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Adentro y afuera

 
La realidad económica se construye con datos de distinta índole que ofrecen parcelas de lo que sucede en los sectores productivos. Y, como ya se ha escrito anteriormente en esta columna, la actualidad presenta diferencias marcadas según el lugar desde donde se la mire. 

Aunque durante la semana pasada los temas más convocantes para la opinión pública pasaron por el cuaderno del remisero Oscar Centeno y la votación en torno al aborto en el Senado, también ocurrieron hechos que dibujan el presente y condicionan las representaciones sobre el futuro que elucubran distintos actores.

La capital provincial fue escenario de dos encuentros muy significativos: El 11° Coloquio Industrial, que organiza todos los años la Unión Industrial de Córdoba (UIC), y el XXVI Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID). Ambos contaron con disertantes de primer nivel y la visita de funcionarios de alto rango. Cada evento expresó el momento y las incertidumbres por las que transitan los organizadores.

El coloquio estuvo precedido por contundentes informes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El Estimador Mensual Industrial (EMI), publicado a principios de agosto, dio cuenta de una caída de la actividad en la industria manufacturera del 8,1 por ciento. La información corresponde a la comparación interanual de junio; podría haberse agravado más el mes pasado. El estudio sobre el uso de la capacidad instalada siguió obviamente ese camino, acusando una baja de casi 6 puntos y ubicándose prácticamente en el mismo nivel de enero, cuando muchos establecimientos realizan paradas técnicas y unifican vacaciones.

Las palabras del villamariense titular de la UIC, Marcelo Uribarren, en el cierre del coloquio se explican a partir de ese contexto: “La situación actual de la industria es crítica. La coyuntura tiene los elementos necesarios que abonan una gran preocupación, que de no corregirse, desembocarán en una crisis mayor. Las tasas de interés, que desalientan el nivel de actividad, es nuestro reclamo más urgente. La caída del 8 por ciento de la actividad industrial se debe, entre otras cosas, a ese punto. No hay más tiempo que esperar para bajar la tasa sino el daño que puede causar en algunos casos será irreversible”, sentenció.

La queja por la tasa de interés es inevitable y la falta de respuesta en el corto plazo también. La movida que tuvo el dólar los últimos días de la semana pasada, ubicándose nuevamente cerca de los $30, exime de mayores interpretaciones.

Con un bajo porcentaje de la producción orientada a la exportación, la industria vive fundamentalmente del alicaído mercado interno. Y este, con la escalada inflacionaria de los últimos meses, tiene fuertes restricciones que impiden a ese sector imaginarse en el futuro cercano una reactivación que les permita escapar del fantasma del quebranto.

El congreso de AAPRESID, con sus salones de capacitación atiborrados y la gran concurrencia que recorrió los coquetos stands armados en Forja, mostró otra cosa. Es cierto que la entidad convoca más a productores y técnicos vinculados con la agricultura y no tanto a quienes dependen de las actividades ganaderas más complicadas, pero claramente se respiraba un aire distinto. 

De más está decir que el campo tuvo un mal año, con una prolongada sequía que impactó fuertemente en el volumen de producción y, por ende, en los ingresos. Pero el escenario ya está mostrando que van por revancha. Y si hay algo que conocen los esforzados miembros de las economías regionales es justamente eso. 

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) destacó que en las últimas semanas “la apuesta por el trigo tomó otro impulso más. El área de intención de siembra sube otro escalón y pasa de 6,18 a 6,32 millones de hectáreas. Se agregaron 138 mil hectáreas a la estimación del área triguera. Teniendo en cuenta los niveles de productividad unitaria de los últimos años, y con un clima favorable, la producción 2018/2019 podría dejar un nuevo récord histórico de 21 millones de toneladas”.

En los números, según calculó el economista Salvador Distéfano, ese volumen generará más de USD 4000 millones, que estarán disponibles para fin de año. No es una enormidad, pero en momentos de penurias suma.

En AAPRESID, el analista Pablo Adreani le puso cifras a toda la campaña: “Con clima normal, sin las inundaciones de los últimos 3 años y la sequía, vamos a 140 millones de toneladas de piso que implican un ingreso de 15 mil millones de dólares más con respecto a la anterior campaña. Esos recursos achican el déficit comercial y significan más actividad económica interna, consumo de gasoil, fletes, insumos, servicios e impuestos, con lo que se achica también el déficit fiscal. El sector será nuevamente un factor de recuperación, en un semestre que no viene muy bien desde el punto de vista económico”.

El país del dólar alto está partido en dos: los sectores relacionados con el consumo interno, que difícilmente logren cambiar de signo en lo que resta del año, y aquellos que miran hacia el océano. Las proyecciones sobre la recuperación del campo seguramente suenan en los oídos de Mauricio Macri como “la música más maravillosa”. Se viene el 2019 y, según la última encuesta de la consultora de Gustavo Córdoba y asociados publicada el pasado viernes en PUNTAL VILLA MARÍA, el nivel de rechazo a su gestión alcanzó este mes el 61,2 por ciento. Para mantener la ilusión reeleccionista la única opción es que a comienzos del próximo año la economía empiece a dar noticias distintas. La empecinada defensa del propio presidente del cronograma de reducción de derechos de exportación a la soja, incluso contra lo que sostenía su ministro de Economía, seguramente tiene que ver con eso.

El problema sigue siendo, desde que la crisis irrumpió casi sorpresivamente en el país, lo que pasa mientras las variables evolucionan. 

No es un dato menor pensar qué ocurrirá en el corto plazo con los sectores productivos menos dinámicos, que van configurando un contexto de mayor concentración en manos de quienes tienen herramientas para soportar las carencias actuales. Se trata de productores más pequeños que en estas semanas salieron de agenda.

El próximo semestre, muletilla de la actual administración nacional, cobra  más vigencia que nunca. Es que tal vez no haya otro más para apostar y eso el gobierno lo sabe. La suerte se juega a cara o cruz con el campo, nuevamente, con el rol protagónico.

Pablo Correa.  Redacción Puntal Villa María.

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