalificación.

Con el desahogo en el rostro, Subirachs opinó que le parece lógico que Zabala sea citado porque fue el que utilizó el reactivo de fosfatasa ácida prostática que le dio positivo en los hisopados que se hicieron en el cuerpo de Nora y en la torunda de algodón que recogió la muestra del líquido blancuzco que la víctima tenía en la parte externa de la vulva.

“El FBI le dio la razón al bioquímico Zabala y también dejó en claro que la escena del crimen no fue contaminada y que las muestras biológicas fueron correctamente tomadas”, dijo Subirachs.

Cuando descendía las escalinatas de Tribunales, iba envuelto en un halo de redención. “Nos ningunearon, pero no pudieron sacar a Nora del dormitorio: demostramos científicamente que murió en la cama”.

Agregó que el defensor Marcelo Brito -que por primera vez se quedó sin preguntas- buscaba mostrar que Nora fue asesinada en otra parte de la casa para así “anular la prueba genética”.

El forense aseguró que en cualquier homicidio las familias de las víctimas buscan denodadamente que se hagan pruebas genéticas para encontrar al asesino, pero en este caso, extrañamente, sucedió lo contrario. “¿Tanto les molestaba la prueba genética?”, se preguntó.

Alejandro Fara. Especial para Puntal

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