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El impacto de la macroeconomía

 
Más allá de las opiniones sobre la realidad económica, que se multiplican por todos los rincones de la ciudad, es importante analizar el impacto que las nuevas condiciones tendrán en los sectores productivos de la región. 

Los sucesos de mayo marcan un antes y un después en la economía argentina. El gradualismo terminó y en estos días se empieza a vislumbrar lo que viene. La Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI), conocida días atrás, confirma las especulaciones previas. 

La propuesta del Ejecutivo nacional para obtener recursos del organismo multilateral prevé reducción acelerada de subsidios –particularmente del sector energético-, achicamiento del Estado y disminución de obra pública. 

En materia cambiaria, se supone que el “prestamista de última instancia” no proveerá de dólares para que se rifen en el mercado local, aunque teniendo en cuenta lo ocurrido la semana pasada eso todavía está por verse. Habrá que esperar los pasos que en ese sentido dé el nuevo presidente del Banco Central, Nicolás Caputo. 

De todas maneras, queda claro que para pagar el crédito hay que tener dólares. Y para ello hay que vender más y comprar menos. Todas las actividades agropecuarias regionales tienen perfil exportador. Vale repasar la situación de cada una para analizar de qué manera se insertan en el actual escenario.

Tal como explicó a este medio semanas atrás el especialista en economía agropecuaria del INTA Manfredi, Martín Giletta, la agricultura es la actividad que más se beneficia por la modificación del tipo de cambio. Las razones son sencillas. Los productores sembraron con costos atados a un dólar unos $10 por debajo del actual. Y en el caso de la soja cuentan –por ahora- con un cronograma de disminución progresiva de derechos de exportación. Los otros dos principales granos, maíz y trigo, no tienen retenciones desde fines de 2015. Como sus precios están dolarizados los beneficios son inmediatos. Esa es una cara de la moneda. 

En el reverso emergen las consecuencias de la intensa sequía. Los números de las distintas entidades agropecuarias indican que la campaña de verano está finalizando con 30 millones de toneladas de granos menos. El efecto riqueza vinculado al tipo de cambio no se verá en el sector. Por supuesto que habrá quienes hayan tenido otra suerte, pero los datos globales son contundentes.

Superando el mal trance las condiciones serán más auspiciosas y eso es lo que están viendo los productores. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) solo la zona núcleo del país apuesta a producir más de 5,5 millones de toneladas del trigo. De ser así, la región agrícola privilegiada anexaría unas 200 mil hectáreas con respecto al año anterior. Y es de esperar que ese comportamiento se replique en aquellas zonas que cuentan con condiciones agroecológicas favorables para el cultivo, como la que circunda a Villa María. 

Igualmente, desde la entidad advirtieron claramente que la parada no es sencilla por las condiciones iniciales. “Si al trigo no le va bien algunos productores pueden llegar a quedar con graves problemas financieros”, sostuvo en su último boletín informativo.

Ganadería

Distinta es la situación para las actividades ganaderas ya que todas ellas, sin excepción, reciben un mix de problemas sin soluciones rápidas. Por lejos el principal insumo de la ganadería es la alimentación, que depende mayoritariamente de la soja, el maíz y los subproductos de ambos. Y los precios prácticamente se duplicaron en medio año. Para graficar vale mirar las pizarras. La soja el 1 de diciembre del año pasado marcó en la BCR –principal mercado en Argentina- $4750 la tonelada, mientras que el viernes pasado cerró a $7700. Esa suba extraordinaria no puede ser compensada en la góndola, ya que el golpeado mercado de consumo no puede convalidar tales valores. 

¿Todos los problemas están focalizados ahí? No. Hay muchos otros que rodean al sector bovino, porcino, avícola y demás. Se incluyen desde la falta de infraestructura hasta la importación, en el caso del cerdo.

Igualmente, para zafar de la mordaza los productores ganaderos miran hacia delante de la cadena. La suba del dólar proporciona oportunidades para los frigoríficos exportadores, que podrían convalidar precios más elevados y compensar en cierta forma el desbalance entre costos y precios internos. 

Pero eso no llega de un día para otro. Aunque el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) trabaje fuertemente en abrir mercados, hacer negocios y realizar todos los trámites necesarios lleva tiempo. Y la cuestión es, como en muchas actividades productivas, qué pasa mientras tanto. El túnel tiene una salida, pero queda lejos y no hay una luz que guíe el camino. En las tinieblas hacer el recorrido correcto depende mucho del azar. 

Lechería

Sin dudas se trata de una de las actividades que más impacta en la región. Históricamente producción e industria se miran con recelo, pero actualmente no lo pasan bien ninguno de los eslabones. La producción, porque cuando lograba salir de los fuertes inconvenientes climáticos de años anteriores, incrementando el volumen de leche, llegó el aumento de alimentos e insumos. El precio nunca responde velozmente a los cambios macroeconómicos. El  ahogo de los productores es tan evidente que Gustavo Prataviera, presidente de la Cámara de Productores Lecheros de Córdoba (CAPROLEC), reclamó semanas atrás en PUNTAL VILLA MARIA el retorno a la política de retenciones. Nada más y nada menos.

Pero los industriales también se las traen. El primer trimestre del año la producción subió casi un 15 por ciento y el mercado interno tracciona cada vez menos. Se sabe que cuando esto empieza a ocurrir los ruidos en la cadena no tardan en aparecer. Tal vez por eso el vicepresidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL), Javier Baudino, valoró positivamente en estas páginas la suba del billete verde. El actual precio internacional de la leche en polvo, combinado con el valor que adquirió la moneda norteamericana, lubrica el negocio exportador. Eso quitaría stock del mercado y permitiría a las empresas –especialmente las pymes- defender más sus productos sin que el recibo de leche los asfixie.

Del mismo modo la exportación conviene a la producción porque las industrias con capacidad para reaccionar rápido ante esas oportunidades podrán ofrecer más por la materia prima, lo que repercutiría en una mejora general de los precios. Aunque por lo menos hasta julio eso no empezará a sentirse y las necesidades financieras acechan. Para las producciones de la región el tipo de cambio más elevado –condición que parece necesaria con los nuevos fundamentos económicos- puede representar, de a poco, una recomposición competitiva de sus actividades. Para poder verlo falta tiempo y la coyuntura golpea fuertemente. El problema es que, como escribió el economista británico John Maynard Keynes hace ya muchos años, en el largo plazo estamos todos muertos.

Pablo Correa.  Redacción Puntal Villa María.

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