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Del roaming al nacionalismo escocés, efectos del acuerdo post Brexit entre el Reino Unido y la Unión Europea

El presidente Boris Johnson celebró la nueva etapa.

El Reino Unido concluyó el período de transición y finalmente comenzó la etapa del Brexit, proceso que marcó la salida de Londres de la Unión Europea.

"En 2021 tenemos nuestra libertad en las manos y depende de nosotros aprovecharla al máximo. ¡Feliz Año Nuevo!", sostuvo el primer ministro británico, Boris Johnson.

A través de su cuenta de Twitter, el premier también se mostró "orgulloso de que el Reino Unido asuma hoy (por ayer) la presidencia del G7".

Con la finalización del 2020 también se cerró el período de transición y así el Reino Unido terminó de separarse de la Unión Europea, decisión que se adoptó en el referéndum del 23 de junio de 2016.

"No perseguimos nunca una ruptura, sino una resolución para la vieja y polémica cuestión de nuestra relación política con Europa, que ha atormentado toda nuestra historia desde el final de la Segunda Guerra Mundial", había subrayado Johnson en las últimas semanas. Algunos de los cambios que sentirán los británicos es la recuperación del tradicional pasaporte azul, aunque ello implicará la pérdida de la libertad de movimiento que les garantizaba su pertenencia al bloque continental.

Desde ayer, los europeos que quieran mudarse al Reino Unido deberán someterse a un nuevo sistema de inmigración por puntos y competir en igualdad de condiciones con los inmigrantes del resto del mundo: por su parte, los estudiantes ya no podrán disfrutar del clásico programa de intercambio Erasmus.

Algunas industrias, como la pesquera, se verán complicadas en su competitividad al tener que afrontar nuevos trámites burocráticos.

Nuevo tiempo

Desde las tarifas de roaming hasta el sentimiento independista escocés, las consecuencias del acuerdo comercial post Brexit entre la Unión Europa (UE) y el Reino Unido que rige desde ayer son muy variadas y, aunque ambas partes se mostraron victoriosas tras una larga negociación, no todos se sienten de esa forma.

Tras nueve meses de conversaciones que una y otra vez estuvieron cerca de romperse, se consensuó un texto de más de 1.200 páginas lleno de detalles sobre los principales cambios: no habrá aranceles sobre los productos que se comercializan; Gran Bretaña abandonó el mercado único y la unión aduanera; Londres establecerá sus propias regulaciones y acuerdos internacionales, pero ya no accederá a los beneficios de la unión con Bruselas como el movimiento libre de capitales, bienes, servicios y personas.

"El acuerdo muestra que al final del día ambas partes estaban bastantes interesadas en alcanzarlo. Había líneas rojas que ambos lados no estaban dispuestos a cruzar: el Reino Unido acepta fricciones en el comercio para proteger su soberanía y priorizar los controles, mientras que la UE estaba interesada en proteger el mercado único y su sistema de regulación", afirmó a Télam la analista política británica Jill Rutter. "Si la preocupación fuese la economía, el Reino Unido no se estaría yendo de la UE en primer lugar", indicó Rutter y recordó que los argumentos principales de los partidarios del Brexit en el referendo de 2016 que inició este largo divorcio apuntaron a "retomar el control sobre las fronteras y las leyes".

Se termina además la gratuidad del roaming de telefonía celular, la validación de los títulos profesionales deja a priori de ser automática y los ciudadanos comunitarios que quieran iniciar estudios en Reino Unido requerirán una visa, al igual que los británicos que deseen hacerlo en una institución de la UE. Se complejizan también los documentos de importación y exportación para transportar mercaderías, lo que prevé que durante las primeras semanas y hasta que las empresas tengan más clara la reglamentación, se acumulen camiones en las dos ciudades que une el Eurotúnel: Calais del lado francés y Dover del inglés.