A principios de 1958 y con la creación del Profesorado “Gabriela Mistral”, nacía una carrera que sería una marca registrada de las Rosarinas: Trabajo Social. Más de medio siglo después y por una resolución ministerial, la carrera fue dada de baja en todos los profesorados del país y trasladada a la órbita universitaria.
¿Qué hicieron esos terciarios con sus alumnos, con su personal docente y con un trayecto pedagógico que, como en el caso de Las Rosarinas, era un emblema? ¿De qué manera se reinventaron? ¿Qué estrategias académicas desarrollaron para no perder el recurso humano y mantener viva su esencia? La profesora Carola Gaido y la bedel Lucía Casas ensayan una respuesta.
El arte de empoderar al prójimo
“Desde que se abrió el profesorado que existe un departamento de Servicio Social -comenta Carola- Fue lo que marcó la presencia de la escuela en la comunidad. Y la carrera de Trabajo Social surgió a instancias del obispo Dean por ese mismo tiempo”
Y Lucía agrega: “La carrera llegó hasta el 2015, cuando vino la disposición ministerial de que se pasaba a la órbita universitaria. Ese año ya no inscribimos más alumnos y fue un gran dolor, porque esta carrera atravesaba la identidad rosarina. De hecho, a fines de este año se recibirán los últimos tres trabajadores sociales del profesorado”.
-¿Cómo era esa vieja carrera de Trabajo Social que se volvió emblema?
Lucía: -Toda la identidad cristiana está atravesada por el servicio al prójimo y por tomar al otro como un hermano. Y nuestra carrera era nuestra posibilidad de servir a la comunidad y acompañarla. Hacíamos mucho hincapié en las intervenciones de campo, bajando la teoría a los barrios más vulnerables y sus necesidades más urgentes.
Carola: -Nuestra concepción era humanista además de cristiana. Incluso no era necesario ser católico para cursar la carrera. Siempre intentamos formar un profesional integral que pudiera ver al otro con sus derechos y obligaciones. Las prácticas, como dice Lucía, eran muy importantes. Y nos apoyábamos mucho en la teoría de Enrique Pichón-Riviére.
-¿Y cómo les llegó la noticia de la baja?
Carola: -Cuado fuimos con la rectora a Córdoba, nos plantearon que la decisión ya estaba en el Senado. Y nos dijeron que si continuábamos con Trabajo Social, las personas que se recibieran no iban a poder ejercer. Pero nos daban un tiempo prudencial para que terminaran los que estaban cursando y pudieran hacer la articulación con la universidad y licenciarse. Así que como institución nos vimos en la necesidad de reinventarnos.
La canción es la misma
-¿Y cómo llegan a Pedagogía Social?
Carola: -En Córdoba les planteamos a la gente del ministerio que queríamos hacer algo relacionado con lo social, algo de la impronta de la carrera que habíamos perdido. Y ellos nos dijeron que podíamos pensar en otra carrera, hacer un resumen del plan y luego ver si nos lo aprobaban. Y ahí fue cuando sonó por primera vez Pedagogía Social, que era una carrera nueva.
-¿Ya la conocían?
Carola: -Justamente en la escuela, un par de años atrás se había dictado una licenciatura en Pedagogía Social con una universidad de Buenos Aires. Era para ‘profes’ que no tenían la licenciatura. Y lo vimos como un presagio porque ya teníamos docentes formados y queríamos conservar los que dictaban clases en Trabajo Social. Nos pareció un excelente punto de partida.
Lucía: -Cuando hicimos la reunión con los profesores del departamento, lo decidimos por unanimidad. Y así, entre todos fuimos leyendo, aprendiendo y escribiendo el proyecto. Estábamos muy acostumbrados a la otra carrera que ya no podíamos dictar. Finalmente abrimos en 2016.
Para la población más vulnerable
-¿Cómo definirían el campo de acción de un pedagogo social?
Lucía: -El pedagogo social está involucrado cien por ciento con la educación social de su entorno, se trate de grupos de riesgos o no. Su trabajo consiste en empoderar a grupos que no tienen voz y que no necesariamente sean económicamente pobres. Hay muchas posibilidades de generar proyectos con la pedagogía social; ya sea con la niñez, la ancianidad o grupos de cooperativas de mujeres.
-¿Diferencias y similitudes entre trabajador y pedagogo social?
Lucía: -El pedagogo social y el trabajador social pueden y deben trabajar muy de la mano. El trabajador social atiende la urgencia más cotidiana, mientras que el pedagogo social una vez resuelta esa necesidad, piensa a largo plazo. Qué tipos de herramientas necesitan esos grupos o personas, qué tipo de acompañamiento y de proyectos se pueden articular...
-¿Cómo definirían el perfil de los estudiantes de la carrera?
Carola: -De algún modo todos son luchadores sociales, ya sea desde un barrio, un pueblo o un grupo vulnerable. Hay gente muy joven recién salida del secundario que ha estado involucrada en centros de estudiantes, pero también docentes o referentes de mayor edad.
-¿Cuál es, para ustedes, el receptor modelo de este trayecto pedagógico?
Carola: -Siempre pensamos que esta carrera es ideal para los docentes que trabajan en escuelas vulnerables y que de repente sienten que no tienen todas las herramientas necesarias para trabajar con esos alumnos. Pero la idea es salirse también de esos espacios áulicos, ya que el campo de acción de la pedagogía social es mucho más amplio; teniendo como referentes a educadores como Violeta Núñez y Paulo Freire.
-¿Qué tiene esta carrera que no tenga Trabajo Social?
Lucía: -Que te da herramientas teóricas para generar proyectos y acceder a financiamientos nacionales e internacionales. Hay gente que no tiene herramientas teóricas pero en cambio les sobra la bajada a la realidad y el trabajo de campo. Por eso siempre decimos con Carola que hay muchas personas que hacen el trabajo de pedagogo social pero aún no lo saben. Esta carrera es ideal para esas personas, la pata académica que les falta para cerrar un saber teórico y de campo.
Un antes y un después
-¿Cómo llegaron los alumnos de estos dos años?
Lucía: -Esta carrera tiene mucho “boca en boca”. Otros llegaron buscando involucrarse en aspectos sociales desde la educación, y no encontraban las características de nuestro profesorado; que ofrece un horario definido y acotado con facilidades de cursado para gente que trabaja, mamás o quienes tienen familia...
-¿Ya están abiertas las inscripciones?
Lucía: Sí, abrieron en septiembre y estarán hasta el 21 de diciembre. Luego de las vacaciones volvemos en febrero, retomando las inscripciones para el cursillo de ingreso que es nivelatorio y no eliminatorio Hoy estamos promocionando la carrera por lo que el costo de la cuota y la matrícula será la mitad de las otras carreras.
-Podríamos decir que la apuesta de Las Rosarinas no es sólo académica sino que también se traduce en una facilidad económica...
Lucía: -Totalmente. No queremos que el dinero sea un obstáculo para quienes quieran cursar Pedagogía Social. Y a la vez, nosotras, las docentes que tenemos años acá, poco a poco queremos volver a tener una carrera con el mismo compromiso social que la que duró 60 años y nos configuró. A fin de año se recibirán los últimos trabajadores sociales de la institución pero el año que viene si Dios quiere tendremos a los primeros pedagogos sociales. Y eso también marcará un antes y un después en la vida de las Rosarinas.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.
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El arte de empoderar al prójimo
“Desde que se abrió el profesorado que existe un departamento de Servicio Social -comenta Carola- Fue lo que marcó la presencia de la escuela en la comunidad. Y la carrera de Trabajo Social surgió a instancias del obispo Dean por ese mismo tiempo”
Y Lucía agrega: “La carrera llegó hasta el 2015, cuando vino la disposición ministerial de que se pasaba a la órbita universitaria. Ese año ya no inscribimos más alumnos y fue un gran dolor, porque esta carrera atravesaba la identidad rosarina. De hecho, a fines de este año se recibirán los últimos tres trabajadores sociales del profesorado”.
-¿Cómo era esa vieja carrera de Trabajo Social que se volvió emblema?
Lucía: -Toda la identidad cristiana está atravesada por el servicio al prójimo y por tomar al otro como un hermano. Y nuestra carrera era nuestra posibilidad de servir a la comunidad y acompañarla. Hacíamos mucho hincapié en las intervenciones de campo, bajando la teoría a los barrios más vulnerables y sus necesidades más urgentes.
Carola: -Nuestra concepción era humanista además de cristiana. Incluso no era necesario ser católico para cursar la carrera. Siempre intentamos formar un profesional integral que pudiera ver al otro con sus derechos y obligaciones. Las prácticas, como dice Lucía, eran muy importantes. Y nos apoyábamos mucho en la teoría de Enrique Pichón-Riviére.
-¿Y cómo les llegó la noticia de la baja?
Carola: -Cuado fuimos con la rectora a Córdoba, nos plantearon que la decisión ya estaba en el Senado. Y nos dijeron que si continuábamos con Trabajo Social, las personas que se recibieran no iban a poder ejercer. Pero nos daban un tiempo prudencial para que terminaran los que estaban cursando y pudieran hacer la articulación con la universidad y licenciarse. Así que como institución nos vimos en la necesidad de reinventarnos.
La canción es la misma
-¿Y cómo llegan a Pedagogía Social?
Carola: -En Córdoba les planteamos a la gente del ministerio que queríamos hacer algo relacionado con lo social, algo de la impronta de la carrera que habíamos perdido. Y ellos nos dijeron que podíamos pensar en otra carrera, hacer un resumen del plan y luego ver si nos lo aprobaban. Y ahí fue cuando sonó por primera vez Pedagogía Social, que era una carrera nueva.
-¿Ya la conocían?
Carola: -Justamente en la escuela, un par de años atrás se había dictado una licenciatura en Pedagogía Social con una universidad de Buenos Aires. Era para ‘profes’ que no tenían la licenciatura. Y lo vimos como un presagio porque ya teníamos docentes formados y queríamos conservar los que dictaban clases en Trabajo Social. Nos pareció un excelente punto de partida.
Lucía: -Cuando hicimos la reunión con los profesores del departamento, lo decidimos por unanimidad. Y así, entre todos fuimos leyendo, aprendiendo y escribiendo el proyecto. Estábamos muy acostumbrados a la otra carrera que ya no podíamos dictar. Finalmente abrimos en 2016.
Para la población más vulnerable
-¿Cómo definirían el campo de acción de un pedagogo social?
Lucía: -El pedagogo social está involucrado cien por ciento con la educación social de su entorno, se trate de grupos de riesgos o no. Su trabajo consiste en empoderar a grupos que no tienen voz y que no necesariamente sean económicamente pobres. Hay muchas posibilidades de generar proyectos con la pedagogía social; ya sea con la niñez, la ancianidad o grupos de cooperativas de mujeres.
-¿Diferencias y similitudes entre trabajador y pedagogo social?
Lucía: -El pedagogo social y el trabajador social pueden y deben trabajar muy de la mano. El trabajador social atiende la urgencia más cotidiana, mientras que el pedagogo social una vez resuelta esa necesidad, piensa a largo plazo. Qué tipos de herramientas necesitan esos grupos o personas, qué tipo de acompañamiento y de proyectos se pueden articular...
-¿Cómo definirían el perfil de los estudiantes de la carrera?
Carola: -De algún modo todos son luchadores sociales, ya sea desde un barrio, un pueblo o un grupo vulnerable. Hay gente muy joven recién salida del secundario que ha estado involucrada en centros de estudiantes, pero también docentes o referentes de mayor edad.
-¿Cuál es, para ustedes, el receptor modelo de este trayecto pedagógico?
Carola: -Siempre pensamos que esta carrera es ideal para los docentes que trabajan en escuelas vulnerables y que de repente sienten que no tienen todas las herramientas necesarias para trabajar con esos alumnos. Pero la idea es salirse también de esos espacios áulicos, ya que el campo de acción de la pedagogía social es mucho más amplio; teniendo como referentes a educadores como Violeta Núñez y Paulo Freire.
-¿Qué tiene esta carrera que no tenga Trabajo Social?
Lucía: -Que te da herramientas teóricas para generar proyectos y acceder a financiamientos nacionales e internacionales. Hay gente que no tiene herramientas teóricas pero en cambio les sobra la bajada a la realidad y el trabajo de campo. Por eso siempre decimos con Carola que hay muchas personas que hacen el trabajo de pedagogo social pero aún no lo saben. Esta carrera es ideal para esas personas, la pata académica que les falta para cerrar un saber teórico y de campo.
Un antes y un después
-¿Cómo llegaron los alumnos de estos dos años?
Lucía: -Esta carrera tiene mucho “boca en boca”. Otros llegaron buscando involucrarse en aspectos sociales desde la educación, y no encontraban las características de nuestro profesorado; que ofrece un horario definido y acotado con facilidades de cursado para gente que trabaja, mamás o quienes tienen familia...
-¿Ya están abiertas las inscripciones?
Lucía: Sí, abrieron en septiembre y estarán hasta el 21 de diciembre. Luego de las vacaciones volvemos en febrero, retomando las inscripciones para el cursillo de ingreso que es nivelatorio y no eliminatorio Hoy estamos promocionando la carrera por lo que el costo de la cuota y la matrícula será la mitad de las otras carreras.
-Podríamos decir que la apuesta de Las Rosarinas no es sólo académica sino que también se traduce en una facilidad económica...
Lucía: -Totalmente. No queremos que el dinero sea un obstáculo para quienes quieran cursar Pedagogía Social. Y a la vez, nosotras, las docentes que tenemos años acá, poco a poco queremos volver a tener una carrera con el mismo compromiso social que la que duró 60 años y nos configuró. A fin de año se recibirán los últimos trabajadores sociales de la institución pero el año que viene si Dios quiere tendremos a los primeros pedagogos sociales. Y eso también marcará un antes y un después en la vida de las Rosarinas.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.

