A partir del proyecto petitorio en el que vecinalistas del barrio Manuel Belgrano señalaron que buscan la reubicación de la Unidad Penitenciaria N° 5 porque consideran que los reclusos están hacinados y eso no les permite reinsertase en sociedad, PUNTAL VILLA MARÍA conversó con el juez de Ejecución de los Tribunales locales, Arturo Ferreyra, quien está en Villa María desde 2009.
En este sentido, él contó que todos los miércoles realiza una visita a la cárcel, la recorre y atiende a los internos que pidieron audiencia. “Es una cárcel que tiene muchos internos alojados, pero cuidamos que todos tengan su lugar donde dormir, su cama, su colchón, su comida y la atención médica correspondiente. Además tenemos el Hospital Pasteur aquí cerca. No hay problemas en lo que atañe a los elementos primarios o esenciales de la vida de cada ser humano”, comenzó precisando.
Y añadió: “Sucede que el establecimiento creció muchísimo pero, al mismo tiempo, se le han hecho una gran cantidad de obras. Desde que estoy se construyeron cuatro o cinco pabellones más. Entonces, si bien aumentó la población en una misma superficie, con lo cual hay que ingeniárselas para que los espacios donde no hay construcciones se puedan utilizar como lugares de recreación o canchas de fútbol y básquet”, explicó.
Seguidamente contó que, tiempo atrás, existía un espacio que estaba abandonado y que, luego, se transformó en un lugar donde se encuentran las mujeres alojadas.
“Es decir, hacinamiento y malas condiciones no hay. Los presos no están mal. Sería mejor si tuviéramos un espacio más grande, con espacios abiertos y donde las visitas tuvieran un lugar específico para ser atendidas y recibidas”, afirmó.
Posteriormente manifestó que tiene conocimiento sobre lo que están llevando adelante los vecinos de barrio Belgrano. “Creo que es una cuestión política nacional o provincial lograr hacer un establecimiento nuevo. Lleva mucho tiempo y dinero, y al ubicarlo en algún lugar de región, se debe tener en cuenta que no afecte los intereses de ninguna comunidad”, sostuvo al respecto.
¿Cómo sobrevivir al invierno?
En este punto, Ferreyra señaló que los internos de la unidad penitenciaria utilizan un “sistema muy rudimentario”.
“Toman un ladrillo, le hacen un calado y colocan una resistencia. Luego la conectan en la red eléctrica y están muy abrigados”, sostuvo el juez.
Población actual y características
Ferreyra contó que, actualmente, son 925 los presos que están en la cárcel y recordó que cuando llegó a la ciudad la cantidad era de 340.
“En estos 9 años se triplicó la población. Pero también insisto en que aumentó la construcción de pabellones”, dijo.
Y expresó que, cuando arribó a la ciudad en 2009 había un pabellón —celda de castigo— que estaba sin uso y se refaccionó para que pase a formar parte de los alojamientos. En esta dirección relató que se le colocaron sanitarios y ventanas. “Toda la obra es para que los internos tengan una condición digna de alojamiento”, destacó.
Con respecto a las celdas, el juez de Ejecución explicó que en los pabellones viejos, sólo dos o tres podían ser las personas que había por celda. En contrapartida, indicó que, actualmente, entran cinco o seis y tienen baño.
En este sentido, comentó: “Con los módulos más grandes nos ahorramos problemas nocturnos; sobre todo cuando los internos a la noche, en ocasiones, tienen necesidades”.
“Antes, las celdas chicas de dos o tres no tenían baño. Ahora se han hecho celdas más amplias y con sanitarios. Por lo tanto, si el interno tiene alguna necesidad fuera del horario de silencio —está comprendido entre las 22 y las 6 y es el momento en el que las celdas están cerradas—, puede subsanarla de esta manera”.
Por otra parte dijo que también es mayor la cantidad de espacio para las aulas y que poseen más camas en la enfermería, lo que los ayuda ante cualquier inconveniente de salud más allá que el centro de salud de barrio Ramón Carrillo esté en la zona.
“Gracias a Dios el Servicio Penitenciario trabaja de una manera muy profesional. Eso siempre lo agradezco porque la temperatura del penal la regulan ellos. Son los que realmente están codo a codo y hacen que los internos no exploten. El buen trato y la contención para con los internos es de destacar”, aseveró.
¿Qué necesitan los reclusos?
“Aunque parezca mentira, lo que más necesita la gente que está privada de la libertad es que alguien la escuche”, señaló Ferreyra.
Y agregó: “Normalmente, cuando caés preso hasta tus amigos te abandonan. No te escucha nadie. Y para hablar desde allí dentro por teléfono —hay uno por pabellón— es un trabajo muy arduo. Otro problema que tienen es lograr que los informen sobre la situación de su causa”.
En vinculación con lo mencionado, Ferreyra contó que los días que concurre al penal, junto con el director, atienden a los internos. “Por ejemplo, si un preso tiene problema con los papeles de una visita a la que no dejan ingresar, nosotros lo ayudamos”, dijo.
En otros casos señaló que hablan con los abogados defensores o asesores letrados para que se acerquen al establecimiento y dialoguen con el interno. E incluso, como en la vorágine del día a día, a veces los abogados no tienen tiempo, Ferreyra manifestó que actúa como una especie de “cadete”.
“Atiendo a 15 o 20 personas cada vez que voy y estoy entre dos o tres horas por día”, contó.
Entre otras de las tareas que desempeña dijo que los aconsejan respecto a los recursos o posibilidades con las que cuentan, en el marco de sus causas. “A veces necesitan tan sólo eso; saber cómo dirigirse a sus abogados para, por ejemplo, hacer un escrito para apelar una resolución o para cualquier otro tipo de requerimiento que precisen”.
Otras actividades
“Tienen aulas y la posibilidad de terminar el primario y el secundario. También pueden hacer oficios y algunos están estudiando carreras universitarias como Psicología, Derecho y hasta Veterinaria. A medida que ellos avanzan en sus estudios y condenas se les otorga la posibilidad de hacer carreras universitarias. Esto depende más que todo de la fuerza de voluntad que ellos tengan y la disciplina de estudio. Son chicos que están muy golpeados, en general, por la cuestión de las adicciones”, manifestó.
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Y añadió: “Sucede que el establecimiento creció muchísimo pero, al mismo tiempo, se le han hecho una gran cantidad de obras. Desde que estoy se construyeron cuatro o cinco pabellones más. Entonces, si bien aumentó la población en una misma superficie, con lo cual hay que ingeniárselas para que los espacios donde no hay construcciones se puedan utilizar como lugares de recreación o canchas de fútbol y básquet”, explicó.
Seguidamente contó que, tiempo atrás, existía un espacio que estaba abandonado y que, luego, se transformó en un lugar donde se encuentran las mujeres alojadas.
“Es decir, hacinamiento y malas condiciones no hay. Los presos no están mal. Sería mejor si tuviéramos un espacio más grande, con espacios abiertos y donde las visitas tuvieran un lugar específico para ser atendidas y recibidas”, afirmó.
Posteriormente manifestó que tiene conocimiento sobre lo que están llevando adelante los vecinos de barrio Belgrano. “Creo que es una cuestión política nacional o provincial lograr hacer un establecimiento nuevo. Lleva mucho tiempo y dinero, y al ubicarlo en algún lugar de región, se debe tener en cuenta que no afecte los intereses de ninguna comunidad”, sostuvo al respecto.
¿Cómo sobrevivir al invierno?
En este punto, Ferreyra señaló que los internos de la unidad penitenciaria utilizan un “sistema muy rudimentario”.
“Toman un ladrillo, le hacen un calado y colocan una resistencia. Luego la conectan en la red eléctrica y están muy abrigados”, sostuvo el juez.
Población actual y características
Ferreyra contó que, actualmente, son 925 los presos que están en la cárcel y recordó que cuando llegó a la ciudad la cantidad era de 340.
“En estos 9 años se triplicó la población. Pero también insisto en que aumentó la construcción de pabellones”, dijo.
Y expresó que, cuando arribó a la ciudad en 2009 había un pabellón —celda de castigo— que estaba sin uso y se refaccionó para que pase a formar parte de los alojamientos. En esta dirección relató que se le colocaron sanitarios y ventanas. “Toda la obra es para que los internos tengan una condición digna de alojamiento”, destacó.
Con respecto a las celdas, el juez de Ejecución explicó que en los pabellones viejos, sólo dos o tres podían ser las personas que había por celda. En contrapartida, indicó que, actualmente, entran cinco o seis y tienen baño.
En este sentido, comentó: “Con los módulos más grandes nos ahorramos problemas nocturnos; sobre todo cuando los internos a la noche, en ocasiones, tienen necesidades”.
“Antes, las celdas chicas de dos o tres no tenían baño. Ahora se han hecho celdas más amplias y con sanitarios. Por lo tanto, si el interno tiene alguna necesidad fuera del horario de silencio —está comprendido entre las 22 y las 6 y es el momento en el que las celdas están cerradas—, puede subsanarla de esta manera”.
Por otra parte dijo que también es mayor la cantidad de espacio para las aulas y que poseen más camas en la enfermería, lo que los ayuda ante cualquier inconveniente de salud más allá que el centro de salud de barrio Ramón Carrillo esté en la zona.
“Gracias a Dios el Servicio Penitenciario trabaja de una manera muy profesional. Eso siempre lo agradezco porque la temperatura del penal la regulan ellos. Son los que realmente están codo a codo y hacen que los internos no exploten. El buen trato y la contención para con los internos es de destacar”, aseveró.
¿Qué necesitan los reclusos?
“Aunque parezca mentira, lo que más necesita la gente que está privada de la libertad es que alguien la escuche”, señaló Ferreyra.
Y agregó: “Normalmente, cuando caés preso hasta tus amigos te abandonan. No te escucha nadie. Y para hablar desde allí dentro por teléfono —hay uno por pabellón— es un trabajo muy arduo. Otro problema que tienen es lograr que los informen sobre la situación de su causa”.
En vinculación con lo mencionado, Ferreyra contó que los días que concurre al penal, junto con el director, atienden a los internos. “Por ejemplo, si un preso tiene problema con los papeles de una visita a la que no dejan ingresar, nosotros lo ayudamos”, dijo.
En otros casos señaló que hablan con los abogados defensores o asesores letrados para que se acerquen al establecimiento y dialoguen con el interno. E incluso, como en la vorágine del día a día, a veces los abogados no tienen tiempo, Ferreyra manifestó que actúa como una especie de “cadete”.
“Atiendo a 15 o 20 personas cada vez que voy y estoy entre dos o tres horas por día”, contó.
Entre otras de las tareas que desempeña dijo que los aconsejan respecto a los recursos o posibilidades con las que cuentan, en el marco de sus causas. “A veces necesitan tan sólo eso; saber cómo dirigirse a sus abogados para, por ejemplo, hacer un escrito para apelar una resolución o para cualquier otro tipo de requerimiento que precisen”.
Otras actividades
“Tienen aulas y la posibilidad de terminar el primario y el secundario. También pueden hacer oficios y algunos están estudiando carreras universitarias como Psicología, Derecho y hasta Veterinaria. A medida que ellos avanzan en sus estudios y condenas se les otorga la posibilidad de hacer carreras universitarias. Esto depende más que todo de la fuerza de voluntad que ellos tengan y la disciplina de estudio. Son chicos que están muy golpeados, en general, por la cuestión de las adicciones”, manifestó.

