Jofré contó que tiene la “ilusión” de que lo entierren en la Catedral
El obispo hizo esa “confidencia” y explicó que en la iglesia es costumbre hacerlo. Además habló y reflexionó sobre el temor a la muerte. La ceremonia, que congregó a más de 300 personas, se extendió por poco más de una hora
Familias con sus niños y jóvenes se acercan a la iglesia para celebrar la Pascua. Ocupan, en silencio, todos los bancos. En algunas de las filas, unos pocos creyentes rezan. Un monaguillo saluda a sus conocidos.Ambas alas del templo también están casi repletas: algunos de pie y otros en el suelo, se preparan para la ceremonia.
La misa comienza, como está previsto, a las once de la mañana. Apenas diez minutos antes, la Catedral se colma.
—La Pascua es la fiebre de la vida. Cristo con su Resurrección dio un nuevo horizonte a nuestra vida—, dice la guía que, así, da comienzo a lo que será el final de la Semana Santa.
El acto se desarrolla con total normalidad. Se cantan los salmos. Se lee el Evangelio. Y, de esta manera, llega la homilía del obispo Samuel Jofré Giraudo.
En uno de los primeros pasajes de su discurso hizo hincapié en que el duelo entre la vida y la muerte recorre “toda la historia de la humanidad”.
—Y es lo que nosotros comúnmente decimos: o mato o me matan. No hay término medio. Y las consecuencias son eternas. Porque hay cielo y hay infierno. Queridos hermanos, eso es lo que está en juego: que seamos felices del todo y para siempre. O que seamos tristes y amargados del todo y para siempre—, siguió.
Seguidamente dijo que el “triunfo de Cristo se dio el viernes Santo en la cruz” y señaló: “Confió en el Padre y amó”. Y, en esta dirección, también manifestó: “Amó libremente a los que lo odiaban”.
El temor a la muerte
—No le temió a la muerte. La enfrentó y la dejó hacer sabiendo que el amor es más fuerte. Y, efectivamente, la muerte le entregó todo su poder pero no pudo contra el amor del Señor. Le entregó todo su poder y logró matar físicamente el cuerpo pero no logró apagar el alma—, expresó el obispo.
En este mismo sentido explicó que le temen a la muerte aquellos que viven “sólo para este mundo”. Y agregó: “Tiene horror porque con la muerte se le acaba todo. Y entonces, ¿qué hace? Vive cada día queriendo sacarle placer al minuto porque se acaba y pasa”.
—Así que jóvenes y no tan jóvenes, cuando no ven la eternidad le tienen horror a la muerte y viven queriendo retener un minuto. Pero es una batalla irremediablemente perdida. Enceguecidos por el egoísmo no pueden ver otra cosa e insisten—, destacó Jofré Giraudo.
Antes de avanzar en su alocución subrayó que en la eternidad se ama a Dios y que ello sólo se aprende en este mundo. “Después hay consecuencias”, puntualizó.
—Triunfa ante todo el que tiene fe en la resurrección. Nosotros, en la situación de pecado en la que vivimos, no tenemos fuerzas para amar. El que lo vence es Cristo. Nosotros hacemos nuestro su triunfo—, resaltó.
Y, al respecto, comparó ello con lo que sucede en el deporte, cuando las multitudes se “apropian” de las victorias de los equipos —cuyos jugadores son los que se esfuerzan— a los que son aficionados.
Confidencia
—En la iglesia tenemos la costumbre de enterrar a los obispos en la Catedral. También tengo la ilusión de que me entierren aquí. Tengo esperanza de resucitar y de recibir desde acá la vida eterna. Queridos hermanos, Cristo ha triunfado. Hagamos nuestro el triunfo. Creamos en Él y amemos—, contó en el cierre de su homilía.
Suenan las campanas. Llega el momento de la “Cena del Señor”. Los fieles se agrupan. Reciben el sacramento de la Eucaristía. El coro acompaña. La misa va llegando a su cierre. Las más de 300 personas se retiran pausadamente. Algunos conversan. Turistas fotografían la fachada de la Catedral. Y ya no llueve.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María
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La misa comienza, como está previsto, a las once de la mañana. Apenas diez minutos antes, la Catedral se colma.
—La Pascua es la fiebre de la vida. Cristo con su Resurrección dio un nuevo horizonte a nuestra vida—, dice la guía que, así, da comienzo a lo que será el final de la Semana Santa.
El acto se desarrolla con total normalidad. Se cantan los salmos. Se lee el Evangelio. Y, de esta manera, llega la homilía del obispo Samuel Jofré Giraudo.
En uno de los primeros pasajes de su discurso hizo hincapié en que el duelo entre la vida y la muerte recorre “toda la historia de la humanidad”.
—Y es lo que nosotros comúnmente decimos: o mato o me matan. No hay término medio. Y las consecuencias son eternas. Porque hay cielo y hay infierno. Queridos hermanos, eso es lo que está en juego: que seamos felices del todo y para siempre. O que seamos tristes y amargados del todo y para siempre—, siguió.
Seguidamente dijo que el “triunfo de Cristo se dio el viernes Santo en la cruz” y señaló: “Confió en el Padre y amó”. Y, en esta dirección, también manifestó: “Amó libremente a los que lo odiaban”.
El temor a la muerte
—No le temió a la muerte. La enfrentó y la dejó hacer sabiendo que el amor es más fuerte. Y, efectivamente, la muerte le entregó todo su poder pero no pudo contra el amor del Señor. Le entregó todo su poder y logró matar físicamente el cuerpo pero no logró apagar el alma—, expresó el obispo.
En este mismo sentido explicó que le temen a la muerte aquellos que viven “sólo para este mundo”. Y agregó: “Tiene horror porque con la muerte se le acaba todo. Y entonces, ¿qué hace? Vive cada día queriendo sacarle placer al minuto porque se acaba y pasa”.
—Así que jóvenes y no tan jóvenes, cuando no ven la eternidad le tienen horror a la muerte y viven queriendo retener un minuto. Pero es una batalla irremediablemente perdida. Enceguecidos por el egoísmo no pueden ver otra cosa e insisten—, destacó Jofré Giraudo.
Antes de avanzar en su alocución subrayó que en la eternidad se ama a Dios y que ello sólo se aprende en este mundo. “Después hay consecuencias”, puntualizó.
—Triunfa ante todo el que tiene fe en la resurrección. Nosotros, en la situación de pecado en la que vivimos, no tenemos fuerzas para amar. El que lo vence es Cristo. Nosotros hacemos nuestro su triunfo—, resaltó.
Y, al respecto, comparó ello con lo que sucede en el deporte, cuando las multitudes se “apropian” de las victorias de los equipos —cuyos jugadores son los que se esfuerzan— a los que son aficionados.
Confidencia
—En la iglesia tenemos la costumbre de enterrar a los obispos en la Catedral. También tengo la ilusión de que me entierren aquí. Tengo esperanza de resucitar y de recibir desde acá la vida eterna. Queridos hermanos, Cristo ha triunfado. Hagamos nuestro el triunfo. Creamos en Él y amemos—, contó en el cierre de su homilía.
Suenan las campanas. Llega el momento de la “Cena del Señor”. Los fieles se agrupan. Reciben el sacramento de la Eucaristía. El coro acompaña. La misa va llegando a su cierre. Las más de 300 personas se retiran pausadamente. Algunos conversan. Turistas fotografían la fachada de la Catedral. Y ya no llueve.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María