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La separaron de su hermana de niña y 56 años después pudo encontrarla

Juana Saldaño vive hace casi medio siglo en Reducción y no ve a su hermana mayor, Antonia, desde los 3 años. Una hija de la mujer inició una búsqueda hace dos años. Con varias complicidades, terminó de la mejor manera.
 
Juana Saldaño tiene 59 años y reside en Reducción. Hace 56 años el destino la separó de su hermana mayor cuando vivían junto con su familia en tierras riojanas. Hoy ese mismo camino de la vida le devuelve la posibilidad de volver a contactarla y, con muchísima esperanza, de reencontrarse pronto con ella luego de más de medio siglo sin verla.

Fue su hija Verónica quien hace aproximadamente dos años inició la búsqueda de su tía a través internet y las redes sociales. A eso se sumó una cadena de favores humanos y causalidades que incluyó hasta un pedido al cura gaucho Santo Brochero, que -a decir de la joven- envió una señal clave.

"La búsqueda fue un regalo que quise hacerle a mi madre", dice V erónica Rodríguez (izquierda) junto a su madre Juana (derecha).

Todo se conjugó para que finalmente Juana pudiera volver a escuchar por teléfono la voz de su hermana Antonia en un emotivo primer contacto que desanda el camino hacia un ansiado reencuentro.

“Empecé la búsqueda hace dos años a través de Facebook. No encontraba nada con el nombre de mi tía y también a través de un grupo llamado ‘Dónde estás?’ mediante esa misma red social. Hace unos cuatro días atrás volví a compartir la búsqueda en mis redes y también se lo pedí al curita Brochero, justo cuando por estos días se conoció que un chico que limpiaba el cauce del río Suquía encontró una escultura del padre gaucho”, cuenta Verónica Rodríguez a Puntal.

Y agrega: “Cuando leo esa nota, le pedí al curita Brochero que me diera una señal nomás de mi tía. Al otro día, cuando me despierto, encuentro papeles que decían ‘Aguayo’, que era la localidad donde vivían en La Rioja mi mamá con sus papás y la hermana que buscamos”. 

El foco fue puesto en Aguayo (departamento General San Martín). 

“Por internet busqué algún número telefónico de alguna Policía de La Rioja, pero encontré el número de una obra social de la Policía riojana. Llamé a este lugar y me dijeron que no podían brindarme la ayuda que necesitaba allí, pero me dieron un número diciéndome que ‘ellos’ me podían ayudar”, relata la hija de Juana. 

Para añadir: “Llamé y conté un poquito lo que me pasaba y me dijeron: ‘Bueno, ahora salís al aire’. No entendía nada y era porque estaba hablando a una radio.  Conté mi historia, me tomaron mis datos y el mismo tipo de la radio me dijo: ‘Llamaste al lugar indicado porque somos una de las radios más escuchadas’”.

La comunicación fue a la emisora radial Multiplataforma Fénix y tras esa salida radial decidió contactar a un Registro Civil de Chancaní, donde residió algún tiempo la abuela de Verónica. 

“Tras 15 minutos de haber hablado a la radio, me llaman de La Rioja pero no podía atender porque estaba hablando con la gente de Chancaní. Corto con el Registro Civil y devuelvo la llamada a La Rioja. Era la gente de la radio que me dice: ‘¡Encontramos a tu tía!’”, comenta emocionada.



Antonia Saldaño (al centro), junto a una hija y uno de sus nietos en La Rioja.

Tras dar las descripciones del sector donde vive Antonia Saldaño, en una localidad denominada San Ramón, en Bajo Hondo (departamento General Belgrano),  invitan a Verónica a salir al aire en dúplex junto con su prima Mary Rojas, hija de la mujer ansiadamente buscada. “No tenía conocimiento de que mi tía hubiera formado familia, por ende, no sabía que tenía primos. Mi prima me contó que su padre se llamaba Simón Rojas y  que era el novio de mi tía Antonia cuando mi mamá y la familia decidieron dejar La Rioja y Antonia quedó al cuidado de su abuela. Salimos del aire y después volvimos a  comunicarnos las dos e intercambiamos contactos”, narra.



“Siempre tuve esperanzas”



La entrevista con Juana Saldaño demora un puñado de segundos en comenzar. Invadida por la emoción y con su voz entrecortada, la mujer que con tan sólo tres años se había separado de su hermana 11 años mayor reconoce ante la pregunta de este medio: “Siempre tuve esperanzas de encontrarla”.

“Tenía tres años la última vez que la vi y yo no me acuerdo de ella. Mi otra hermana, que en su momento tenía 8 años, tiene recuerdos, pero yo no. Yo sabía que tenía una hermana pero no me acordaba de ella”, señala Juana.

En esa primera conversación, Antonia le contó por qué había decidido quedarse en La Rioja cuando sus padres y sus ocho hermanos (Juana, entre estos últimos) emprendieron camino primero a Villa Mercedes, San Luis, y luego a la provincia de Córdoba en busca de un futuro mejor. 

“Sería hermoso poder reencontrarme con ella, pero lo vemos difícil porque no contamos con recursos para movilizarnos. Mi hermana siempre se quedó en La Rioja y nosotros hace unos 45 años que estamos asentados en Reducción”, manifiesta la mujer.

Y añade: “Ella quiere que vayamos, pero por la situación económica en la que estamos, con mi marido jubilado y yo todavía no, no tenemos para pagar el pasaje”.

Pero seguramente esta historia tendrá un nuevo capítulo, signado por el momento en que ambas vuelvan a verse las caras, hasta ahora dibujadas por el timbre de la voz en el teléfono y por el intercambio de imágenes que la tecnología admite de manera casi instantánea.



Javier Borghi.  Redacción Puntal

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