Policiales | Poder Judicial | abuso sexual | Adriana Madrid

"Vivimos un incremento notable de la cantidad de causas de abuso sexual"

Así lo afirmó la coordinadora del equipo técnico del Poder Judicial, Adriana Madrid. El aumento se advirtió desde la segunda parte de 2019 y se mantuvo hasta la primera quincena de febrero de este año inclusive

Entre Olaeta y Ucacha, sobre la ruta provincial 11, está Bengolea. Es el centro sur de la provincia de Córdoba, en el departamento Juárez Celman: en 2008, cuando se hizo el censo, eran unas mil doscientas cincuenta personas entre población urbana y rural. Adriana Madrid nace en el 70, un 29 de diciembre, hace 49 años. Nace en ese pueblo sin psicólogos. A los 15 le prestan el libro “Sybil” (1973), de la estadounidense Flora Rheta Schreiber: el de la mujer de las dieciséis personalidades. Le gusta mucho. Cuatro años más tarde se rueda un film. Hace poco, en 2016, se estrenó otra, “Split” (“Fragmentado”): un hombre con trastorno de identidad disociativo y veintitrés personalidades. Adriana Madrid cursa quinto año y habla con su profesora de orientación vocacional: le dice que no quiere ser médica. Y la docente comprende todo: entiende que no quiere ser psiquiatra ni psicoanalista como los personajes de los libros o de las producciones audiovisuales norteamericanas. Ella sabe que Adriana Madrid quiere ser psicóloga. Y se lo dice.

***

Es la una y media de la tarde del 20 de febrero. Queda alrededor de media hora para que los Tribunales se vacíen. Nadie lo prevé pero dentro de un mes el edificio con sus pasillos, escaleras, barandillas, puertas, ventanas y ascensores quedará paralizado: será un cuerpo enfermo, aislado en el centro norte de la ciudad. En el quinto piso se encuentran las oficinas del equipo técnico del Poder Judicial. Adriana Madrid, la coordinadora y licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), está en un despacho no muy grande que se parece a los demás despachos: escritorio, sillas, papeles atestados, una ventana, la luz invasiva, los estantes, la computadora, una botella de agua y la fotografía de siempre: el rigor —aparente— como un estribillo. La acompañan dos colegas: Ruth Guillén y María de los Ángeles Buffadossi. Ellas, sentadas a un costado, escuchan.

—Trabajé en consultorio privado, en salud pública, en el Centro Municipal de Asistencia a la Víctima y en los consultorios de lo que era salud mental de la Municipalidad, que dependía de la Asistencia Pública—, dice Adriana Madrid.

En el Poder Judicial de Villa María no hubo psicólogas hasta 1998.

—Hubo una convocatoria. Se abre concurso. Tuvimos primero una presentación de antecedentes. Después hubo una prueba en computación, un examen oral y una entrevista personal. Fue por orden de mérito. Y en el 2001 me convocaron para ingresar.

Adriana Madrid fue la primera psicóloga del Poder Judicial en Villa María.

***

—En el 2019 vivimos un incremento notable de la cantidad de causas de abuso sexual—, precisa Adriana Madrid.

Ese aumento fue, principalmente, durante la segunda mitad del año pasado y se confirma lo de siempre, lo que le contó a PUNTAL VILLA MARÍA en noviembre de 2018: que la gran mayoría de los denunciados está dentro del grupo familiar primario: padre, un amigo del padre, abuelo, progenitor afín, conviviente de la madre, tío, hermano mayor. Y es heterosexual.

—Contrariamente a lo que la gente se imagina, esta cuestión de cuidarse del desconocido, del que se arrima en un auto a la salida de la escuela, un desconocido que le da caramelos, que lo llama.

Esa cifra, la de la persona que es totalmente ajena al entorno de la víctima, es ínfima. Y si es, se habla de un vecino, un docente: de esos que están ahí, en las proximidades.

—Cuando nosotras éramos chicas me acuerdo que se hablaba del sátiro del campito—, cuenta sobre ese alguien que se aprovechaba de otro alguien que, por ejemplo, pasaba por un descampado o zona despoblada.

Pero esa construcción existe y tiene un por qué.

—Creo que es mucho más doloroso pensar que estas cosas pueden pasar en el ámbito familiar.

***

Adriana Madrid insiste en esas historias que atraviesan generaciones y fabrican perfiles basados en la mera suposición. Ricardo Piglia, en “El último lector” (2014), habla, en el marco del género policial, sobre ese que viene de afuera: el monstruo, el que marca la frontera y representa la amenaza externa.

—Lo que la gente piensa y supone, esta cuestión de la fantasía de que siempre es alguien ajeno, hace que al interior de la familia se haga prevención o psicoeducación. Por eso cobra mucha relevancia la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas.

La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) es la 26.150 se sancionó el miércoles 4 de octubre de 2006 y establece que todos “los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal”. A los efectos de la normativa, la ESI articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.

Los objetivos son cinco: a) Incorporar la educación sexual integral dentro de las propuestas educativas orientadas a la formación armónica, equilibrada y permanente de las personas; b) Asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la educación sexual integral; c) Promover actitudes responsables ante la sexualidad; d) Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular y e) Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.

En 2008 hubo avances: se creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral que, en los años posteriores, devino en la elaboración de los Lineamientos Curriculares para la Educación Sexual Integral, cuya aprobación se produjo en mayo de 2008 por parte Consejo Federal de Educación. Así, el Estado dijo y dice presente.

—Se apunta a que el niño pueda tener herramientas de cuidado, de autoprotección y, en todo caso, que pueda confiar en los adultos, que pueda discriminar cuándo es una muestra de afecto, cuándo es un contacto corporal invasivo—, comenta Adriana Madrid.

Porque, muchas veces, en el momento de las entrevistas, escuchan una argumentación defensiva por parte de las víctimas.

—Que fue una muestra de cariño y bueno. Para los que estamos en este tema es muy fácil discriminar.

Pero en los niños pequeños hay confusión: los tocamientos los vulneran, es un proceso. Empieza como una tarea de seducción, de preparación previa. Se duda de la propia percepción y no hay posibilidad para cuestionar por la asimetría de poder, por la dependencia.

—La ESI va mucho más allá de lo que se concebía como la educación biologicista.

—De hecho, desde que se enseña la ESI en los colegios hay más casos. Han podido denunciar. Chicos que, a lo mejor no sabían, se han animado a hablar con los padres—, añade Ruth Guillén.

Es común, dicen las profesionales, que los entrevistados, en las cámaras Gesell, digan que se dieron cuenta de lo que les pasaba —o había pasado— en el marco de una charla de educación sexual. Es común —por estos días es más frecuente— porque se habla. Porque hay espacios de visibilización.

Y, lo que también hay, son sectores que cuestionan la ESI.

—Se piensa que enseñándoles a los chicos lo que es una pareja entre hombres, o mujeres, van a elegir en función de eso. La sexualidad todavía es un tema tabú en muchos casos. Que alguien les enseñe de afuera a los hijos da como cierto miedo. Me parece que hay un poco de ignorancia de los padres que no saben qué le van a enseñar a sus hijos—, explica Ruth.

—Tiene mucho que ver con las creencias religiosas. Incluso hay grupos familiares que abogan por el derecho a que se les consulte para que den la autorización de si el niño recibe ESI o no. Es algo que no pasa con Matemática, con Biología, con Geografía. Entonces, ¿hasta dónde la injerencia de la familia en la educación del niño?

las más leídas