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Adoptar la difícil decisión de no jugar el resto del año

La Liga Santafesina ya decidió no jugar en 2020 para reorganizarse y volver en 2021. En la ciudad y la región, al igual que en el resto de la provincia, los clubes esperan el regreso para recaudar fondos, pero ¿sería la salvación o la perdición?

Mientras en el mundo y en la AFA pareciera que es un hecho que antes de fin de año la redonda volverá a girar, en las desamparadas Ligas del interior del fútbol argentino los miles de clubes pobres revierten esa pregunta.

En vez de considerar que la pelota vuelva es un hecho, estiman que volverán hechos pelota.

Ante este dilema, los directivos de los clubes de la Liga Villamariense no ocultan sus ganas de que vuelva la actividad, pero a la vez están convencidos de que no sabrán para qué lado disparar en 2020.

Poco o mucho, este tiempo de cuarentena sólo dejó deudas en los clubes de barrio, que no encontraron respuestas certeras en el Estado durante toda sus vidas, y menos en tiempos en que la prioridad por la salud es tan evidente.

También los problemas de pobreza en el país son tan evidentes como la imperiosa necesidad de sostener y hasta prolongar la cuarentena “a cualquier precio”, atendiendo a que aún no está el país en el pico de posibles contagios, mientras todos los días se suman muertes por la pandemia de coronavirus, que aún no sabemos cuánto daño causará en Argentina.

La pelota volverá en 2020

En esta columna advertimos en marzo que la Liga debía planificar para septiembre su retorno.

Hoy el Consejo Federal impuso esa fecha: fin de septiembre. Nos preguntamos si vale la pena volver en 2020 o planificar para 2021.

Tres meses de actividad hechos pelota, o empezar en 2021 sin prisa y tras los miedos de la pandemia.

Está a la vista que el inescrupuloso proceder de la AFA permitirá que el fútbol profesional vuelva antes de fin de año, y seguro antes de lo debido. Es un negocio.

“Sería jugar con fuego”, afirman ahora golpeándose el pecho. Y ¿qué será en 3 o 4 meses?

Mientras los clubes son azotados por la triste realidad económica y el coronavirus avanza lentamente, sin prisa pero sin pausa, también Chiqui Tapia se encargó de pensar sólo en su reelección y transar con Marcelo Tinelli para no ceder poder a los clubes más grandes, que ya lo miran de reojo.

Es obvio que nadie pensó que Tapia, que viene del ascenso, podía tener la cintura política de Grondona, pero algo aprendió.

La lección inicial de oponerse a los grandes, otorgándoles cargos para que no decidan nada, y todos los otros descarguen su bronca contra ellos fue la primera parte de la obra maestra de don Julio.

Si bien San Lorenzo es un grande, la obsesión de Tinelli para ser presidente le sirvió a Tapia como pantalla para, otorgándole la presidencia de la Superliga, dejar a todos los grandes conformes con tristes vicepresidencias, a cambio de recibir él todo el poder.

Con Tapia convenciendo a los grandes de su continuidad en el mando de la AFA, evitar los descensos por 2 años, garantizándoles la continuidad en Primera en tiempos de una economía destruida, es para los clubes chicos mucho más que una “salvación”.

Con todos conformes, o casi todos, porque por suerte aún quedan algunos presidentes como el de Talleres de Córdoba (Andrés Fassi), que es capaz de decir lo que todos ven pero nadie quiere decir, Tapia prolonga su impensada presidencia y el fútbol de Primera se asegura un poco de paz y tranquilidad en cuanto al dinero a percibir por TV, la Fifa y la Conmebol.

Esas cifras son enormes en comparación con lo que percibe el fútbol de ascenso, que es el que pone el grito en el cielo, pero no para acabar con la prepotencia de los grandes y de Tapia, sino para pasar a ser parte de ese sistema que es más viejo que el fútbol argentino, en el que siempre “la ley del gallinero” (el de arriba hace sus necesidades sobre el de abajo) se impone.

Por eso habrá acuerdo con el fútbol de ascenso, ya que habrá más ascensos (tendrán que transar con Tapia, Toviggino y compañía para lograrlo) en los próximos años. Para eso regresó la vieja idea de don Julio de un penoso torneo con 30 clubes, y así perpetuarse.

Los clubes del ascenso percibirán algún dinero que las Ligas no ven, de todo lo que le envían Fifa, Conmebol, TV y el Estado a la AFA.

Volver ya no es un problema para los clubes de Primera. Se acomodarán las diferencias con los clubes de ascenso. Todo tiene un precio.

Hechos pelota

Mientras los futbolistas (actores principales de este pan y circo) fueron engañados una vez más (“nos cagaron”, declararon), el fútbol del interior sigue esperando que Toviggino se acuerde de que salió de Santiago del Estero (vaya casualidad, sólo un dirigente de Mitre de Santiago integra la nueva Mesa de la AFA) para hacer llorar al interior.

En las Ligas sólo saben que las deudas se multiplicarán en sus clubes, si la redonda no gira.

Es evidente que los torneos de las Ligas no se pueden jugar sin público, ya que no generar ingresos por recaudación será sinónimo de incrementar las deudas.

Ahora bien, con la crisis económica que padece el país, será mejor o peor volver hechos pelota. Los ingresos por recaudación no serán los de antes de la pandemia (cuando ya los clubes sabían que participar era deficitario).

El Consejo ¿Federal?

La reunión del Consejo Federal de AFA dejó como conclusión que se terminó el torneo Federal.

Los 98 clubes que habían clasificado a la segunda instancia tienen derecho a decidir si juegan o no desde septiembre por 4 ascensos.

Mientras cuerpos técnicos, jugadores y trabajadores de esos 98 clubes esperan percibir los sueldos que acordaron en enero, la resolución indica que “Ligas y Clubes no tendrán actividad oficial deportiva durante los meses de mayo, junio, julio, agosto y parte de septiembre. Esto responde a las consultas si deberían licenciar DT y empleados”.

Parar la pelota y elegir

La economía en Argentina no mejorará de un día para el otro. El fútbol en el interior no será prioridad y los clubes no estarán mejor en septiembre. La salud, que es prioridad, también debería serlo en 3 o 4 meses, cuando se envíe a jugar.

Entonces, ¿volver en 2020?

La Liga Santafesina ya decidió no volver en 2020. Cerró sus puertas.

En Córdoba esperan una ayuda como sólo en dos provincias (San Juan y La Pampa) se registró. Claro que cuando esto suceda también allí habrá “ley del gallinero” para los clubes del interior provincial.

La Liga Villamariense está ante la difícil decisión de no jugar hasta 2021. Sin apresurarse (hasta septiembre hay tiempo), ya debe analizarse esta posibilidad y convocar a asamblea para renovar autoridades. ¿Vale la pena jugar 3 meses hechos pelota o esperar a 2021?