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Becan a investigadora local para evaluar nuevos biofertilizantes

El trabajo doctoral tiene como objetivo seleccionar y analizar bacterias nativas de la rizosfera de tomate. Buscan fertilizantes naturales con el fin de aumentar de forma sustentable la productividad y calidad en el cultivo
 
La investigadora del Centro de Investigaciones y Transferencia de la Universidad Nacional de Villa María (CIT-VM), Claudia Carolina Almirón, trabaja en la “evaluación de bacterias rizosféricas nativas como biofertilizantes para el cultivo de tomate” con el fin de “mejorar de forma sustentable la productividad y calidad en el cultivo”. Este proyecto, dirigido por Pablo Yaryura, fue seleccionado para una Beca Interna Doctoral en el marco de la convocatoria 2018 del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). 

“Como equipo nos enfocamos en la producción hortícola ya que, en Argentina, este sector es una actividad de gran relevancia en la producción de alimentos indispensables en la dieta como generadora de empleo y como motor de algunas economías regionales”, expresa en los fundamentos del proyecto. 

Un aspecto importante a considerar, está relacionado a que las unidades productivas en este rubro se concentran  mayoritariamente en los “cinturones verdes” que, por lo general, circundan los principales centros urbanos del país. En tal sentido, el trabajo resalta que, en la actualidad, Córdoba ocupa el tercer lugar en volumen de producción hortícola a nivel nacional y genera alrededor de 45 mil puestos de trabajo. En ese contexto, Villa María ocupa un lugar destacado en la provincia, después de Córdoba y Río Cuarto, y por su extensión y producción abastece el consumo de verduras de un área de hasta 150 kilómetros.

“En esta región cobra una gran importancia el cultivo de tomate, el cual ha tenido una rápida y extensa difusión debido a su versatilidad para consumo en fresco y su adaptabilidad a distintos climas y suelos”, explica Almirón.

Sin embargo, la intensificación del sector hortícola demanda la utilización de agroquímicos, generando un impacto directo en el ambiente y la salud humana. 

Entonces, uno de los temas a resolver está relacionado con la aplicación de los protocolos de buenas prácticas agrícolas, ya que, según el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud, Córdoba se encuentra entre las provincias con una de las mayores tasas de intoxicación por agroquímicos del país y, si bien estos compuestos son necesarios para la producción, “constituyen un riesgo”.

“Esta situación plantea la necesidad de mejorar las prácticas de cultivo, de manera de obtener un producto inocuo con la calidad comercial exigida por el consumidor y producido en un marco de sustentabilidad ambiental, económica y social”, precisa el proyecto.

Así, una de las alternativas al uso de compuestos químicos en el sector se focaliza “en la aplicación de ciertas bacterias aisladas del suelo que pueden ser empleadas como fitoestimuladores”. 

Almirón considera que “estos microorganismos son capaces de promover el crecimiento de la planta, de manera directa a través de la síntesis de determinados compuestos o facilitando la absorción de ciertos nutrientes del suelo, aumentando los rendimientos y calidad nutricional de los cultivos”. 

A las bacterias del suelo que poseen estos mecanismos se las denomina PGPR, sigla proveniente del inglés Plant Growth Promoting Rhizobacteria. Una característica fundamental que deben cumplir es “poder colonizar la raíz para mantener una relación estable con la planta, necesaria para generar el efecto benéfico sobre la misma, porque una pobre colonización radical, puede resultar en una disminución de su capacidad de promoción del crecimiento vegetal”. 

A partir de ello, el objetivo de la investigación consiste en seleccionar y evaluar bacterias nativas de la rizosfera de tomate para “ser usadas como biofertilizantes, con el fin de mejorar de forma sustentable la productividad y calidad en dicho cultivo”. 

El enfoque del estudio “se abordará a través del análisis de distintos aspectos microbiológicos, bioquímicos, moleculares y de campo, que permitan comprender los mecanismos involucrados en la promoción del crecimiento vegetal con el fin de diseñar mejores estrategias para seleccionar a un buen bioinoculante”. 

Según la investigadora, la concreción de este objetivo permitirá “aportar conocimientos que hagan posible en un futuro el desarrollo de productos biotecnológicos para ser utilizados como biofertilizantes, lo que se enmarca dentro de los temas estratégicos propuestos en el plan Argentina Innovadora 2020 dentro del sector Agroindustria”.

Cabe destacar que Almirón forma parte de un equipo de investigadores que trabajan en un estudio para generar nuevos inoculantes con cepas de bacterias nativas que puedan ser aplicadas en cultivos intensivos y, así, producir “un aporte al sector hortícola de la región” y una “reducción de los niveles de agroquímicos” tendientes a generar una horticultura más sustentable.

Este grupo realiza trabajos de campo en dos invernaderos que se construyeron en el campus de la UNVM y avanzó en la generación de una colección de bacterias y hongos del suelo que reúna las características para mejorar aspectos productivos y comerciales del cinturón hortícola de Villa María.    



Rodrigo Duarte.  Redacción Puntal Villa María

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