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Solemnidad del Bautismo del Señor

Por Albina Moreno y Osvaldo Chiaramello * (Para Puntal)

Con la Solemnidad del Bautismo del Señor se termina el tiempo de Navidad. Podríamos decir que ese Niño Dios pequeño se hace hombre y a la edad de 30 años, como nos lo dice la Palabra, sale de Nazaret, de donde se había criado, en el hogar de María y José, para introducirse en las aguas del Río Jordán y ser bautizado por Juan el Bautista. Ofreciéndonos una relación entre “BELÉN” y el “JORDÁN”, es decir, el comienzo de la vida pública de Jesús.

Jesús al bajar al Jordán, el río de muerte, se introduce en esas aguas tan significativas para decirnos que  el agua que él recorre con su santo cuerpo ha recibido de Él la gracia de la santificación y nosotros, sumergiéndonos en ella, recibimos la gracia que nos regenera, el poder que nos salva, la misericordia que derrota nuestro pecado y nos hace hijos.

Jesús baja de Nazaret al Jordán… para indicarnos que ÉL es el Salvador. Baja para elevar la dignidad de la persona humana.

Y nos indica que ha llegado la luz al mundo que se bate en las tinieblas.

Cuando Jesús se introduce en el Jordán, para ser bautizado por Juan, éste le dice: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú que viene a mi encuentro!”.

En este tiempo, nuestro tiempo, es el momento de dar esa respuesta a Juan el Bautista, desde la vivencia de nuestro propio bautismo, con las buenas y santas obras de MISERICORDIA; que requieren sin duda el estilo de penitencia para llevar una vida más purificada. Juan Bautista viene a recuperar a las personas, entreveradas en senderos sin rumbo; para ello llama a la conversión, desde el bautismo penitencial, administrado en las humildes aguas de río Jordán. 

Quizás este gigante profeta, por su humildad, no imagina que allí su bautismo “con agua” experimentará una sustancial transformación.

Por eso, nosotros habiendo recibido el santo Bautismo estamos llamados a vivir de una manera diferente, estamos llamados a salir de la ley del Antiguo Testamento, que convive en nuestro interior, cuando le damos lugar al mal pensamiento, a los juicios fáciles, estamos llamados a purificar la memoria en lo cotidiano… vivir con una memoria purificada, es cuando al recordar el pasado o la historia u hechos del presente no alteran mi interior… y no salen agravios, sino respuestas de compasión. Estamos llamados desde el Bautismo y, con esta fuerza de la gracia, a tener una mirada misericordiosa.

Podemos preguntarnos: ¿cómo estamos ante las realidades que vivimos en el presente? Tantas malas noticias por todas partes, medios de comunicación que sólo nos informan del mal sucedido… Pero el hijo de la LUZ vive con la fuerza del impulso del Espíritu Santo que se nos regala en el Bautismo… el hijo de la Luz sabe contrarrestar estas vicisitudes, equilibrando la balanza con la oración, con las buenas acciones y sin juzgar, sino siendo compasivos y no devolviendo mal por mal.

Lo que transforma nuestra vida en algo nuevo no es el agua, o sea, nuestra voluntad de querer cambiar las cosas, sino el Espíritu en el que Jesús nos bautiza y sumerge. 

El pecado como fracaso de la vocación humana es quemado por el fuego del Espíritu.

“Mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él”.

Jesús sale del agua y ora. El Espíritu viene cuando oramos. Al quedar Jesús bautizado, inundado, marcado por el Espíritu, se manifiesta en él la humanidad nueva. Cuando oramos experimentamos la gran suerte de tener la humanidad de Jesús delante, al lado, dentro de nosotros. Ese es nuestro bautismo: ver cómo vive Jesús y sentir la alegría de vivir como él.

Estamos capacitados para vivir como hijos de Dios, como hombres renovados por el Espíritu. Por el bautismo somos de Cristo. Y ÉL sigue creando hombres nuevos: en la cruz ha quebrantado la fuerza de la carne. Por la fe y por el bautismo. Cristo renueva y vivifica constantemente a la Iglesia, que es su cuerpo.

Cristo, con su muerte redentora, venció el pecado y nos hizo capaces de vivir, no según la carne, sino según el espíritu, opuesto a la carne: “El que es de Cristo ha sido hecho nueva criatura”.

Este es el ideal de hombre que necesita nuestra sociedad.  Todos queremos un cambio social, sociocultural, en la Iglesia… pero debemos cambiar nuestra mentalidad, dejarnos amar por Dios y saber que ese cambio es posible a partir del propio cambio interior.

Hoy es un día para bajar a las aguas del Jordán interior, poder repensar nuestro Bautismo… recordar o interesarnos por saber qué día fuimos bautizados… es un día para renovar, incentivar y revitalizarla fuerza del Espíritu Santo, que un día nos hizo hijos de Dios, miembros de su pueblo, hijos de la Iglesia y hermanos. Es un día para recordar que desde esa PILA BAUTISMAL fuimos llamados por nuestro nombre y se nos ha dado una misión… y para renovar ese mandamiento del AMOR.

Y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». 

En esta voz está el sí fiel del amor de Dios al mundo. La oración, como dimensión esencial de nuestro bautismo, nos permite oír esta voz en Jesús, en quien está Dios de forma humana y resplandece de forma incomparable. Jesús comparte con nosotros esta voz y nos enseña a escuchar el amor y la predilección que el Padre nos tiene. Y recobrar así la disposición al perdón para con una sociedad muy herida y aturdida por el mal.

 

* Pioneros de un Mundo Nuevo.

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