A grandes rasgos la economía ofrece casi las mismas noticias que 15 días atrás: el dólar sigue en igual rango, aunque algo más cerca de la banda inferior; tasas por las nubes e inflación en ascenso. En ese contexto el consumo no tiene otra opción que caer.
El último informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) sobre la actividad de centros de compras y supermercados marcó una caída de las ventas a precios constantes del 3,7 por ciento. Aunque los datos se generaron poco tiempo atrás (corresponden a julio) son viejos para exponer la gravedad del momento. Más actualizado, el estudio de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) de septiembre indica que las ventas en comercios minoristas cayeron 9,2 por ciento en comparación el mismo mes de 2017. Si bien el día de la madre permitirá una recuperación, la cifra es elocuente.
Las ventas externas explican la otra cara de esa moneda. La devaluación, responsable del deterioro del poder de compra en el mercado interno, impulsa a diferentes producciones a partir de la competitividad cambiaria.
La carne bovina marca la tendencia. Entre enero y agosto las exportaciones crecieron un 73,8 por ciento con respecto a los primeros 8 meses del año pasado; pero comparando exclusivamente el último período de referencia la suba fue de 131,4 por ciento. Aunque baja en números, la exportación de carne porcina trepó 236 por ciento en los mismos meses analizados. Sobre ese aspecto, algunos actores del sector sostienen que en 2019 podría igualar a la importación, que tanto ruido generó en los últimos años.
Si bien el precio internacional no acompaña (el segundo remate de octubre del Global Dairy Trade dejó a la leche en polvo por debajo de los U$D 2.800 la tonelada) las exportaciones de lácteos también están en ascenso, subiendo un 16 por ciento.
¿Eso supone un cambio en la realidad por la que atraviesan los miembros de esa cadena? Por ahora no, pero igualmente comprender la situación por la que atraviesa una de las producciones más importantes de la región no es tarea sencilla.
En primera persona
“Soy Nelson Racca, de Alicia. Tengo 64 años y toda mi vida fui tambero, pero no doy más. Me intima la AFIP, me intima Rentas, me intima la ART. Señor presidente, dele el precio a la leche que corresponde, por favor”.
Se trata de un fragmento del video casero que ese productor grabó con un teléfono celular y que circuló profusamente por la red Whats App durante la semana pasada. El rostro y la voz exteriorizan la desesperación de alguien que no es una cifra estadística sino una persona de carne y hueso. Pero dejando de lado las emociones, lo dicho sirve para examinar lo que pasa en esa cadena.
Por un lado, sin dudas muestra la problemática situación que viven los tamberos, luego de grandes inconvenientes climáticos (inundación y sequía) y, más cercano en el tiempo, la mega devaluación del peso que terminó de descalzar los costos de los precios que reciben por la leche.
Pero por otro, visibiliza también una posición extendida entre los productores lecheros, que entienden que modificar esa compleja trama depende de un acto de voluntad.
En ese sentido, el flamante presidente de la Cámara de Productores Lecheros de Córdoba (Caprolec), Luis Beltramino, dijo en PUNTAL VILLA MARIA que para equiparar el precio de la leche al costo de producción (según expresó, la diferencia sería de alrededor del 20 por ciento) solo resta la decisión de las empresas elaboradoras.
“El industrial tiene que salir a vender la leche, hacer buenos negocios y agregar valor a lo que le remitimos. La industria paga lo que les sobra”, señaló.
Es entendible el reclamo, pero hay que señalar que en el último tiempo muchas empresas evidencian serios problemas (el caso de La Lácteo es un ejemplo), hecho que podría agudizarse ante la postura de la autoridad monetaria, hasta ahora inquebrantable, de no modificar la tasa de interés.
Para poner un poco de claridad en ese enmarañado mundo de los dimes y diretes de cada uno de los actores, el Instituto Argentino de Profesores Universitarios en Costos (IAPUCo) elabora un informe sobre los costos de la cadena, a través de los datos que proporciona el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Justamente días atrás estuvo en Villa María, con motivo de un importe congreso de ciencias económicas y administración que se concretó en la Universidad Nacional local, uno de los referentes de dicho espacio, Enrique Cartier.
El profesional fue categórico cuando describió a la cadena lechera: “Desde hace un año largo vemos una situación fatal. Los números dicen que el productor está cobrando un precio que no es suficiente para cubrir sus costos de equilibrio, que le dé sustentabilidad en el tiempo; pero eso está asociado a que la industria estaría pagando más de lo que puede, con lo cual tampoco está bien”.
Aclaró que se trata de “números referenciales”, ya que corresponden a modelos teóricos, pero valen para demostrar que la solución no se ajusta al reclamo clásico que busca capturar parte de la renta de un sector sobre otro. Por ese motivo Cartier subrayó que lo “primero que hay que hacer para salir de esta encerrona es analizar si hay algo para repartir. Antes de las discusiones distributivas resulta imprescindible generar cosas para distribuir”.
Tal vez productores e industriales deberían recorrer un camino alternativo al histórico, buscando lazos que potencien la asociación en torno a intereses comunes más que la desconfianza. La cadena (entendida por aquellos eslabones que intervienen específicamente en la producción y elaboración del producto) podría negociar en conjunto con la logística e intermediación. Pero además tendría que poner más énfasis en valorizar las ventas externas para reducir el peso que tiene en ese mercado la leche en polvo, que en definitiva es una commoditie.
Temas complicados, de difícil solución, que obligan a una mirada que vaya más allá de lo inmediato. Todo un desafío en medio del aluvión de obstáculos que se presentan todos los días.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María.
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Las ventas externas explican la otra cara de esa moneda. La devaluación, responsable del deterioro del poder de compra en el mercado interno, impulsa a diferentes producciones a partir de la competitividad cambiaria.
La carne bovina marca la tendencia. Entre enero y agosto las exportaciones crecieron un 73,8 por ciento con respecto a los primeros 8 meses del año pasado; pero comparando exclusivamente el último período de referencia la suba fue de 131,4 por ciento. Aunque baja en números, la exportación de carne porcina trepó 236 por ciento en los mismos meses analizados. Sobre ese aspecto, algunos actores del sector sostienen que en 2019 podría igualar a la importación, que tanto ruido generó en los últimos años.
Si bien el precio internacional no acompaña (el segundo remate de octubre del Global Dairy Trade dejó a la leche en polvo por debajo de los U$D 2.800 la tonelada) las exportaciones de lácteos también están en ascenso, subiendo un 16 por ciento.
¿Eso supone un cambio en la realidad por la que atraviesan los miembros de esa cadena? Por ahora no, pero igualmente comprender la situación por la que atraviesa una de las producciones más importantes de la región no es tarea sencilla.
En primera persona
“Soy Nelson Racca, de Alicia. Tengo 64 años y toda mi vida fui tambero, pero no doy más. Me intima la AFIP, me intima Rentas, me intima la ART. Señor presidente, dele el precio a la leche que corresponde, por favor”.
Se trata de un fragmento del video casero que ese productor grabó con un teléfono celular y que circuló profusamente por la red Whats App durante la semana pasada. El rostro y la voz exteriorizan la desesperación de alguien que no es una cifra estadística sino una persona de carne y hueso. Pero dejando de lado las emociones, lo dicho sirve para examinar lo que pasa en esa cadena.
Por un lado, sin dudas muestra la problemática situación que viven los tamberos, luego de grandes inconvenientes climáticos (inundación y sequía) y, más cercano en el tiempo, la mega devaluación del peso que terminó de descalzar los costos de los precios que reciben por la leche.
Pero por otro, visibiliza también una posición extendida entre los productores lecheros, que entienden que modificar esa compleja trama depende de un acto de voluntad.
En ese sentido, el flamante presidente de la Cámara de Productores Lecheros de Córdoba (Caprolec), Luis Beltramino, dijo en PUNTAL VILLA MARIA que para equiparar el precio de la leche al costo de producción (según expresó, la diferencia sería de alrededor del 20 por ciento) solo resta la decisión de las empresas elaboradoras.
“El industrial tiene que salir a vender la leche, hacer buenos negocios y agregar valor a lo que le remitimos. La industria paga lo que les sobra”, señaló.
Es entendible el reclamo, pero hay que señalar que en el último tiempo muchas empresas evidencian serios problemas (el caso de La Lácteo es un ejemplo), hecho que podría agudizarse ante la postura de la autoridad monetaria, hasta ahora inquebrantable, de no modificar la tasa de interés.
Para poner un poco de claridad en ese enmarañado mundo de los dimes y diretes de cada uno de los actores, el Instituto Argentino de Profesores Universitarios en Costos (IAPUCo) elabora un informe sobre los costos de la cadena, a través de los datos que proporciona el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Justamente días atrás estuvo en Villa María, con motivo de un importe congreso de ciencias económicas y administración que se concretó en la Universidad Nacional local, uno de los referentes de dicho espacio, Enrique Cartier.
El profesional fue categórico cuando describió a la cadena lechera: “Desde hace un año largo vemos una situación fatal. Los números dicen que el productor está cobrando un precio que no es suficiente para cubrir sus costos de equilibrio, que le dé sustentabilidad en el tiempo; pero eso está asociado a que la industria estaría pagando más de lo que puede, con lo cual tampoco está bien”.
Aclaró que se trata de “números referenciales”, ya que corresponden a modelos teóricos, pero valen para demostrar que la solución no se ajusta al reclamo clásico que busca capturar parte de la renta de un sector sobre otro. Por ese motivo Cartier subrayó que lo “primero que hay que hacer para salir de esta encerrona es analizar si hay algo para repartir. Antes de las discusiones distributivas resulta imprescindible generar cosas para distribuir”.
Tal vez productores e industriales deberían recorrer un camino alternativo al histórico, buscando lazos que potencien la asociación en torno a intereses comunes más que la desconfianza. La cadena (entendida por aquellos eslabones que intervienen específicamente en la producción y elaboración del producto) podría negociar en conjunto con la logística e intermediación. Pero además tendría que poner más énfasis en valorizar las ventas externas para reducir el peso que tiene en ese mercado la leche en polvo, que en definitiva es una commoditie.
Temas complicados, de difícil solución, que obligan a una mirada que vaya más allá de lo inmediato. Todo un desafío en medio del aluvión de obstáculos que se presentan todos los días.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María.

